Violentas y multitudinarias revueltas populares estallaron esta medianoche en al menos 11 ciudades brasileñas, en las que hubo enfrentamientos entre policías y manifestantes y edificios invadidos y dañados, además de varios heridos. En la capital federal la manifestación arrastró a las calles a unas 7.000 personas que llegaron al Congreso Nacional e intentaron invadirlo.
Tras varias horas de tensión, durante las cuales fueron quebrados algunos vidrios, la Policiía Militarizada ingresó por los fondos del edificio, reforzó la seguridad del lugar e inhibió al grupo, que acabó dispersándose.
En San Pablo, donde estallaron las primeras manifestaciones a raíz de un aumento del costo del transporte, la manifestación convocó a unas 65.000 personas, según el Instituto Datafolha.
La demostración se desarrolló en forma pacífica hasta los últimos momentos, cuando un grupo de manifestantes intentó invadir la sede de la gobernación provincial y llegó a querer forzar la puerta principal del Palacio Bandeirantes, sin conseguirlo.
La quinta marcha realizada en San Pablo se celebró después de que el principal grupo convocante, el Movimiento Passe Livre, llegara a un acuerdo con las autoridades, que se comprometieron a no usar balas de goma como en las movilizaciones anteriores, cuando decenas de personas resultaron heridas.
A las consignas vinculadas directamente con las reivindicaciones de la marcha, se sumaron cánticos que aludían a la violencia policial perpetrada durante la marcha anterior, el jueves pasado.
Los movimientos sociales anunciaron nuevas manifestaciones para hoy y afirmaron que «no dejarán las calles» hasta que se revoque el aumento.
«El destino es claro, único, objetivo y específico: revocar el aumento», anunció el movimiento Passe Livre de San Pablo, una agrupación nacida en las universidades y que ha encabezado las protestas.



