Economía

Por Pablo Tonelli, economista.

Euro-Dracmas para Grecia

La creación del euro-dracma es una propuesta original para Grecia. El gobierno de ese país se enfrenta hoy en día al ahogo financiero y es fuertemente presionado por la Unión Europea para continuar con la política de ajuste en contra de la cual Alexis Tsipras y su coalición SYRIZA lograron captar el voto popular y ganar las elecciones.

 Las tensiones existentes se expresan en dos posturas extremas, ceder ante la presión de la UE o que Grecia abandone la zona euro (GREXIT, lo denominan) y adopte una moneda nacional propia. El propósito de este artículo es desarrollar una tercera posición. (En lo que me siento cómodo).

Días atrás recibí un correo electrónico (gentilmente traducido al castellano) del economista francés Bruno Theret, un especialista en temas monetarios de formación heterodoxa, quien junto a Wojtec Kalinowski  de la organización Attac y Thomas Coutrot del Instituto Veblen, escribieron un artículo denominado “El euro dracma, una bocanada de oxígeno monetario para Grecia”, publicado en el diario francés Liberation, el prestigioso medio fundado por Jean Paul Sartre.  

El euro, moneda común de Europa, es una divisa supranacional, que poseen países con costos y productividades muy diferentes, cuya paridad es altamente conveniente para Alemania (el de mayor productividad relativa) y en menor medida para el núcleo duro que conforman Francia y Holanda.  Bajo esa paridad de la moneda comunitaria  se endeudó la periferia del continente en ausencia de una acumulación de capital propio adecuado y  gracias a las facilidades financieras que desembocaron en una burbuja inmobiliaria y de consumo. A partir de 2008 e instalada la crisis, Grecia, como el resto de la periferia vivió un prolongado período de ajustes y renegociaciones de deuda externa. Grecia, con el último “paquete de ayuda financiera” recibido cambió endeudamiento masivo con los Bancos por endeudamiento con los países de la eurozona sin  bajar el ratio Deuda/PBI, (170 %) que es lo esperable de un proceso de estas características. Los recursos obtenidos, a su vez, estaban atados a rigurosas medidas de ajuste fiscal, reducción del empleo público, de los salarios nominales y de las jubilaciones nominales. SYRIZA intenta negociar y modificar esto, no aceptando los términos del ajuste, pero el peso de la Deuda y sus vencimientos son  asfixiantes. 

La propuesta de los autores de la nota de Liberation (Libe, como le dicen en Francia) es que “existe una tercera vía para que Grecia recupere oxígeno financiero sin pasar necesariamente por las tenazas de Bruselas o abandonar el euro: La puesta en circulación de un instrumento monetario a nivel nacional, un “euro-dracma”, que quede vinculado al euro al valor de paridad, para complementarlo y no para reemplazarlo”. (el subrayado es mío) 

En el esquema propuesto por Theret y otros el Estado Griego pondría en circulación este instrumento monetario, no a través de la Banca sino mediante el gasto del sector público,”mediante el pago parcial de salarios y pensiones a los funcionarios, beneficios sociales, así como a los proveedores del Estado”….siendo su circulación restringida al territorio de Grecia. Este instrumento no es una moneda en sentido pleno “sino un simple “instrumento de crédito fiscal, por tiempo limitado, pero renovable”  y será  centralmente un medio de pago. Su aceptación por la sociedad, se funda en que con este instrumento se permite el pago de impuestos. Incluso en el muy corto plazo el euro-dracma permitiría cancelar la “deuda flotante” del sector público de Grecia y reduciría la necesidad de recurrir permanentemente al endeudamiento en euros para el pago de deuda corriente del Estado. 

