Este tema, como muchos otros, es materia de disensos profundos entre los economistas a nivel internacional y ha generado siempre arduas y recurrentes polémicas a nivel local. Los economistas neoliberales que adscriben a la teoría económica convencional de matriz ortodoxa sostienen la existencia de “tipos de cambio de equilibrio” en los que se iguala la oferta y la demanda de divisas. Es cuestión, como siempre en este enfoque, que el mercado actuando libremente y sin intervenciones fije el precio.
Los fundamentos de esta concepción se encuentran en la llamada paridad del poder adquisitivo (ppa) y la denominada paridad descubierta de intereses (pdi).
La paridad del poder adquisitivo ( que según este enfoque opera en el largo plazo) compara los precios en cada moneda de una canasta de bienes y su evolución medida por los indicadores que registran la inflación (índices de precios al consumidor) bajo el supuesto de que bienes idénticos deberían tener el mismo precio, o oscilar en torno al mismo precio en todos los países. (El precio del BIG MAC que releva la publicación The Economist, por ejemplo) Como el tipo de cambio compara precios del mismo bien expresado en diferentes monedas, el cociente entre estos precios determina el tipo de cambio y la mayor o menor inflación que hace crecer o decrecer dicha relación indica si un bien está “barato” o “caro” en relación con su precio teórico, la paridad del poder adquisitivo. Para los neoclásicos los tiempos de cambio tienden a esta paridad en el largo plazo como expresé (La realidad empírica no lo verifica)
Sin regulación y control del tipo de cambio por la autoridad monetaria el tipo de cambio de la Argentina oscilaría entre la paridad del poder adquisitivo (ppa) fijada por la alta productividad del sector agrícola exportador (agregados a la minería y los commodities industriales), de la que resultaría un tipo de cambio revaluado en relación al dólar y la tendencia inversa y permanente a la devaluación, dada la baja productividad relativa del grueso de la industria en términos internacionales y la insuficiencia crónica de divisas del sector para desarrollarse. Las dos puntas de una estructura productiva desequilibrada. Esto tomando en cuenta las transacciones en bienes y servicios sin considerar los
movimientos de capitales ni la secular tendencia local a dolarizar el excedente económico.
Si incorporamos a estos últimos, nuevamente, en un contexto sin regulación estatal del tipo de cambio, aparece siguiendo el análisis ortodoxo, la llamada paridad de intereses en la determinación de éste, que basa su análisis en considerar que el movimiento internacional libre de capitales “arbitra” entre las tasas de interés vigentes en el mundo, buscando colocarse y obtener un rendimiento mayor allí donde un país o región paga una mayor tasa de interés por sus colocaciones. El tipo de cambio se mueve en dirección opuesta a la tasa de interés. Cuando un enorme flujo de capitales ingresa a un país emergente, por ejemplo, el precio de su moneda tiende a bajar y caso contrario a subir si los capitales egresan. Este movimiento se está verificando en la actualidad con la apreciación del dólar y la depreciación del resto de las monedas, en el centro y la periferia.
La no regulación del mercado cambiario deja a una economía relativamente pequeña y dependiente como la Argentina expuesta a las consecuencias de que las únicas actividades productivas rentables en términos internacionales y asentadas en su territorio sean las actividades agro exportadoras, la minería y algunos insumos industriales de uso difundido. Ciertamente un tipo de cambio único y libre, incluye también la eliminación de las retenciones agropecuarias y un retorno de la Argentina al mercado internacional de capitales. En el corto plazo se incrementaría el volumen de las exportaciones tradicionales y los capitales de corto plazo y sectores de IED (inversión extranjera directa) básicamente en recursos naturales y nichos como la telefonía, los que financiarán la restricción externa ampliando la capacidad de importación
Si este enfoque de política económica se impusiera en 2016, las actividades de servicios no transables internacionalmente podrían expandirse adicionalmente, como bajo la Convertibilidad, ya que un primer efecto posible sería la afluencia de capitales internacionales, como ya he afirmado. En ausencia de retenciones se mejora el tipo de cambio efectivo del sector agro exportador y el flujo de capitales externo profundizará esa tendencia. Un tipo de cambio único y libre tiene como supuesto el retorno del pensamiento ortodoxo de las ventajas comparativas de la Argentina, asociadas a la producción agro exportadora que se expresan en la fórmula “no necesitamos una industria cara e ineficiente, concentrémonos en la producción primaria y su eventual industrialización “.
