Por María Paez Victor. Traducción de Ana Vallorani
El domingo pasado, el Toronto Star (periódico que se identifica a sí mismo como liberal, de pensamiento amplio y progresista) publicó un artículo difamatorio sobre el presidente venezolano, Nicolás Maduro. Una vez más la prensa canadiense va al ataque contra Venezuela, ridiculizando y dando una falsa imagen de su presidente. Y si en algún momento usted pensó que se trataba de la personalidad del presidente Chávez la que ofendía a la prensa mundial, se equivoca porque toda esa agresión mediática se centra ahora en su sucesor, el presidente Nicolás Maduro.
Maduro es un hombre alto, moreno y guapo, buen orador, inteligente y amable, pero no es carismático como Chávez. Pero, ¿quién podría ser como Chávez? Él era una singularidad. Maduro es el primero en admitirlo y por eso repite que él no es Chávez, pero con el lema «Todos somos Chávez» impulsa la solidaridad con la Revolución Bolivariana de su gobierno.
El Toronto Star está preocupado por la inflación en Venezuela, pero ¿Se preocupó en la década del 70 cuando la inflación pasó del 7,6 % al 20,4 %? ¿O por que en la década del 80 la tasa de inflación media fue del 19,4% hasta alcanzar el 47,4 % en la década del 90? ¿Y qué periódico mundial o político en ese momento pronosticó con júbilo no disimulado la ruina de la economía venezolana? Ninguno. ¿Qué periódico denunció los excesos inmorales: amantes, bebida, fraude y corrupción de los presidentes Betancourt, Leoni, Caldera y Carlos Andrés Pérez? Ninguno.
Pero ahora, el Presidente Maduro es ridiculizada por su lenguaje simbólico y, curiosamente, porque NO ES CHAVEZ.
Acabo de regresar de Caracas, donde fui testigo de que existe un orden social; la gente sale de compras de Navidad con las tiendas llenas de productos, todos anticipando los festejos de la temporada. Hay, sin embargo, una fuerte actividad política debido a las próximas elecciones municipales del 8 de diciembre. Es tan bueno ver a una población que está políticamente alerta, no como las elecciones canadienses que parecen ser hechas por sonámbulos debido a la falta de confianza que erosiona la participación política.
No es así en Venezuela. Los Consejos Comunales y las Comunas se encuentran al frente de la actividad política, el gobierno no da un paso sin consultar con ellos, y la participación de los municipios en los proyectos locales es esencial, ya que son sus iniciadores.
Maduro ha tomado medidas para luchar contra lo que se llama «un golpe de Estado económico». Los chilenos saben lo que esto significa, porque antes del golpe de Estado que derrocó al mártir inolvidable de las Américas, el presidente Salvador Allende, la oposición con el apoyo total de los Estados Unidos desató un sabotaje económico terrible en contra del país con el objetivo de, como el siniestro Richard Nixon declaró: «hacer gritar a Chile». Y así fue.
Venezuela tiene la ventaja de aprender de esa experiencia y Maduro ha tomado la ofensiva con fuertes medidas de control de la economía, que han demostrado ser muy populares. Su popularidad, sin embargo, no estaba en cuestión. En octubre fue considerado el presidente más popular en las Américas de acuerdo con una encuesta realizada por la cadena internacional de noticias NTN24 y por la red de ICS.
La corrupción en el sector privado venezolano funciona así. Es una economía petrolera, el sector privado no es la principal fuente de ingresos, y en lugar de invertir en su propio país, el sector privado prefiere la comodidad de la importación, y depender de la generosidad del gobierno. Si Venezuela dejara flotar al bolívar en el mercado internacional, habría una espectacular fuga de capitales porque esa clase que cree que es «capitalista» no lo es. En verdad, es una burguesa, parasitaria, clase rentista que no produce nada.
Los comerciantes obtienen dólares del gobierno a un precio preferencial de 6,30 bolívares supuestamente porque van a traer al país productos importados, que no es siempre el caso. Luego venden esos bienes como si los dólares les hubieran costado al precio del mercado negro, que podría ser de 60 a 80 bolívares. Así que tienen una ganancia del 200 %, 300 %, e incluso hasta del 1500 %. Normalmente, en los países capitalistas los comerciantes pueden obtener una ganancia de alrededor del 15 %, pero ni siquiera los narcotraficantes tienen beneficios como los de los comerciantes venezolanos corruptos.
Maduro hizo lo que Chávez no hizo. Puso a las tropas en la calle para encontrar provisiones ocultas en los almacenes, inspeccionó las grandes casas comerciales que obtienen dólares del gobierno, comparó los precios, estableció multas e incluso habrá penas de cárcel si no cumplen.
La élite empresarial -que condujo el golpe de Estado en 2002- es una minoría que se considera privilegiada, comete sistemáticamente fraude contra la nación mediante la obtención y el uso indebido de dólares, crea escasez artificial mediante el acaparamiento, poniéndole sobreprecios a los bienes, practica la usura, promueve el éxodo del capital, y da rienda suelta a rumores y mentiras para crear pánico y desestabilizar a un gobierno que no es conveniente para su avaricia inmoral. El problema no es económico, es político.
La economía venezolana está yendo muy bien. Sus exportaciones de petróleo el año pasado ascendieron a $ 94 billones, mientras que las importaciones sólo llegaron a $ 59.3 billones: un registro históricamente bajo. Las reservas nacionales están en $ 22 billones y la economía tiene un superávit (no un déficit) de 2,9 % del PBI. El país no tiene deudas nacionales o extranjeras significativamente onerosas. Estos son excelentes indicadores de que muchos países de Europa envidiarían, e incluso los EE.UU. y Canadá.
Tan bueno es el futuro económico de Venezuela que incluso los bancos imperiales lo reconocen. El banco multinacional Wells Fargo ha declarado recientemente que Venezuela es una de las economías emergentes que está más protegida contra cualquier posible crisis financiera y el Bank of America Merrill Lynch ha recomendado a sus inversionistas comprar bonos del gobierno venezolano.
Es triste que el Toronto Star publique un artículo más apropiado para la prensa sensacionalista. Sus principales fuentes eran personas de los Estados Unidos que se oponen a Venezuela, y ni una sola fuente pertenecía al propio gobierno venezolano.
Lo siento por el público canadiense al que no se le permite formar sus opiniones de una manera equilibrada y se lo expone a una prensa vendida a los intereses hegemónicos de Estados Unidos que no tiene ni siquiera una perspectiva canadiense sobre los asuntos internacionales.
Detrás de toda esta agresión contra Venezuela está el miedo a una revolución socialista triunfante que es profundamente democrática, tanto es así que brilla y revela el déficit democrático de las poderosas naciones capitalistas.
Fuente: Counterpunch, EE.UU

