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Thatcher estaba dispuesta a un acuerdo por las Malvinas, según documentos del Archivo Nacional Británico

Los documentos recién desclasificados muestran que la Primer Ministro adoptó un enfoque más flexible en privado, en medio de la presión de EE.UU. para evitar la acción militar

Richard Norton-Taylor y Bowcott Owen Fuente: The Guardian  Viernes 28 de diciembre 2012 Margaret Thatcher estaba dispuesta a hacer un trato con Argentina por la situación de las Malvinas tras la invasión de las islas, que incluía la cuestión de la soberanía, ya que fue objeto de una intensa presión de los EE.UU. para evitar una respuesta militar, revelan los papeles del gobierno divulgados el viernes. Las declaraciones gubernamentales del Reino Unido y la retórica del momento dieron la impresión de que nada menos que la retirada de todas las fuerzas argentinas, la reafirmación de la soberanía británica y el retorno a la posición en que se encontraban las islas antes de la invasión sería aceptable. Pero los documentos muestran que Thatcher y sus ministros adoptaron en privado un enfoque más flexible, incluyendo el permitir una continua presencia argentina en las islas. Menos de dos semanas después de la invasión argentina, el 2 de abril de 1982, Thatcher describió una «solución diplomática» como «un premio considerable». Ella estaba respondiendo específicamente a un plan mediante el cual, a cambio de la retirada de sus tropas, Argentina estaría representado en una comisión interina y en el consejo local de las Islas Malvinas. Según los registros, Francis Pym, el ministro de Relaciones Exteriores del momento, expresó: «Hubiera sido un logro notable si esto se hubiese llevado a cabo en un momento en el que la posición militar de Gran Bretaña era todavía débil» Indagada en privado por el posterior Comité de Francos acerca de su reacción a la invasión, Thatcher dijo: «Sólo puedo decir que creo que fue el peor momento de mi vida», revelan los documentos. Cuando le preguntaron si estaba dispuesta a ceder la soberanía sobre las islas si los isleños estaban de acuerdo, ella respondió: «Sí». La revelación de que Thatcher estaba contemplando la posibilidad de una solución pacífica a la disputa sobre las Malvinas, incluso después de que el grupo de Tareas británico había zarpado, figura en los anexos confidenciales del gabinete liberados bajo el llamado decreto de los 30 años. Sir John Nott, entonces secretario de Defensa, dijo el jueves que no hubiera estado en contra de un acuerdo negociado si las tropas argentinas dejaban las islas. «Siempre estuve dispuesto a negociar. Resultó que no era siempre posible, pero eso es un juicio a posteriori», dijo a The Guardian. Nott añadió que Pym estaba desesperado por una solución negociada, que habría irritado a Thatcher. Había muchas oportunidades para una solución diplomática, pero la junta militar argentina era «más intransigente que la primer ministro», recordó Nott. En un artículo, Rotulado como Top Secret, se registra a Thatcher diciendo que bajo el plan que se discutía en los EE.UU. y en la ONU, «la retirada de las fuerzas argentinas se habría asegurado sin la acción militar. Argentina ganaría representación en la comisión provisional y en los consejos locales, y se comprometería a participar de las negociaciones para decidir el estatus definitivo de las islas a finales de año, aunque sin ningún tipo de compromiso a una transferencia de soberanía «. Y agregó: «Repugnante como era que el agresor ganara algo con su agresión, esto parecía ser un precio aceptable a pagar». «Pero era crucial asegurarse contra una segunda invasión y la mejor manera de lograr esto parecía ser involucrar al gobierno de Estados Unidos en la aplicación del acuerdo provisional y en la seguridad de las islas a partir de entonces.» El 19 de mayo, dos días antes de que las fuerzas británicas desembarcaran en las islas, Thatcher le dijo al gabinete de guerra que, en un «intento sincero de llegar a un acuerdo para evitar el derramamiento de sangre», Gran Bretaña no había insistido en que lo que deberían ser sus «demandas plenas y justas». Cualquier acuerdo provisional, sin embargo, debería asegurarse de que no habría «ninguna presunción del futuro a largo plazo». El gabinete de guerra señaló: «En términos prácticos, la