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SOCIEDAD

16:20 | 22/04/2012

YPF, según el diario El País de España

Es interesante visualizar las posiciones desde España frente a la recuperación de YPF por parte del Gobierno de Cristina Fernández de Kichner. El Mensajero Diario transcribe distintas notas publicada por EL PAIS el día de hoy.

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EDITORIAL EL PAIS
Precedente argentino
El nacionalismo económico es uno de los enemigos del crecimiento económico
22 ABR 2012 
El anuncio de la presidenta de Argentina de nacionalización del 51% de YPF, filial de la española Repsol, está cargado de consecuencias de diversa índole, no solo económicas, cuyo saldo final será fatalmente adverso para la economía de aquel país. El efecto más inmediato y evidente es la renovada desconfianza con la que cabe contemplar las instituciones que gobiernan el país y las políticas que aplican. En las relaciones económicas internacionales actuales, la ausencia de riesgo regulatorio es la condición necesaria para beneficiarse del elevado grado de integración económica y financiera global, de la movilidad internacional de los flujos de inversión. Y Argentina necesita inversión, no solo por la propia aportación de los flujos de capital, sino por la necesidad de incorporar técnicas de gestión y prácticas homologables con las economías modernas. Una expropiación como la de YPF no solo es contraria a una gestión económica democrática, sino que reduce las posibilidades de bienestar de la población y de mejora de la calidad empresarial.

El nacionalismo económico, aunque de fácil recurso por algunas tradiciones ideológicas y algunos gobernantes, es uno de los enemigos del crecimiento económico. La experiencia dice que el proteccionismo tampoco acaba siendo rentable políticamente. Es verdad que a tenor de la tibia reacción diplomática en EE UU y la UE, el Gobierno argentino puede considerar que los costes externos de esa decisión no serán tan elevados como cabía suponer. Más allá de los apoyos explícitos a España de Reino Unido y México, los demás países que cuentan en la escena global han optado por mirar hacia otro lado. A las autoridades españolas debe preocuparles mucho más la parquedad europea. La retórica de la integración económica y política europea sigue sin expresarse en actuaciones concretas. Y esta era una oportunidad para ilustrar que la UE es algo más que una colección de países con un mercado común. En esta ausencia de apoyo significativo a España habrá influido probablemente la torpeza negociadora de las autoridades españolas e incluso el amago de Repsol de vender YPF a capital chino antes de la expropiación. Conviene que se aclaren suficientemente unos y otros, porque no es esa la única empresa con importantes inversiones en aquel país.

Argentina es el tercer país, detrás de Brasil y México, por valor del stock de inversión directa española. España seguía siendo el principal inversor extranjero. Casi la totalidad de las empresas más importantes y de mayor capitalización bursátil de nuestro país tienen intereses en aquel país, a pesar de la menor intensidad que han registrado los flujos de ese tipo de inversión en la última década. Sería un error minimizar la significación de la nacionalización amparándose en el descenso de los flujos comerciales entre ambos países en estos últimos años. Que apenas ningún Gobierno de América Latina haya apoyado la decisión argentina no quiere decir que debamos pasar por alto algunos de los argumentos de conveniencia utilizados para legitimar la expropiación. Lamentablemente, la escena global no está exenta de otras tentaciones proteccionistas y conviene no echar en saco roto el precedente argentino, no por lamentable menos significativo.

Con el permiso de Chaves Madrid El País 22 de abril

El Gobierno no se ha quebrado demasiado la cabeza a la hora adoptar represalias contra Argentina por la expropiación de YPF. La única medida aprobada hasta ahora, la orden ministerial que otorga preferencia al biodiésel español y europeo sobre el extracomunitario —las importaciones argentinas sumaron 750 millones en 2011— la redactó el último Ejecutivo del PSOE. El ministro de Industria, Energía y Turismo, José Manuel Soria, se ha limitado a sacarla del cajón sin cambiar ni una coma. Tanto es así que en el texto publicado ayer en el BOE puede leerse: “Con la aprobación previa del vicepresidente tercero del Gobierno”.

