Sociedad

Bicentenario y después

La Argentina del Tricentenario

En camino hacia la Argentina Tricentenaria vemos las huellas del pasado y los ecos de los festejo del año pasado como elementos para para construir nuestro común destino. Sentimiento, división, pertenencia y la grandeza de un país humilde que busca cambiar.

La Argentina Bicentenaria mostró un país sumergido en la celebración de los primeros doscientos años de un país que todavía sigue en construcción. Una Nación que oscila entre el dolor y la alegría, el orgullo y la bronca, la solidaridad y el egoísmo.

En ese sentido, resalto las palabras de Cristina Fernández, la presidenta del Bicentenario que recordó los festejos del año pasado, cuando millones de argentinos «se reconocieron como un pueblo de amor, de paz, pero que también quiere reconocerse en su historia»

En ese momento, que tuvo como epicentro la avenida 9 de julio desbordada por el calor, el olor y el color del pueblo argentino que se abrazó al cielo para gritar que está queriendo cambiar.

Un pueblo que no quiere repetir los errores de su historia, que quiere cambiar, que busca aprender. Esa ebullición de armonía que solemos tener se mezcla con el torbellino del enfrentamiento.

Desde los momentos fundacionales, este país se ha caracterizado por formar su identidad de una forma maniquea, polarizada y dual. Donde la rivalidad consitía en derrumbar, derrotar y aplastar al otro.

Ha llegado el momento de rechazar el dolor del enfrentamiento sin razón, desde lo profundo de nuestra historia fuimos acostumbrados a matar y andar a los tumbos.

Hoy, un año después de aquél 25 de mayo de 2010, es tiempo de sumar las fuerzas que no hemos sabido juntar. Hoy es tiempo de cambiar la mirada y ver a otro argentino como un hermano y no como un enemigo. De ver al otro, como un vecino y no como un invasor.

La Patria es un sentimiento y una actitud de caminar como pueblo hacia nuestro común destino y el ser felices por hacerlo. Ojalá que la felicidad del pueblo sea lo que transforme a este país.