Los documentos filtrados por el ex contratista de Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU. (NSA) Edward Snowden en septiembre han sugerido que la NSA espió a Petrobras, la petrolera estatal de Brasil. Las acusaciones causaron gran revuelo en Brasil, y provocaron que la presidenta Rousseff cancelara su visita de Estado a Washington, donde hubiera querido mostrar las riquezas energéticas de Brasil a los inversores potenciales. A pesar de que ya ha transcurrido un mes desde que las acusaciones fueron transmitidas por TV Globo de Brasil, los Estados Unidos han fracasado hasta ahora en apaciguar a Brasilia sobre los objetivos de su programa de vigilancia. El informe de TV Globo, co-escrito por el periodista estadounidense residente en Rio de Janeiro Glenn Greenwald, planteó la cuestión de si la NSA podría haber participado en el espionaje industrial contra Brasil. Es una acusación que ha sido firmemente rechazada por Washington, pero que ha tocado un punto sensible en Brasil. Petrobras es la mayor empresa de Brasil y una de las principales fuentes de ingresos para el gobierno. También está explotando enormes reservas de petróleo en aguas profundas de Brasil. El 21 de octubre, Brasil subastará los derechos para explotar el mayor de estos nuevos yacimientos, Libra, a las empresas internacionales. Así que la afirmación de que la NSA estuvo involucrada en el espionaje industrial – y dirigido a Petrobras, en particular – se produjo en el más sensible de los momentos. Pero Timothy Edgar, quien fue director de privacidad y libertades civiles de la Casa Blanca de 2006 a 2009, cree que la razón para espiar a un país como Brasil podría ser mejor explicada por las estrictas reglas dentro de las cuales opera la NSA. “Les puedo asegurar que los EE.UU. no se involucran en el espionaje industrial”, le dijo a la BBC. “Si hubiera razones de seguridad por las qué la inteligencia se concentrara en Brasil, sería legítimo si se hace bajo un marco [de seguridad nacional]. “Si fuera para fines industriales, sería básicamente una violación a la política de EE.UU.”, explicó. Él dice que, en general, las prioridades de las agencias de inteligencia de Estados Unidos tienen que ver con la prevención del terrorismo internacional, con frenar la proliferación de armas de destrucción masiva y con la lucha contra el tráfico internacional de drogas. Pero la información acerca de los líderes militares y políticos de otros países -especialmente aquellos percibidos como opositores de los EE.UU. en el ámbito internacional- también puede estar señalada como prioridad de inteligencia, de acuerdo con el Sr. Edgar. A pesar de un reciente calentamiento de las relaciones entre Washington y Brasilia, muchos analistas dicen que no sería una sorpresa si Brasil hubiera sido incluido entre estas prioridades. Brasil ha utilizado sus activos estratégicos, incluidos los del sector energético, para expandir su esfera de influencia geopolítica y fortalecer sus lazos con otras potencias emergentes en el hemisferio sur. En el proceso, Brasilia a menudo ha ido en contra de los intereses de Estados Unidos en temas como la guerra en Siria y la contención del programa nuclear de Irán. Edgar dice que desde el punto de vista de la distribución de inteligencia, espiar a Brasil tendría sentido si hubiera una razón relacionada con la seguridad, una “inteligencia nexo legítima”, por ejemplo, para entender los suministros de energía en el hemisferio. Pero es esta “inteligencia nexo” la que Washington ha fracasado hasta ahora en proporcionar. Los servicios de inteligencia de Estados Unidos mantuvieron la boca cerrada acerca de sus razones para supuestamente supervisar las comunicaciones electrónicas de Brasil, incluyendo las de la misma Rousseff. El silencio de Washington agravó aún más la ira de la señora Rousseff motivándola no sólo a cancelar su visita de Estado prevista para el 23 de octubre, sino también a emitir una dura crítica a los EE.UU. durante la Asamblea General de las Naciones Unidas el mes pasado. Dilma llamó al programa de vigilancia de EE.UU. un ataque a la “soberanía y los derechos de las personas y las empresas [de Brasil].” También rechazó la explicación de Washington de que el seguimiento de las comunicaciones era por el propio bien de Brasil, diciendo enfáticamente que Brasil “sabe cómo protegerse a sí mismo.” El presidente Barack Obama ha prometido que la actual revisión de los procedimientos de la NSA apaciguará “aliados”, como Brasil, al asegurar que la información recogida por los servicios equivale a “información que es necesaria para proteger a nuestro pueblo.” No está claro cuánto tiempo tomará la revisión y si va a apaciguar a Rousseff. Pero con el anuncio del Sr. Greenwald de que planea revelar más información acerca de las prácticas de vigilancia de Estados Unidos en las próximas semanas, parece poco probable que la visita de Rousseff a Washington sea reprogramada en un futuro próximo. Por Pablo Uchoa. Traducción de Ana Vallorani Fuente: BBC, Reino Unido
Traducción de Ana Vallorani
Brasil: ¿blanco de espionaje industrial?
No era exactamente esa la clase de atención que la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, quería atraer hacia la riqueza minera y petrolera de su país.

