Internacionales

Por Ana Vallorani

Cómo Barack Obama podría poner fin a la crisis de la deuda Argentina

El presidente de Estados Unidos sólo tiene que informar a un juez federal que el multimillonario fondo buitre de Paul Singer está interfiriendo con la autoridad exclusiva del presidente para dirigir la política exterior. No lo ha hecho. Pero ¿por qué?

 

 

 

El «buitre» financiero que amenaza con devorar a Argentina se puede parar en seco con una simple nota de Barack Obama a los tribunales. Pero el presidente, mientras que oficialmente le da apoyo a Argentina, no ha hecho nada que pudiera salvar a Buenos Aires del default.

 

Obama podría prevenir que el fondo de cobertura buitre del multimillonario Paul Singer acumule un solo centavo de Argentina invocando la autoridad de larga data concedida a los presidentes por la cláusula de «separación de poderes» de la constitución de Estados Unidos. En virtud del principio conocido como «cortesía», Obama sólo necesita informar al juez federal Thomas Griesa que la demanda de Singer interfiere con la autoridad exclusiva del presidente para dirigir la política exterior. Caso cerrado.

 

De hecho, el presidente George W Bush invocó este poder contra el mismo fondo de cobertura que ahora amenaza a Argentina. Bush bloqueó la incautación de bienes de Singer del Congo-Brazzaville estadounidense, a pesar de que el jefe del fondo de cobertura es uno de los mayores, y más influyentes, colaboradores de los candidatos republicanos.

 

En particular, un tribunal de apelaciones advirtió a  este mismo juez, hace 30 años, que prestara atención a la directiva de un presidente invocando sus poderes en política exterior. En el caso de Singer, el Departamento de Estado de Estados Unidos hizo informar al Juez Griesa que el gobierno de Obama estuvo de acuerdo con los argumentos legales de Argentina; pero el presidente nunca invocó la mágica cláusula que detiene a los buitres.

 

La devastadora vacilación de Obama no es ninguna sorpresa. Reitera la rendición del presidente ante Singer la última vez que estuvieron mano a mano. Fue en el 2009. Singer, mediante una brillante maniobra financiera compleja, tomó el control de Delphi Automotive, el único proveedor de la mayor parte de las piezas de automóviles necesarias para General Motors y Chrysler. Ambas firmas de automóviles ya estaban en bancarrota.

 

Singer y co-inversores exigieron al Tesoro de Estados Unidos que pagara miles de millones, incluyendo US $ 350 millones en efectivo inmediatamente, o – como el consorcio Singer amenazó – «vamos a cerrarlos». Ellos cortaban partes de GM. Literalmente.

 

GM y Chrysler, con nada más que un par de días sin piezas que manejar, se hubieran cerrado, de forma permanente, forzadas a la quiebra.

 

El negociador de Obama, el diputado de Hacienda Steven Rattner, llamó a la demanda de los fondos buitre ‘»extorsión»: una caracterización de Singer reiterada la semana pasada por la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner.

 

Pero mientras que Fernández declaró: «No puedo como presidenta someter al país a tal extorsión,» Obama se sometió en cuestión de días. En última instancia, el Tesoro de Estados Unidos pagó en silencio al consorcio Singer  $ 12.9bn en efectivo y subsidios del fondo de rescate de automóviles del Tesoro.

 

Singer respondió a la generosidad de Obama cerrando rápidamente 25 de las 29 plantas de autopartes de Estados Unidos de Delphi, desplazando 25.000 puestos de trabajo a Asia. Elliott Management de Singer se embolsó $ 1.29bn de los cuales Singer personalmente obtuvo la mayor parte.

 

En el caso de Argentina, Obama sin duda tiene razones para actuar. El Departamento de Estado de Estados Unidos advirtió al juez que la adopción de las teorías legales de Singer pondría en peligro los acuerdos de rescate soberanos en todo el mundo. De hecho, se informó que, en 2012, Singer se unió a su compañero inversionista buitre multimillonario Kenneth Dart para sacarle al gobierno griego un enorme desembolso durante la crisis del euro con la amenaza de crear un default masivo de los bancos en toda Europa.

 

La prensa financiera se le ha vuelto en contra a Singer. Los comentaristas del Wall Street Journal y FT están enfurecidos por la quijotesca reinterpretación financiera de las condiciones de los préstamos soberanos tal como los talibanes interpretan un acuerdo de paz. No hay paz, no hay acuerdo.

 

Singer sin duda se ha ganado sus plumas de buitre. Su ataque a Congo-Brazzaville, en efecto, arrebató el valor de la reducción de la deuda pagado por contribuyentes británicos y de los Estados Unidos y, dice Oxfam, socavó la capacidad del país para luchar contra una epidemia de cólera. (Un portavoz de Singer respondió que la corrupción del gobierno de Congo-Brazzaville, no sus demandas, habían empobrecido a esa nación.)

 

Como para bruñir sus credenciales de tipo duro, Singer ha montado ataques legales sobre JP Morgan Chase, Citibank, BNY Mellon, y UBS, exigiendo que le paguen el dinero que Argentina les había pagado en la última década. Además, los abogados de Singer convencieron al juez para detener a BNY Mellon, agente de Argentina, en hacer $ 500 millones en pagos a los tenedores de bonos argentinos.

 

Seguramente el presidente debería a intervenir. No lo hizo. No lo hace. ¿Por qué?

 

No soy psicólogo. Pero algo sabemos: desde que se enfrentó a Argentina, Singer ha desbloqueado su cuenta bancaria billonaria, convirtiéndose en el mayor donante a la causa republicana de Nueva York. Él es uno de los fundadores de Restaurar Nuestro Futuro, un club de chicos multimillonarios, que canaliza los fondos de Bill Koch y otros chicos ricachones republicanos hacia anuncios de viciosos ataques políticos.

 

Y Singer recientemente donó $ 1 millón a la operación Encrucijada de Karl Rove, otra máquina de ataques políticos.

 

En otras palabras, hay un precio para detener a Singer. Y, a diferencia de la presidenta de Argentina, Obama no parece dispuesto a pagarlo.

 

Greg Palast. Traducción de Ana Vallorani

 

7 de agosto de 2014

 

Fuente: The Guardian, Reino Unido