En el largo plazo, de forma inevitable, este esquema económico implica el regreso a los ciclos de endeudamiento y de crisis de balanza de pagos., destrucción de la industria y caída del empleo y el salario. La restricción externa se iría “superando” a medida que la industria no pueda adaptarse a las nuevas condiciones competitivas y se contraiga o desaparezca, entonces demande mucho menos (Para decir delicadamente algo monstruoso) El
“péndulo argentino”, según la expresión de Marcelo Diamant, habría girado ciento ochenta grados.
Siendo en extremo fáctico, un Gobierno que deseara liberar el tipo de cambio a inicios de 2016 , produciría como primer efecto una devaluación equivalente a la diferencia entre el dólar oficial de ese momento y el precio del dólar paralelo. En valores de hoy sería del 50 %. Si pensamos las dificultades para el manejo de los precios que existieron en 2014 con una devaluación del 22 %, esta política necesita un enorme ajuste fiscal y monetario y un fuerte endeudamiento externo de inicio para estabilizar el tipo de cambio en un nivel inferior al del primer efecto, pero con precios en alza, salarios en baja y fuerte conflictividad social. No lo veo posible de este modo.
La manera en que esta política económica puede sustentarse es comenzar por un fuerte endeudamiento externo previo a la devaluación, con el objeto de que el BCRA venda luego a los inversores privados que demanden dólares esas divisas y estabilice el tipo de cambio, es lo que los analistas de los bancos extranjeros consideran al afirmar “la decisión de liberar y unificar el mercado cambiario al inicio de la gestión del próximo Gobierno, reduciría el nivel del dólar en términos reales si se concreta en un escenario de mayor ingreso de capitales al sistema”. Un tipo de cambio basado en la productividad del sector agropecuario y en el flujo de capitales externos es un tipo de cambio revaluado en términos reales en 2016.
En las antípodas de la posición neoliberal que sostiene la existencia de un único tipo de cambio de equilibrio, éste está sujeto a determinaciones de carácter estructural. Los países de la periferia en promedio poseen una economía atrasada, es decir menos productiva, que la de los países desarrollados. (Independientemente del hecho de poseer ramas competitivas como la agricultura de exportación, minería), centralmente la productividad industrial es menor, afectada por el uso de tecnologías y equipos obsoletos, de la deficiente organización del trabajo, de la logística y dificultades de acceso a los insumos básicos, de escala, etc. Sus productos son más caros que los que producen la industria a nivel internacional. El tipo de cambio compensa el precio de venta de esa asimetría, que es como es estructural, tiende a la devaluación permanente de la moneda local.
Entonces un tipo de cambio alto y competitivo, regulado por el Estado, es la alternativa?
En mi opinión no.
La pregunta a responder es cómo puede revertirse la necesidad de un tipo de cambio diferenciado que proteja a la industria y con ésta al empleo. En esto hay que ser precisos y cuidadosos porque el tema es complejo. Como afirman Fabián Amico y Alejandro Fiorito “ Ciertamente, el TCR (tipo de cambio real) puede tener un rol –junto con otras políticas específicas- en la mejora de la
sustentabilidad externa del crecimiento de largo plazo, en la medida en que contribuya a la diversificación de nuestras exportaciones y facilite la sustitución de importaciones.” En ausencia de tales políticas, un tipo de cambio real alto sólo mejora la rentabilidad del sector exportador tradicional colocándose por encima del valor en que estas exportaciones ya son rentables y protege a una industria que carente de escala y atrasada tecnológicamente basa su rentabilidad en la rebaja del costo salarial en dólares de los trabajadores.
Como consecuencia de la última devaluación de 2014 y del tipo de cambio a definir en el futuro, esta discusión se torna pertinente. Se trata de tener un tipo de cambio que sea consistente con un incremento de largo plazo de la productividad industrial, el que se logra profundizando inversiones por obrero ocupado, aplicando desarrollos tecnológicos de base nacional, profundizando la estrategia de sustitución de importaciones, trunca a mediados de los setenta y débilmente retomada en la década actual y logrando exportaciones industriales de complejidad tecnológica sin la cual la industria no tiene futuro.
La alternativa real a una completa liberalización cambiaria es una estrategia de desarrollo industrial viable y definido que avance sobre tipos de cambio múltiples (no dejando de lado las retenciones y utilizando activamente reintegros) partiendo de un nivel depreciado (devaluado) del tipo ce cambio, en relación con el actual. Un ejercicio complejo de política económica, pero de nada vale en términos de producto y distribución devaluar sin estrategia ni dejar al mercado, sin regulación, la asignación de los recursos.