En una economía afectada por la recesión y la depresión interna de precios el objeto es otorgar liquidez al “comercio que cubre las necesidades básicas de la población (alimentos, ropa, salud, educación, servicios públicos, vivienda), su convertibilidad será en el inicio parcial, limitada al pago de las importaciones. El monto de su emisión estará acotado. Theret   explica  en otro artículo (“Por un federalismo  monetario europeo) la magnitud de títulos monetarios a emitirse, estableciendo como límite máximo el monto de recursos (básicamente tributarios) públicos. En esencia es emitir un instrumento monetario “fiscal” poniendo como garantía los ingresos fiscales a recaudar. De ahí su naturaleza de “moneda fiscal”, un anticipo de la recaudación pública, acotado a esta última. Ataca un problema acuciante de la depresión de precios al generar un medio de pago que pueda sostener la demanda.

Bruno Theret, que viaja regularmente a la Argentina y ha estudiado en profundidad la crisis del 2001 y el fenómeno de las cuasi monedas, ha diseñado junto a Kalinowski y  Coutrot una propuesta que tiene la enorme virtud de la originalidad y el desenfado, la que puede ser implementada en lo inmediato por Grecia y servir  como disparador de discusiones en España y el resto de la periferia de la UE, en un ambiente intelectual por años signado por la obcecación de los neoliberales y la resignación frustrante de los heterodoxos y ahora enriquecido por fenómenos como SYRIZA y Podemos (en España).

Como dato llamativo para los argentinos los autores de la nota de Liberation afirman  que “investigaciones recientes sobre el Patacón emitido por la Provincia de Buenos Aires en el año 2001 y el Bocade puesto en circulación en la Provincia de Tucumán en el período 1985-2003 muestran que estas experiencias monetarias son de gran interés para sugerir una salida alternativa en los países afectados por la crisis del euro”. Indudablemente las cuasimonedas emitidas por los Gobiernos Federales jugaron un rol de sostenimiento de la actividad económica en medio de la fuerte depresión de la última etapa de la Convertibilidad argentina. Sólo se cancelaron cuando la Argentina recuperó sus facultades de emitir su propia moneda no atada a la relación uno a uno con el dólar. 

Más allá de Grecia, Theret propone en “Por un federalismo monetario europeo” un rol del euro como “moneda comunitaria”, bajo la forma “de ser “una unidad de cuenta única” capaz de unificar una pluralidad de monedas de pago, financiando no sólo las deudas comerciales, sino también las deudas públicas y sociales”. 

En decir que cada país o región de un país emitiría una moneda nacional o local que serviría para el pago de los salarios y las obligaciones de los Estados con su sector pasivo y proveedores y se aceptaría para el pago de los impuestos. Dicha moneda encontraría su respaldo en los recursos de cada Estado bajo una regla de conversión rígida para evitar su depreciación interna. Cada Estado reduciría el uso de euros en importaciones, con una acelerada política de sustitución de las mismas. El euro solamente se utilizaría para la cancelación de obligaciones externas (deuda y comerciales). Los Bancos podrían tomar depósitos y otorgar créditos en la “moneda fiscal”, la moneda nacional, que soportaría un encaje muy alto, (del 100% aventuro yo) para evitar su expansión más allá de los recursos fiscales existentes. Dicha moneda sería convertible uno a uno en euros, no a una paridad depreciada, ya que no sería un recurso utilizable para la búsqueda de la competitividad externa. 

En la hipótesis de Theret, su uso y difusión, paralelo a la circulación del euro, permitiría la expansión del consumo y el empleo sin el traumatismo de la ruptura y asegurando la vigencia y permanencia del Estado de Bienestar, patrimonio comunitario de Europa. 

Por último los autores de la nota de Liberation afirman con sensatez “Se puede decir que esto no resuelve el problema fundamental de Grecia, a saber, la carga insostenible actual de la deuda pública. Renegociar la deuda es de hecho esencial, pero es una cuestión de equilibrio de poder entre Grecia y sus acreedores, y creemos que la adopción del euro-dracma podría inclinar la balanza a favor de Grecia, dando más tiempo y espacios de negociación para una posible cancelación parcial y/o conversión de la deuda dando posibilidad de salir de la zona euro de manera menos catastrófica.” Esto último, agrego, en caso de una inflexible terquedad de la UE.