La Vicepresidencia Tercera no existe desde que se constituyó el nuevo Gobierno, en diciembre pasado. Su último titular fue el expresidente andaluz Manuel Chaves. La orden, que aplica una directiva de la UE de 2009, fue redactada en 2010, cuando se sometió a los informes preceptivos del Consejo Consultivo de Hidrocarburos, de la Comisión Nacional de la Energía y del Consejo de Estado, pero Zapatero frenó su publicación precisamente para no indisponerse con Cristina Fernández.

La batalla que Argentina sí ganó
Treinta años después de la guerra de Las Malvinas, Cristina Fernández expropia YPF enarbolando la soberanía nacional. Estas son las claves de la decisión
Francisco Peregil Buenos Aires 22 ABR 2012 – EL PAIS
 A lo largo de su andadura como presidente de Repsol, Antonio Brufau ha negociado con líderes mundiales en situaciones un tanto peculiares. Muamar el Gadafi lo atendió varias veces en su jaima de Trípoli mientras en la puerta ordeñaban las cabras y pastoreaban los camellos; el boliviano Evo Morales lo recibió a las cinco de la mañana en La Paz; con el presidente Hugo Chávez departió mientras el mandatario venezolano conducía un Mercedes desde la Gran Vía de Madrid hasta el aeropuerto de Barajas, y Fidel Castro le concedió audiencia a las dos de la madrugada en La Habana.
En la Casa Rosada, sede del Gobierno argentino, Brufau tuvo que esperar a veces varias horas para acceder al despacho presidencial. Pero cuando llegaba acompañado de Sebastián Eskenazi, el hombre al que vendió el 25% de Repsol-YPF cuando Néstor Kirchner le obligó a argentinizar la compañía, no esperaba ni un minuto. Eskenazi era íntimo amigo de los Kirchner. Néstor y Cristina vieron con muy buenos ojos en 2008 que los Eskenazi pagaran solo el 10% de las acciones que compraron. Para el resto, pedirían créditos. ¿Y cómo pensaban los Eskenazi pagar los créditos? Con el dinero que les abonase la empresa en el reparto de dividendos. “Así me compro yo también la Coca-Cola”, dijo esta semana el periodista argentino Jorge Lanata. La operación le pareció un tanto extraña entonces a algunos analistas argentinos, y les sigue pareciendo extraña. Pero entonces, casi todo el mundo parecía contento: Brufau, los Kirchner y, por supuesto, los Eskenazi.
Brufau trabó relaciones muy fluidas con el ministro de Planificación, Julio de Vido, responsable de la política energética del país en los últimos nueve años. El presidente de Repsol conocía bien a la gente que era necesario conocer bien: los empresarios, los periodistas más influyentes, los gobernadores de las provincias petroleras, los consultores de energía más prestigiosos… Y cuando murió Néstor Kirchner, en 2010, no perdió la brújula en los laberínticos pasillos del poder peronista. Unos ministros llegaban, otros se iban, pero Julio de Vido seguía ahí. Y los Eskenazi continuaban manteniendo buenas relaciones con la presidenta. Hasta el año pasado, ella elogiaba su gestión empresarial en público y lo trataba de Antonio ante las cámaras.
De pronto, a principios de 2011, lo que era blanco se volvió negro
De pronto, a principios de diciembre de 2011, todo lo que era blanco se volvió negro. De Vido empezó a pedir que la empresa invirtiera más en explorar y producir petróleo. De Vido había acudido con su esposa en varias ocasiones a la casa porteña de Brufau. Pero el trato se enfrió de pronto. El fino olfato de Brufau no tuvo que esmerarse mucho para darse cuenta de que las cosas estaban cambiando. Las cuentas no cuadraban en el país. El año pasado Argentina tuvo que importar hidrocarburos por valor de 10.000 millones de dólares (7.500 millones de euros), y para este año se prevé que sean por lo menos 9.000 millones. ¿Responsable? Repsol-YPF, que solo representa un tercio de la producción en Argentina. ¿Por qué nunca denunció De Vido esa situación y el representante en la dirección de YPF por parte del Estado, Roberto Baratta, vino aprobando todas las decisiones del directorio durante los últimos años? La situación recordaba demasiado a la escena de Casablanca en la que el oficial francés que solía jugar en el casino cierra el local porque de pronto descubre que ahí se juega.
