Todos los derechos civiles conculcados, operativos de secuestros de delegados en los establecimientos industriales, en muchos casos con la complicidad de las patronales, encarcelamiento de dirigentes gremiales y políticos y, en general un clima de malestar social verdaderamente insostenible.
El Movimiento Obrero Organizado sufría los embates del partido militar y sus socios o mandantes civiles que aspiraban a un país donde los trabajadores sólo fueran herramientas baratas a su servicio y sin ninguna expectativa de mejora social. En el fondo de su perversa ideología, seguramente creían que cada uno debe aceptar sin reclamos el lugar que la suerte o Dios le habían asignado en esta sociedad. Si te tocó ser pobre, bueno…en la otra vida tendrás tu recompensa.
Así, con sindicatos intervenidos, con dirigentes encarcelados, con fábricas que despedían o suspendían trabajadores, con una inflación galopante que licuaba el salario, en febrero de 1982 la CGT Brasil encabezada por Saúl Ubaldini aprueba un plan de movilización y un acto, previsto en principio para el 24 de marzo, aniversario del golpe militar. Posteriormente se decidió que la fecha definitiva sería el 30 de ese mes bajo la consigna “Pan, Paz y Trabajo” y “para decir basta a este Proceso que ha logrado hambrear al pueblo, sumiendo a miles de trabajadores en la indigencia y la desesperación”.
La junta militar ante este anuncio, desplegó en todo el país el aparato represivo más importante de su nefasta gestión: policía brava armada de palos, escopetas y gases, intentó desesperadamente durante horas dispersar a los más de cuarenta mil manifestantes que volvían a reagruparse haciendo frente a las tropas policiales.
Como consecuencia de esta histórica jornada, más de dos mil detenidos, cientos de heridos en todo el país y un muerto en Mendoza. Las repercusiones de semejante enfrentamiento que los militares ni siquiera imaginaban, fue lo que llevó a éstos a jugarse la carta Malvinas como un medio desesperado de detener la inevitable caída.
Al día siguiente, la CGT elaboró un documento afirmando que el proceso militar estaba “en desintegración y desbande” y reclamando un gobierno cívico militar de transición a la democracia.
Entonces, esto es lo que este 30 de marzo vamos a conmemorar: el de los trabajadores dando un paso definitivo en el duro camino de derrocar a la más feroz dictadura que haya padecido nuestro continente y, como consecuencia, el fortalecimiento de las organizaciones sindicales que supieron enfrentarse sin claudicaciones a los que, amparados por las armas, sólo traicionaron a la patria y hambrearon a su pueblo.



