Cultura

Castro y González presentaron la obra que documenta derechos de soberanía argentina en Malvinas

El director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, y la embajadora argentina en el Reino Unido, Alicia Castro, presentaron la reedición del libro “Las Islas Malvinas”, escrito en 1910 por Paul Groussac, al que calificaron como “una obra crucial de documentación pública y archivística” de los derechos argentinos sobre ese archipiélago.

Si bien la actividad tuvo lugar en la semana donde se cumplieron los 30 años de la finalización del conflicto bélico, la embajadora sostuvo que la disputa tiene “un anclaje histórico más largo, dentro de la cual la guerra es un episodio lamentable”.

En ese sentido, el libro de Groussac da un sustento documental y argumentativo a que en el Siglo XVIII las islas eran españolas, fueron heredadas por Argentina con su independencia y que la invasión británica de 1833 fue una usurpación que continúa hasta el presente.

González lo definió como “un manual de procedimientos diplomáticos, historiográficos, geográficos, y de las ciencias naturales para actuar frente a un conflicto de esta dimensión”, al disertar en la conferencia, realizada en la residencia oficial de la embajadora en Londres.

“Nos recuerda que hay grandes argumentos históricos, que hay un trasfondo de historicidad inesquivable”, agregó ante más de 100 personas, entre ellos diplomáticos de otros países de América Latina.

Al autor lo definió como un “personaje polémico en la historia literaria argentina, un gran conservador e irónico que de alguna manera es el maestro de Jorge Luis Borges”, al que los une, entre otras cosas, haber sido directores de la Biblioteca Nacional.

“Las Islas Malvinas” fue escrito originalmente en francés, considerado por Groussac como “la lengua de la diplomacia” y traducido al español por iniciativa del senador socialista Alfredo Palacios.

Uno de los grandes méritos del texto es su estudio de las navegaciones de todos los países expansionistas con interés en un lugar clave como Malvinas, que sirve de base para pasar del Atlántico al Pacífico.

“Fueron los marinos franceses de Saint-Malo (de ahí el nombre Malvinas) los que tuvieron la vocación de llegar a esas costas y de crear un asentamiento. El navegante (Louis Antoine de) Bougainville es un personaje central sobre el que recae el peso de la demostración de la argentinidad de las islas”, explicó el director de la Biblioteca Nacional.

España, que ya llevaba casi tres siglos de conquista en América, le reclamó a Francia por ese puerto en Malvinas. Los galos dispusieron su devolución y mandaron documentos probatorios de la pertinencia de las islas al dominio español.

“Bougainville había invertido un dinero en esa colonia de modo que pide que se lo devuelvan, lo que la Corte de Madrid hace y en Buenos Aires también se firma un acuerdo. Esos papeles se conservan y Groussac los redescubre”, comentó el sociólogo y ensayista.

El otro episodio nuclear ocurre cuando Inglaterra construyó su primera colonia clandestina en las islas, Puerto Egmont. “Holanda descubre pero no puebla las Malvinas, Francia, que no descubre, las puebla y a Inglaterra no se escapa la función central de paso al Estrecho de Magallanes”, comentó González.

En 1771 se firmó un acuerdo en Londres por el que se permite que el asentamiento inglés continúe allí a condición del reconocimiento de la soberanía española del resto de la isla. Se escribieron papeles e incluso hubo un debate en el parlamento británico, donde Samuel Johnson, una de las figuras literarias más importantes de Inglaterra, argumentó la entrega a España.

Estos hechos son la base histórica de lo que fue el alegato en 1964 del diplomático José María Ruda ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que dieron lugar al año siguiente a la resolución 2065 donde se reconoce que hay una disputa colonial que debe ser resuelta entre el Reino Unido y Argentina.

“El Reino Unido se asienta en una cronología falsa porque sitúa sus títulos en el breve lapso en el que tuvo un asentamiento clandestino, Puerto Egmont”, criticó la embajadora argentina.

Entre los asistentes estuvo el profesor de estudios hispánicos, Jeremy Lawrance, que señaló que “el pueblo inglés es capaz de aceptar los argumentos oídos” en la conferencia.

En ese sentido, el docente y la embajadora Castro recordaron que en el último encuentro de ex combatientes de ambos países, que organiza la Universidad de Nottingham, los propios soldados dijeron que el conflicto no puede continuar en sus nombres, alegando la excusa que hubo una guerra.

“Si las personas que han estado peleando uno en contra de otro pueden reconciliarse, como no podrían hacerlo diplomáticos y políticos. Ahí es el Reino Unido el que tiene que responder”, completó Castro.

Justamente, eso es lo que pidió Groussac un siglo atrás cuando al final de su libro le dijo a Gran Bretaña: “No hay humillación en someterse a la ley común y no ser juez en la propia causa. El descredito consistiría, más bien, en adherir teóricamente a las doctrinas de paz y justicia arbitral, proclamadas ante el mundo, para renunciarlas en la práctica”.