Repsol aportó cifras en las que mostraba que en 2001 tenía 8.867 empleados directos y el año pasado 16.048. Enseñó cuadros con datos del propio Gobierno en los que se veía cómo el año 1999, cuando compró YPF, invirtió 1.000 millones de dólares, y desde entonces había venido aumentando la cifra casi todos los años hasta los 2.990 millones de 2011. Para 2012 prometía 3.500 millones de dólares. Pero sus interlocutores decían que eso no era suficiente, que había descendido mucho su producción. Antonio Brufau viajó varias veces desde Madrid a Buenos Aires para explicar que la mayoría de los pozos eran maduros, es decir, muy explotados y con pocas reservas.
De Vido, responsable de la política energética de los últimos años, debía saberlo. Pero de pronto, el interlocutor válido ya no era De Vido. Ahora se presentaba a las reuniones un hombre de 41 años y patillas de hacha, vestido sin corbata, que nunca antes había puesto un pie en el complejo mundo de la industria petrolera. Se trataba de Axel Kicillof, el viceministro de Economía. Su discurso estaba en las antípodas de lo que Brufau representaba, pero era amigo de Máximo Kirchner, hijo de la presidenta. Y, sobre todo, era el hombre a quien la presidenta parecía escuchar. Brufau creía que Kicillof estaba preparando un borrador para expropiarle. Quería negociar directamente con la presidenta, pero ella no le atendía. Los gobernadores petroleros empezaron a revertir áreas de explotación y Repsol-YPF fue perdiendo valor en Wall Street.
Finalmente, el lunes 16 de abril, después de cuatro meses de acoso y derribo, Cristina Fernández anunció la expropiación de YPF. No había que encargar muchas encuestas para darse cuenta de que nueve de cada diez argentinos se mostrarían favorables a la medida. En España no hay ninguna empresa que se pueda comparar ni remotamente con YPF en cuanto a la carga identitaria y sentimental que esa marca representa para los argentinos. YPF fue la primera explotación estatal petrolera del mundo. Estuvo presente en la mitad de los 200 años de vida que tiene el país y representa la nostalgia de la soberanía energética perdida, de todo lo que se podía haber sido y no se es.
Ante esos sentimientos, poco podían hacer las cifras de Brufau. El presidente de Repsol insistía en que la empresa solo representaba un tercio de la producción y se la estaba discriminando. Pero Kicillof la responsabilizó del 71% de la caída en la producción del petróleo en el último año y del 70% en la producción de gas.
Axel Kicillof toma las riendas de la política energética
Al día siguiente de la expropiación, Kicillof expuso el proyecto de ley, durante dos horas y media ante todos los senadores de Argentina. No faltaron en su discurso menciones a España y a elefantes. También a cerdos. “Los llamados PIGS. PIGS es el nombre con el que bautizó el stablishment económico… pigs, ¡cerdos!, a algunas economías europeas como Portugal, Italia, Grecia, España. Pigs, hay peipers [papers, documentos] de grandes economistas llamándolos cerdos. Le pido a España que recupere la dignidad en este sentido, que mire lo que le están recomendando la derecha y los guitarristas de libre mercado. ¡Y cómo los llaman! Después de haber cumplido con esas recetas tienen grandes problemas económicos. Pero los grandes problemas económicos no es ese default de la deuda externa en el que iba a caer Grecia exclusivamente. Los problemas económicos que mira este Gobierno y que no están en los libros de texto son el desempleo, el nivel salarial, el nivel de las jubilaciones, el bienestar de la gente. Esos son los problemas, los grandes y gravísimos problemas económicos. No lo que hace el Estado argentino con una empresa… ¡argentina!”.
Manifestación a favor de la expropiación de YPF. / REUTERS
Con un evidente dominio de la oratoria, Kicillof escenificó lo que ya se venía comentando en Argentina. La Cámpora, la asociación juvenil que lidera Máximo Kirchner, se estaba afianzando en el poder. De Vido había sido nombrado interventor de YPF, pero Kicillof será su director adjunto y jugará un papel clave en el sector energético. De entrada, ya advirtió que los empresarios como Brufau no tienen nada que enseñarle. “Cuando se trata de empresarios extranjeros, ¿qué van a saber de lo que estamos haciendo acá? ¿Qué van a creer, en que estamos convencidos de lo que estamos haciendo y que lo estamos llevando por una senda responsable y que ha dado frutos completamente distintos de lo que está ocurriendo en situaciones de países europeos como la propia España? Que nosotros ya hemos probado el gusto amargo de ajuste. Y ya sabemos que cuando hay una profunda crisis, lo peor que se puede hacer es pensar que el Estado es malo, que el Estado es el problema. El Estado es la solución. Y lo hemos visto en la Argentina. No estoy dándole consejos a España. Simplemente digo que cuando hay recesión y crisis el Estado se vuelve en un actor clave para revitalizar la demanda y la producción. Entonces, el ajuste del poder adquisitivo de los jubilados lo hemos vivido nosotros. (…) ¿Cómo vamos a retirar al Estado de funciones vitales? Estos empresarios como Brufau, ¿qué va a entender lo que estamos haciendo, cuando está pensando en la expansión trasnacional de un grupo que lo ha hecho en buena medida a expensas de los dividendos girados por nuestra compañía petrolera?”.
