Don Antonio Jiménez, se vino de chico con una de las tantas agonías azucareras. Su padre Moisés, con estudios, supo ser encumbrado mayordomo de ingenio, pero el “pechito colorado” pudo más que el joven; y cuando murió el viejo, aún joven, su familia, también joven, sucumbió en la centrifuga lógica de la irradiación familiar. A él, a Moisés, después de tomarse, él, “por unas pocas monedas” la pequeña hacienda familiar -mas chanchos que aberdeen angus- tuvo que tocarle probar suerte en Buenos Aires. Y se quiera, o no, como conserje en Azopardo, él, la logró tener.
Del “pechito colorado”, pajchao en los sanjones de cachaza de Delfín Gallo que lo despertaba ensombreciendo el sol a cuestas con la resaca dulzona de la melaza del ambiente, ni recuerdos. En sarandí, algunos días, solo el acre del canal le trae deja vú de lo que nunca cree que conoció.
Pero su alma no está poblada de melancolía pobre, polvorienta y rural. No entiende la ecología, y jamás conozca –conocerá- la críptica historia del “pecho colorao”, y ni recuerde el cuerpo del viejo apenas apestando en el calor húmedo del cañaveral. Su recuerdo será “museo del tango”, que de chango veía brillar, bailando, en el San Lorenzo, o en el Deportivo Florida, después tricolor.
Moisés pierde por el Ángelus. En la CGT lo enganchan siempre para el lampazo tardío de la retirada, cuando los viejos ven pantuflas y los más pibes, after office.
Pero tiene la posta. Se acercó chiflando ese tango tan famoso que “cantaba mi amigo el guardabarrera, en Tucumán, y el otro, que hombriaba bolsas de 50 de azúcar, en el (ferrocarril) Mitre… ”
-Te acordás hermano…¡Qué lindo tango que era ese! Acá cada tanto hay alguna pica, pero divertida como la del otro día, no hay desde que estuvo la Rueda!
Y sigue Moisés:
–Parece que más por seguridad, los de Ongaro, de la Verde, pidieron el Salón Vallese. No sé porqué, porque ellos tienen su propio sindicato bien grande… ¡Si son uno de los más viejos y organizados que yo me acuerde!
El año que viene tienen elecciones los de los gráficos, en abril, y parece que acá, el oficialismo iba a cerrar los libros y poner la Junta Electoral, para evitar la apretada de la Naranja opositora…
Primero hubo debate, señorito inglés, y después se revoliaron las butacas de atrás, voltiaron las puertas batientes y volaron algunos bombos. El Negro cuando se enteró se puso furioso, primero, y después se acordó: “Kilombo eran los de antes” dijo, me sonrió y me canturreó “yo y vos solo quedamos hermano…” Pidió que limpiara todo y que nadie haga olas, que al primero que se llevan puesto es a él, pero después vienen por nosotros, dijo. Casi nadie se enteró. El viejo Domingo me dijo que el oficialismo le dibujó la Junta y el balance, pero la Naranja le dinamitó la asamblea. Parece que están más movilizados y desde que Ongaro se retiró, la Verde no sabe cómo lidiar con la izquierda, a pesar de en Trabajo los van a apoyar…



