Por Carlos Espinosa
Esta vez hay una feliz circunstancia, porque las fechas coinciden con el renovado feriado nacional de carnaval, pero de igual modo -con asueto administrativo escolar dispuesto por las autoridades provinciales- los primeros días de marzo tienen un clima especial en Patagones.La plaza central, denominada 7 de Marzo, y las pintorescas calles del `poblado histórico` que bajan hacia el puerto, se llenan de puestos de artesanías y `pilchas criollas`, y se montan escenarios para artistas locales y nacionales.El origen de la celebración popular, que nació en 1981 con el nombre de `Fiesta de la Soberanía y la Tradición` y sufrió diversos cambios organizativos durante estas tres décadas, remite a la recordación de un hecho histórico ocurrido en 1827.La historia oficial no lo tiene registrado, pero el 7 de marzo de aquel año se libró en este punto del país un victorioso combate terrestre y naval de rechazo al intento de invasión por parte del Brasil.La heroica defensa de la soberanía austral estuvo a cargo de la reducida dotación militar del fuerte de Patagones, el último confín del país y bien adentro del territorio indígena, con la valiosa colaboración de un grupo de gauchos y experimentados marinos extranjeros, que operaban con `patentes de corso`.El asentamiento operativo de esos corsarios en el puerto fluvial de Patagones con salida directa al mar fue el factor detonante del episodio.Argentina y Brasil estaban en guerra por la posesión de la Banda Oriental del río Uruguay y la flota brasileña tenía sitiados los puertos de Buenos Aires y Montevideo.Pero desde Patagones salían los corsarios y atacaban a los barcos mercantes del Brasil, apropiándose de sus cargamentos de todo tipo, donde no faltaban esclavos negros transportados en condiciones inhumanas desde Africa.Al regresar al puerto del río Negro los esclavos adquirían la inmediata libertad, ya que la Asamblea del año 1813 había abolido la esclavitud en la Argentina, y durante aquellos años la sociedad de Patagones incorporó alrededor de 400 personas, mujeres y varones, de color negro.La poderosa flota imperial brasileña que llegó a la desembocadura del río Negro en los últimos días de febrero de 1827 traía como misión destruir a los barcos corsarios y toda la población sureña que ponían en riesgo sus intereses económicos y estratégicos.Hubo factores naturales, como las adversas condiciones climáticas a la hora de cruzar la barra del mar al río, y el desconocimiento del terreno, que pusieron a los invasores en desventaja.Por eso el 7 de marzo de 1827 al atardecer, después de una jornada completa de lucha, los brasileños capitularon y Carmen de Patagones siguió siendo valuarte de la incipiente Nación Argentina.Para los habitantes de la región, cuyo gentilicio `maragato` reconoce orígenes españoles en la fundación de 1779, la huella gloriosa de aquellos episodios sigue presente.Allí están, por caso, las banderas del Brasil tomadas como trofeos de la victoria y exhibidas en la iglesia parroquial.El festejo de varios días, con espectáculos musicales al aire libre, puestos de comida criolla y artesanías, es una forma de manifestar la persistencia de aquel recuerdo.Sigue siendo una asignatura pendiente el reconocimiento nacional, tal como ocurrió el año pasado con el Combate de la Vuelta de Obligado.Pero la gente de Patagones -y sus vecinos de Viedma también- tiene sobrados motivos de orgullo que justifican la fiesta.



