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Crisis de Poder en el Vaticano

“A fronte praecipitium a tergo lupi”. El Papa Benedicto XVI podría sentirse identificado con esa antigua fórmula latina: “Al frente un precipicio y los lobos a la espalda”. Los “lobos”, como el diario del Vaticano L’Osservatore Romano denominó a una facción de la Curia romana, acechan al pastor de la Iglesia Católica.

Joseph Ratzinger enfrenta una lucha intestina sin precedentes en la Santa Sede, que jaquea a sus hombres de mayor confianza, ventila documentos escandalosos de los palacios vaticanos y hasta abre especulaciones sobre un paso al costado del Sumo Pontífice. En la ceremonia de entrega del  birrete color púrpura y el anillo cardenalicio a 22 nuevos cardenales, el Papa aludió ayer, en forma directa, a la atmósfera llena de divisiones y juegos de poder en el seno del gobierno central de la Iglesia, que marcó el cuarto consistorio de su pontificado.En la homilía pronunciada en una Basílica de San Pedro ante   más de 120 cardenales de todo el mundo, Benedicto XVI llamó a sus máximos colaboradores a evitar caer en la «lógica del poder y de la gloria» y a ser servidores de la Iglesia, fieles al ejemplo de Cristo.»El servicio a Dios y a los hermanos, el don de sí: ésta es la lógica que la fe auténtica imprime y desarrolla en nuestra vida cotidiana y que no es, en cambio, el estilo mundano del poder y la gloria», les recordó el Santo Padre a sus máximos colaboradores.»Dominio y servicio, egoísmo y altruismo, posesión y don, interés y gratuidad: estas lógicas profundamente contrarias se enfrentan en todo tiempo y lugar. No hay ninguna duda sobre el camino escogido por Jesús: El no se limita a señalarlo con palabras a los discípulos de entonces y de hoy, sino que lo vive en su misma carne. En efecto, explica: «Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por la multitud». Estas palabras iluminan con singular intensidad el consistorio público de hoy. Resuenan en lo más profundo del alma y representan una invitación y un llamamiento, un encargo y un impulso especialmente para ustedes, queridos y venerados hermanos, que están a punto de ser incorporados al Colegio Cardenalicio», señaló el Papa.En las últimas semanas, los vaticanistas de los principales medios italianos se regodearon con una serie de filtraciones nocivas para la cúpula eclesiástica que rápidamente despertaron comparaciones con WikiLeaks.Los archivos revelados dan cuenta de sospechas de corrupción en las licitaciones inmobiliarias del Vaticano, manejos financieros irregulares en el Banco Vaticano e incluso de un supuesto y disparatado complot para asesinar a Benedicto XVI.Los expertos coinciden en que detrás de la fuga de documentos existe una guerra palaciega entre dos sectores de los purpurados. Al parecer, las filtraciones forman parte de una “rebelión de monseñores” contra Tarcisio Bertone, secretario de Estado del Vaticano y mano derecha de Ratzinger.Las fuentes vaticanas consultadas por los especialistas sospechan que detrás de la embestida está la mano de Angelo Sodano, un influyente veterano diplomático que antecedió a Bertone en su cargo y sirvió a Juan Pablo II durante más de quince años.Cuando asumió, todos esperaban que Ratzinger condujera un Papado “de trancisión”. Pero el Papa alemán se propuso sanear la imagen de la Iglesia, afectada por numerosos casos de pedofilia y corrupción, y avanzó con investigaciones incómodas para algunos miembros de la “vieja guardia” de la Curia romana.Bertone, dicen, fue el artífice de esa política de mano dura. Aunque no había hecho carrera dentro del cuerpo diplomático del Vaticano, Benedicto XVI lo escogió en 2006 para la Secretaría de Estado porque había trabajado bajo su órbita cuando era cardenal.