Internacionales

Cómo una lucha ambiental en Ecuador terminó en la Corte Suprema de Canadá

El grupo conocido como Los Afectados espera obtener el derecho a tratar de hacer cumplir una sentencia ecuatoriana de 9510 millones de dólares contra Chevron Canadá Ltd.

 Lago Agrio, ECUADOR – A orillas del río Aguarico, donde el único respiro de la humedad sofocante y el sol abrasador es un baño en el agua contaminada, los nietos de Eduardo Silvio Chapal chapotean, ajenos a la batalla que ya lleva décadas sobre quién es responsable de la limpieza de su selva y patio de juegos. 

Chapal, de 64 años, nació y se crió aquí, en la región ecuatoriana de Lago Agrio, en una comunidad indígena de alrededor de 80 familias. También sus hijos y sus nietos. Desde su hamaca, enumera sus quejas: los niños ahora son más bajos y están más enfermos; hay más bebés que nacen muertos; hay menos animales. 

«Y los peces», suspira. «Tenían un delicioso sabor, un sabor agradable. Ahora … huelen a petróleo.» Pero la gente todavía los pesca, cocina y come. 

Chapal es una de las casi 30.000 personas  que habitan en la zona, de 1.500 kilómetros cuadrados, a unos 300 kilómetros al este de Quito, la capital. Se hacen llamar Los Afectados. Lo que les afecta es la contaminación; causada, según ellos, por la extracción de petróleo que Texaco, que se fusionó con Chevron Corp. en 2001, hizo allí hace años. 

Si bien la Corte Suprema de Canadá en Ottawa está lejos de Lago Agrio, es allí, a partir del jueves, que Los Afectados esperan ganar el derecho de intentar hacer cumplir una sentencia ecuatoriana de 9510 millones de dólares estadounidenses contra Chevron Canada Ltd., la filial de la compañía canadiense. 

Es el último capítulo de una de las controversias ambientales más duraderas y más amargas del mundo. La batalla ha durado más tiempo que Texaco en Ecuador. 

En 1964, Texaco se asoció con la compañía petrolera estatal ecuatoriana, Petroecuador, para perforar en busca de petróleo. En 1972 el petróleo había comenzado a fluir. A lo largo de dos décadas, algunos pozos desaparecieron. En 1992, Texaco vendió su participación en el consorcio a Petroecuador, desechando de esta manera sus activos ecuatorianos. 

Texaco apenas había salido de Ecuador cuando tuvo que defenderse de una acción legal interpuesta por Los Afectados, exigiendo dinero para limpiar el desastre tóxico dejado 

atrás. Los abogados de los pueblos indígenas presentaron una demanda en los Estados Unidos en 1993. Un tribunal federal desestimó el caso con la condición de que Texaco se comprometiera a «someterse a la jurisdicción de los tribunales ecuatorianos.» Lo hizo. 

Durante el juicio, Texaco llegó a un acuerdo de descontaminación con Ecuador. Esto requería que Texaco remediara los sitios de producción seleccionados mientras Petroecuador se comprometía a realizar la limpieza restante. El gobierno de Ecuador supervisó la recuperación de $ 40 millones de Texaco y certificó su finalización en 1998, liberando así a Texaco de su mayor responsabilidad ambiental. Petroecuador, sin embargo, no pudo hacer su parte. Se continuó y amplió la perforación en Lago Agrio. 

Más de una década después, en 2011, el tribunal ecuatoriano otorgó Los Afectados $18000 millones; una sentencia posterior lo redujo a $ 9510 millones. Chevron, que se había hecho cargo de Texaco, luchó por lo que calificó como una decisión «fraudulenta» mediante la presentación de una demanda civil en contra de los abogados de Los Afectados. 

En marzo pasado, el tribunal falló a favor de Chevron. 

«El patrón que se trata en este caso comprende, al menos, un esfuerzo de cinco años para extorsionar y estafar a Chevron», escribió el juez en su decisión de casi 500 páginas. 

Aunque el juez dictaminó que el veredicto ecuatoriano era inaplicable en el extranjero, esto fue revocado en apelación. Chevron no tiene activos en Ecuador, por lo que Los Afectados continúan su lucha sistemática para que la sentencia ecuatoriana se aplique en países donde Chevron tiene todavía activos, incluyendo Canadá. 

Alan Lenczner, el abogado con sede en Toronto que representa a Los Afectados, espera que el Tribunal Supremo de Canadá dictamine a favor de su cliente. «Tengo esperanza, más que esperanza», dijo. «Yo creo que lo harán.» 

La primera ronda de la lucha canadiense fue para Chevron: el Tribunal Superior de Ontario acordó que Ontario tenía la competencia para escuchar los procedimientos extranjeros, pero se sobreseyó el caso porque Los Afectados «no tienen ninguna esperanza de éxito» en el acceso a los activos de Chevron en esa provincia. Dicha sentencia fue revocada en apelación. 

El tribunal de apelación de Ontario señaló el patrón más amplio de la lucha: «Durante 20 años, Chevron ha impugnado los procedimientos judiciales de todos los tribunales involucrados en este litigio – en los Estados Unidos, Ecuador y Canadá.» 

Chevron continúa luchando. 

En un comunicado enviado por correo electrónico, el portavoz de Chevron, Morgan Crinklaw, dijo: «Chevron Corp. y Chevron Canada Limited quiere demostrar a la Corte Suprema de Canadá que el tribunal de primera instancia de Ontario no es competente para aplicar el recurso interpuesto por los demandantes ecuatorianos.» 

La determinación de Chevron nunca fue más clara que cuando un vocero de la empresa – reaccionando ante el juicio del Ecuador, pero aparentemente presagiando las demandas canadienses por venir – dijo: «Vamos a luchar contra esto hasta que el infierno se congele. Y luego vamos a pelearlo en el hielo.» 

Desde su casa, a menos de 16 metros de uno de los viejos pozos de petróleo Texaco-Petroecuador, Mercedes Mikaela Jiménez Romero espera el resultado de cada batalla legal. 

La madre de 11 hijos se muestra escéptica de que Los Afectados vean alguna vez la tierra y el agua remediadas; la idea de que algún área sea alguna vez remediada le hace resoplar. 

De hecho, si usted cava unos centímetros en la tierra encuentra suciedad fétida y fangosa. Se mezcla con agua y se pega a los dedos, aceitosos y espumosos en el sol. 

«Si tuviéramos dinero nos hubiéramos ido hace mucho tiempo», dijo Jiménez Romero. Ella depende de un sistema de recolección de agua de lluvia y de un filtro donados para beber. Aun así el agua es con un tinte amarillo y su estómago siempre le duele. Es mejor que la alternativa: «Cuando no llueve, no tenemos agua».  

 

Jane Gerster. Traducción de Ana Vallorani 

Fuente: Toronto Star, Canadá  

10 de diciembre de 2014