No sólo la televisión brasileña es capaz de mantener a su audiencia pegada a la pantalla con emocionantes historias de telenovela. Los representantes políticos del país han decidido darnos una campaña electoral llena de drama y sorpresas.
Estos últimos tres meses han sido una competencia vertiginosa como una montaña rusa. Tras la primera ronda de votación, los resultados desafiaron todos los pronósticos. Las predicciones eran de un duelo entre dos candidatas, la presidenta Dilma Rousseff y su rival Marina Silva. Pero esto no fue lo que pasó. En cambio, el candidato socialdemócrata Aecio Neves, a quien los sondeos de opinión ya lo habían declarado eliminado, pudo celebrar su resurrección política.
Esta nueva constelación política significa que todas las apuestas quedaron sin efecto. Por el momento, todo es posible: la reelección de la titular del cargo, Rousseff, o una victoria de Neves: ambas son igualmente probables. Sólo una cosa es cierta: el Partido de los Trabajadores de Brasil, el PT, será parte del gobierno, incluso si la mayoría de la gente vota en contra de la presidenta Rousseff el 26 de octubre.
Los programas sociales son sacrosantos
Hay menos diferencias entre los dos candidatos que lo que a sus estrategas de los partidos les gustaría. Los programas de bienestar social del PT ahora son casi sacrosantos en Brasil. Desde que el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva (PT) se trasladó al palacio presidencial en Brasilia en enero de 2003, el PT ha ayudado a sacar a unos 35 millones de brasileños de la pobreza, permitiéndoles hacer la transición hacia la consumista clase media-baja.
Aecio Neves del Partido Social Democracia (PSDB), por lo tanto, ya ha anunciado que quiere continuar con los programas y «mejorarlos». Muchos miembros del PSDB, que es económicamente más liberal que el PT, ven a estos programas sociales como de su propiedad intelectual. Después de todo, muchas reformas ya se habían implementado parcialmente bajo el anterior presidente, Fernando Henrique Cardoso (PSDB), quien estuvo en el cargo desde 1994 hasta 2002.
Y no sólo los programas sociales seguirán siendo una parte integral de la política brasileña. No hay grandes cambios que se anticipen en las esferas de la educación, la salud y la política exterior. Si Neves fuera elegido, el mayor cambio de énfasis sería en la política económica; pero no habrá reformas repentinas aquí tampoco.
El todopoderoso Partido de los Trabajadores
La razón de esta continuidad política es la abrumadora presencia del PT en las instituciones públicas de Brasil. El Partido de los Trabajadores, fundado en 1980 durante la dictadura militar brasileña, tiene partidarios en puestos claves de las empresas estatales, los bancos públicos, y en el aparato de Estado. Con 70 miembros en el parlamento y tres gobernadores ya elegidos en la primera votación, sigue siendo la fuerza política más fuerte de Brasil.
Así que incluso si el PT fuera a parar a la oposición, sería simplemente imposible ignorarlo. Si Dilma Rousseff no es reelegida el 26 de octubre, el nuevo presidente de Brasil tendrá que cooperar con el PT cada vez que quiera aprobar una ley en el Congreso o implementar reformas nacionales. Y si Rousseff sale victoriosa, el PT aumentará su dominio político.
Fuente: Deutsche Welle, Alemania