Un analista argentino subraya el atractivo de la figura de Kicillof. “Seguramente, en España, con la crisis que atraviesa, esas palabras contra los excesos del libre mercado pueden resultar muy atractivas. Y como personaje literario es muy interesante: un profesor de economía de aspecto juvenil que le planta cara al gigante de Repsol y habla más de dos horas en el Senado con el dedo índice levantado. Pero ese señor va a estar al frente de YPF. A los españoles les puede resultar muy simpático y atractivo un personaje así. Pero seguro que no querrían tenerlo al frente de Repsol”.
Nueve de cada diez argentinos apoyan la medida, según las encuestas
Algunos analistas se muestran apesadumbrados por la decisión de expropiar. Creen que una vez más Argentina ha vivido un sentimiento malvinero de euforia nacional colectiva que terminará pagando caro. Pero esas voces son muy escasas. Mientras arreciaban el viernes los mensajes de reprobación internacional de la Unión Europea y de EEUU, Cristina Fernández de Kirchner seguía envolviéndose en los grandes sentimientos de la bandera de Argentina. En su cuenta de Twitter, con un millón de seguidores, se pudo leer: “Desde allá, desde Casa Rosada, miramos al país de frente, hacia el Norte, el Sur, el Centro, toda esa inmensa geografía que estaba esperando”. Y después: “Quiero agradecer porque es hora de que la Argentina inicie una etapa diferente, de grandeza, donde los que están en la oposición también apoyen”. En efecto, casi toda la oposición en pleno apoyó la medida en el Senado. Hasta uno de los hombres más defenestrados del país, el senador peronista Carlos Menem, que fue quien privatizó YPF votó a favor de la expropiación.
“La gente siente que recuperó algo que le pertenece”, señala Víctor Bronstein, director del centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad. “Es un sentimiento popular y hay que respetarlo. Ahora queda por saber si la empresa estatal puede hacerse cargo del problema. Yo creo que contamina el funcionamiento de la empresa el hecho de que las provincias tengan poder en el directorio. La presidenta compara a Petrobras como empresa mixta que funciona bien. Pero en Brasil, donde los Estados tienen más autonomía que en Argentina, los recursos de petróleo y gas pertenecen a la nación, no se negocian con las provincias, no tiene sentido”.
Bronstein cree que la crítica que se le hace a Repsol en cuanto a que decidió invertir más en producir que en explorar es relativa, porque va en contra de los propios intereses de la compañía. “Toda empresa petrolera sabe que tiene que mantener un nivel de reserva, porque si no se le acaba el negocio”. Sin embargo, Bronstein cree que Repsol decidió explorar menos porque priorizó inversiones internacionales. “Solo actuó cuando le apretaron el zapato. Y ya era demasiado tarde”.
Jorge Lapeña, secretario de Energía de Raúl Alfonsín (1983-1989), también coincide en que “faltó exploración”. Pero no culpa tanto a la empresa como al Gobierno que lo toleró. “Todas las empresas privadas exploran menos pozos en Argentina que la mitad de lo que exploraba la YPF estatal ella sola en la década de los ochenta. El Estado ha fracasado como fiscalizador y planificador”, señala. El antiguo secretario de Alfonsín es una de las pocas voces que se han pronunciado en Argentina contra las formas en que las provincias quitaron concesiones a YPF: “Creo que se tenía que haber hecho una auditoría integral de todos los permisos de exploración y concesiones de todas las empresas”.
En cuanto, a la forma sincronizada en que se ejecutó la expropiación, obligando a los directivos de Repsol-YPF a desalojar la empresa en el mismo momento en que la presidenta anunciaba el proyecto de ley, Kicillof aportó sus razones: había que descubrir los secretos mejor guardados de la empresa. No había nada personal. Solo negocios.

