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Cuba revindica una visión americana sin EE.UU.

Esta semana, Cuba se convirtió en el punto focal de América Latina y el Caribe. Las calles fueron cerradas al público mientras caravanas de coches inteligentes se precipitaron través de La Habana transportando a jefes de Estado y ministros de 33 países.

Por Sarah Rainsford. Traducción de Ana Vallorani

 

Estos llegaron por la segunda cumbre de la CELAC, una comunidad formada expresamente para excluir a los EE.UU. y Canadá.

 

Ser el anfitrión del evento fue una especie de triunfo político para el gobierno de Cuba, tras décadas de política estadounidense destinada a aislar a la isla; a la vez ocurrió  cuando la Unión Europea confirmó medidas para normalizar las relaciones con La Habana después de un largo enfrentamiento.

 

La CELAC fue concebida en 2011 como un contrapeso a la influencia de EE.UU. en la región: una alternativa a la Organización de los Estados Americanos con sede en Washington, la OEA.

 

Ese es el bloque en el que los EE.UU. excluyó a Cuba en 1962 por su «incompatible» ideología marxista –leninista. Para el final de ese año, todos los países de la región de la CELAC, excluyendo a México, habían cortado lazos con La Habana.

 

«Obviamente ha sido un largo camino de regreso a Cuba, pero ahora está alojando a toda la comunidad de América Latina», dice Carlos Alzugaray, un embajador cubano jubilado.

 

«Es un gran éxito», asegura, de un evento que ha reunido a los gobiernos de todo el espectro político para una agenda de charlas, cenas y música cubana.

 

El presidente de Cuba, Raúl Castro describió la meta como la construcción de la «unidad, en medio de la diversidad».

 

El resultado fue una amplia declaración de 16 páginas en la que se declara a la región una «zona de paz» y se comprometen a resolver las diferencias a través del diálogo; otros compromisos incluyen la lucha contra la desigualdad en una región con abundantes recursos naturales, pero con más del 11 % de la población viviendo en la ‘pobreza extrema’.

 

Cuba estará satisfecha con golpear a la política de EE.UU.: un llamamiento para poner fin a cinco décadas de sanciones económicas contra la isla, y con la afirmación del «derecho inalienable» de cada país a elegir su propio sistema político.

 

Hubo también una expresión de solidaridad con la demanda territorial de Argentina a las Islas Malvinas, y una crítica a la «situación colonial» de Puerto Rico.

 

Aún así, sin instituciones permanentes – y con resoluciones no vinculantes – existe cierto escepticismo acerca de lo que la CELAC realmente puede lograr en un espacio ya saturado

 

«La creación de la CELAC y la presidencia de Cuba es un legado de la visión de Hugo Chávez de una América Latina sin los EE.UU.» sostiene Paul Webster Hare, ex embajador británico en Cuba ahora con sede en la Universidad de Boston.

 

Aunque la exclusión de Cuba de la OEA fue anulada en 2009, La Habana insiste en que no tiene interés en volver a unirse a un grupo que considera dominado por Washington.

 

«Ahora que Chávez se ha ido, es poco probable que la CELAC supere a las organizaciones regionales más estructuradas e institucionales en América Latina como la UNASUR » sostiene Paul Hare, refiriéndose a la unión de 12 naciones de América del Sur.

 

Él sugiere que la CELAC tiene un alcance limitado para evolucionar más allá de la tertulia.

 

Pero Carlos Alzugaray sostiene que todavía es muy pronto. Él ve potencial en algunas resoluciones de la CELAC como la creación de un foro con China.

 

«A pesar de que existen diferentes puntos de vista, todos los países aceptan que la región debe hablar con una sola voz mientras sea posible. Claramente habrá algunas cuestiones en las que será difícil, pero lo mismo pasa con la UE», señala.

 

Para Cuba, la cumbre tuvo valor por su propio simbolismo.

 

Los trabajadores pasaron semanas arreglando La Habana para su momento de fama. Desaparecieron antiguos baches y los bordes a lo largo de las principales rutas brillaron con pintura fresca.

 

Y  se pegaron estridentes mensajes en las vallas por las que pasaría cada caravana presidencial: uno declaraba que la revolución continúa «sin deber a nadie más que al pueblo».

 

Una segunda condenó al embargo económico de EE.UU. como «genocidio».

 

 Cada vez más, el poderoso vecino del norte de Cuba parece ser el aislado.

 

Esa sensación fue subrayada por la noticia de que la UE parece que va a comenzar a revisar sus relaciones con la isla.

 

El bloque actualmente asocia las relaciones directamente a mejoras en los derechos humanos, sobre la base de una posición común de 1996.

 

La preocupación por los derechos humanos en el estado unipartidista permanecen.

 

Fueron subrayadas por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, quien se encontraba en La Habana para la cumbre y llamó al gobierno de Cuba a ratificar los tratados internacionales a los que se ha suscrito

 

«Hice hincapié en la importancia de la […] mejora de los derechos humanos: de reunión y asociación pacífica, y en los casos de detención arbitraria que se están produciendo en Cuba», dijo el Sr. Ban sobre sus reuniones con los líderes cubanos, incluyendo al ex presidente Fidel Castro.

 

«La diversidad incluye la pluralidad de opiniones, incluso sobre cuestiones políticas y esta diversidad debe ser respetada», subrayó , en un país que prohíbe toda oposición organizada y denuncia a los disidentes como «agentes» de las potencias enemigas.

 

Ha habido reclamos de aumento de hostigamientos y detenciones a corto plazo en el período previo a la cumbre, así como críticas a que Cuba haya sido contemplada como anfitriona de la CELAC.

 

A pesar de eso, el ambiente internacional parece estar por la participación y el diálogo en lugar del por el aislamiento: un cambio en parte impulsado por las graduales reformas sociales y económicas en la isla.

 

Entonces, la participación de la CELAC fue impresionante, atrayendo a políticos de izquierda y de derecha por igual. Al final, todos juraron que la promoción del bloque regional como un actor político internacional sería una prioridad.

 

A pesar de sus diferencias, acordaron que la CELAC es ahora «representante legítima» de la región y como la presidente de Brasil, Dilma Rousseff, expresó en esos días «sin Cuba, no estamos completos».

Fuente: BBC, Reino Unido.