Concluyó al fin, la serie de cuatro duelos en poco menos de un mes entre dos de los equipos más poderosos del mundo: Barcelona y Real Madrid. Con el empate 1 a 1 de ayer, el equipo catalán se adjudicó el pase a la final de la Liga de Campeones de Europa, máximo torneo continental de clubes.
El encuentro, áspero y disputado bajo una intensa lluvia, no mostró diferencias entre los planteos que ambos equipos dejaron ver en los anteriores enfrentamientos. Es que Real Madrid no logró, más allá de la presión inicial y la necesidad de marcar dos goles para forzar los penales, doblegar futbolísticamente a uno de los mejores equipos del mundo. No pudieron sopesar las presencias de Kaká, Gonzalo Higuaín y Cristiano Ronaldo, entre los titulares que presentó José Mourinho.
A base de un control total de la pelota, arma ofensiva pero también útil a la hora de defender, el Barcelona se mostró superior en la primera mitad, que sólo terminó 0 a 0 gracias a la actuación del arquero del Madrid, Iker Casillas. Messi fue sistemáticamente derribado a lo largo de la primera etapa, hecho que no le impidió continuar siendo protagonista en el ataque.
La segunda parte tuvo como particularidad un gol anulado al Madrid que podría haber modificado la historia. Pero minutos más tarde, Pedro definió tras la asistencia de Iniesta y liquidó la serie. Sin embargo, a los 19, un error de la defensa del Barcelona permitió a Marcelo, tras pase del argentino Ángel Di María, igualar el partido.
El resto del encuentro mostró la impotencia de un equipo que necesitaba convertir dos goles más pero no lograba hacerse del balón para ello. El final fue a puro festejo para los catalanes que se dieron el lujo de dejar afuera de la copa a su eterno rival.
El saldo final de los cuatro enfrentamientos deja dos empates 1 a 1, en el Santiago Bernabeu y el otro en el Camp Nou; una victoria del Madrid –en la final de la Copa del Rey- y una victoria para el Barcelona, en la ida de la semifinal de la Liga de Campeones. Si bien la del Madrid valió un título, la del equipo de Pep Guardiola le da el pasaporte para disputar la final en Wembley, Londres, donde intentará repetir el título logrado en 2009.