LA EXPROPIACIÓN DE YPF
La policía argentina sometió a “duros interrogatorios” a ejecutivos de Repsol
Una nota de Exteriores describe la tensión que rodeó la toma de la petrolera
Rajoy envió una carta a Fernández de Kirchner para intentar frenar la expropiación
Miguel González Madrid 22 ABR 2012 – EL PAIS
 El jefe del Gobierno español, Mariano Rajoy, escribió este mismo mes una carta a la presidenta argentina, Cristina Fernández, para expresarle su “máxima preocupación” por los rumores sobre una inminente expropiación de las acciones de Repsol en YPF. Fue la última de una larga serie de gestiones que no lograron evitar la nacionalización de la petrolera, consumada el pasado día 16.
Así lo revela una nota informativa, acompañada de un argumentario, que el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación ha remitido a sus 118 embajadas, para que los diplomáticos españoles expliquen en los países en los que están acreditados la posición de Madrid en su contencioso con Buenos Aires.
El documento asegura que la primera queja por la supuesta falta de inversiones de Repsol-YPF se la transmitió la propia Cristina Fernández al Príncipe de Asturias al 23 de enero; aunque probablemente la fecha es errónea, ya que fue el 11 de diciembre cuando ambos se entrevistaron en Buenos Aires, durante la toma de posesión de la reelegida presidenta argentina. A partir de entonces, según Exteriores, se desencadenó una “brutal campaña de hostigamiento”, una “verdadera campaña de acoso y derribo” contra la firma hispano-argentina, que produjo “una pérdida perfectamente intencionada del 60% del valor de las acciones de Repsol-YPF”, y culminó con una “expropiación ilegal y discriminatoria”.
El documento describe con detalle los momentos de tensión que rodearon la toma de control de la compañía por parte de las autoridades argentinas, el pasado lunes. “Mientras estaba todavía hablando la presidenta [Fernández de] Kirchner, presentando la Ley de Utilidad Pública, el ministro [Julio] de Vido, el viceministro [Axel] Kicillof y otras personalidades acompañadas de agentes de seguridad armados, penetraron por la fuerza en la sede bonaerense de YPF y expulsaron, con violencia física y amenazas, a los 15 ejecutivos españoles presentes, tras concederles solamente cinco minutos para recoger sus pertenencias personales”.
Antes del asalto, agrega la nota, “las fuerzas de seguridad había cortado todas las comunicaciones de la sede de YPF por teléfono, móviles o Internet. Posteriormente, algunos de los expulsados fueron buscados por las fuerzas de seguridad y duramente interrogados en el intento de encontrar argumentos contra Repsol. Los españoles y sus familias, visiblemente conmocionados y asustados, se refugiaron en la residencia del director de Repsol para Argentina hasta su repatriación”.
Antes de que se llegara a este punto, el 21 y 22 de febrero, el secretario de Estado de Cooperación y para Iberoamérica, Jesús Gracia, viajó a Buenos Aires, pero no logró que le recibiera ningún responsable económico y el canciller, Héctor Timerman, le dijo que no podía abordar ningún tema empresarial, según Exteriores. El 29 de febrero, fue el titular de Energía, José Manuel Soria, quien viajó a Buenos Aires y se entrevistó con el ministro de Economía Julio de Vido. “Ambas partes”, prosigue la nota, “acordaron la creación de un Grupo de Trabajo, bipartito e intergubernamental en asuntos relacionados con YPF”.
Posteriormente, las autoridades argentinas emitieron un comunicado desmintiendo la creación de este grupo de trabajo y declararon que “de ninguna manera los temas relativos a Repsol-YPF forman parte de la agenda bilateral entre España y Argentina”. El documento califica de “falacia” la supuesta falta de inversiones de Repsol en Argentina, —asegura que estas suman 20.000 millones de dólares desde 2006, con un récord de 2.990 en 2011— y recuerda que el Gobierno argentino ha aprobado todos sus planes de inversión.
“Es probable que el descubrimiento del colosal yacimiento de Vaca Muerta, el 7 de noviembre de 2011, haya sido el detonante del giro copernicano de la actitud del Gobierno [argentino] que estaba, en estos momentos, en una situación muy difícil”, concluye el informe. Y apostilla: “Se ha conocido en estos días que las autoridades argentinas han contactado con importantes petroleras chinas para ofrecerles la explotación de varios yacimientos, en especial el de Vaca Muerta”.