administración era más importante que la soberanía». Incluso después de los desembarcos británicos, los principales asesores de Thatcher estaban considerando cómo alterar el estatus de las Malvinas y su relación con el Reino Unido. «Algún tipo de asociación con la ONU – o algún tipo de fideicomiso angloamericano – podría cumplir con nuestros requisitos si los argentinos sólo fueran persuadidos de acceder a ello», aconsejó Sir Robert Armstrong, el secretario del gabinete, a Margaret Thatcher el 25 de mayo. Armstrong destacó la ventaja táctica en prepararse para lo que parecía ser cada vez más una inevitable negativa argentina a aceptar cualquier oferta británica. Esta táctica sugerida fue la publicación de un recuento de la actividad diplomática «como forma de dejar mal parada a la Argentina con la opinión internacional al demostrar nuestro carácter razonable». Cualquier reacción negativa que el gobierno podría haber enfrentado en el parlamento o la prensa por hacer un trato fue evitada por la intransigencia de la junta militar argentina. «El presidente [Leopoldo] Galtieri era un alcohólico y al parecer incapaz del pensamiento racional», dijeron los ministros, según las actas del gabinete el 22 de abril de 1982. Desde el principio, Gran Bretaña estaba bajo una fuerte presión de los EE.UU. para alcanzar una solución pacífica. Menos de una semana después de la invasión Al Haig, secretario de Estado de EE.UU., dijo a Thatcher que era «importante evitar juicios a priori sobre la soberanía», según funcionarios de Relaciones Exteriores. Se informó que Haig expresó: «La opinión estadounidense estaba ahora mucho más a favor de los principios de nuestra postura, pero no estaba seguro de que esto fuera a durar mucho tiempo (recordando a Vietnam).» Los documentos revelan detalles de una conversación telefónica privada entre Thatcher y Ronald Reagan, el presidente de EE.UU., el 1 de junio de 1982. «El presidente Reagan dijo que los EE.UU. consideraban imperativo que el Reino Unido demostrara que estaba dispuesto a dialogar antes de que los argentinos se vieran obligados a retirarse», detalló una nota. «A medida que el Reino Unido tiene ahora la superioridad militar debe llegar a un acuerdo inmediato». Reagan advirtió que si Gran Bretaña quería «mantener cierta ocupación militar podría enfrentar una nueva invasión argentina en el futuro». Thatcher dijo que «estaba segura de que el presidente actuaría de la misma manera si Alaska hubiera sido igualmente amenazada … la autodeterminación de los isleños tenía que ser la consideración primordial». Thatcher aparece diciendo para el 29 de mayo que Gran Bretaña estaba «dispuesta a considerar un cambio y no necesariamente esperar un retorno al statu quo anterior a la invasión. El futuro probablemente residía en un acuerdo que no suponga ni la soberanía británica ni la argentina, pero previenga alguna forma de independencia o cuasi-independencia de las islas «. Muchas páginas han sido seleccionadas o redactadas a partir de los archivos. No se hace referencia en el acta del gabinete de guerra a lo que fue quizás la decisión más polémica de la guerra: la orden dada al capitán del submarino HMS Conqueror de hundir el crucero argentino Gral Belgrano el 2 de mayo de 1982. La decisión fue tomada por un grupo «ad hoc» de ministros (que incluyeron a Thatcher, William Whitelaw, Ministro del Interior, y Nott) al margen de la reunión del gabinete de guerra a las 0:45 de ese día. La decisión se tomó sobre la base de reglas de combate flexibilizadas previamente en relación con el portaviones argentino 25 de Mayo, concretamente, que los buques argentinos podrían ser atacados fuera de la zona de exclusión impuesta por Gran Bretaña. Más tarde, la controversia se centró en la reclamación inicial pero errónea del gobierno británico de que el Belgrano fue atacado porque se acercaba a su grupo de Tareas. Un documento secreto revela que altos funcionarios del Palacio de Whitehall eran conscientes de las circunstancias que rodearon al ataque, que provocó la pérdida de 323 vidas. «El punto es sintomático sobre la dificultad que enfrentamos para mantenernos al día con los ministros, cuando se toman atajos», señaló John Weston, director del departamento de defensa de la Oficina de Relaciones Exteriores, en una nota secreta pocos días después del hundimiento.