Repsol: las tres K
Joaquín Estefanía 22 ABR 2012 – EL PAIS
 Dicen que Cristina Fernández de Kirchner (la primera K) se ha rodeado de un grupo de jóvenes peronistas de La Cámpora que han desplazado a los viejos peronistas antes influyentes en la Casa Rosada. Entre ellos, el hombre de moda (en Argentina y ahora también en España) es Axel Kicillof (segunda K en esta historia), número dos del Ministerio de Economía e ideólogo de la expropiación de Repsol, a la que defendió en el Senado con vehemencia no exenta de insultos y descalificaciones.
Kicillof, que entre otras materias de la historia del pensamiento enseñó economía marxista en la Universidad de Buenos Aires, es una autoridad en Keynes (la tercera K). Hace más de un lustro publicó en Buenos Aires el resultado de una gigantesca investigación académica sobre la obra del genial economista de Cambridge, que ahora aparecerá en España (editorial Capital Intelectual) convenientemente editada y titulada Volver a Keynes. El libro estaba programado desde hace muchos meses.
 Kicillof puede ser un doctrinario pero no ese indocumentado que han presentado algunos medios de comunicación
De la lectura de Volver a Keynes se desprende que Kicillof es un doctrinario, pero de ninguna manera ese petimetre indocumentado que ha sido presentado como tal en algunos medios de comunicación españoles (estos sí, en esta ocasión, indocumentados).
La operación de nacionalización de Repsol se podría sustentar ideológicamente, de alguna manera, en la forma de entender el keynesianismo por Kicillof. Por ejemplo, cuando escribe: “Para Keynes (…) la renovada capacidad del Estado para intervenir en la economía no debe tomarse como una malformación ni como una desgracia, sino que es uno de los productos genuinos e irreversibles del proceso de transformación económica (…). No servía de nada lamentarse o pretender rebelarse contra sus manifestaciones y sus efectos. Los instrumentos y el poder que habían recaído en el Estado eran parte del remedio y no la causa de la enfermedad. Oponerse a los cambios inevitables, como intentaba hacer la ortodoxia, no solo era inconducente o, peor aún, una peligrosa muestra de conservadurismo, sino que impedía además concebir soluciones más adecuadas a los nuevos tiempos”.
Kicillof entiende que las teorías genuinas de Keynes (no las que algunos de sus seguidores desvirtuaron y han constituido en ocasiones la corriente principal del keynesianismo) tienen mucho que aportar en la segunda década del siglo XXI. Sería oportuno que los ejecutivos de las multinacionales que operan en Argentina conociesen a fondo la filosofía económica de quien en estos momentos es un hombre fuerte de la presidenta del país. En el prólogo a la edición española del libro, el autor opina que la crisis está teniendo efectos devastadores en nuestro país, pero no se manifiesta sobre la coyuntura argentina. Convendría también que él reflexionase, como hemos tenido que hacer en España al pasar del milagro a la recesión, sobre la máxima de Julio César: “Estoy en la cumbre, bordeando ya el abismo”.

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