Internacionales

La visión inglesa sobre la soberanía de las Islas

Cristina continúa mintiendo sobre las Malvinas

La presidenta de Argentina, Cristina Kirchner aparece como una figura cada vez más triste y delirante. Mientras que la economía argentina se dirige hacia el abismo económico, enfrentando una censura probable del FMI, ella sigue paseándose por el escenario mundial como si fuera una Evita de hoy en día.

                                                 Por Nile Gardiner. Traducción de Ana Vallorani

 Esta semana ha estado haciendo las rondas en las Naciones Unidas, donde apenas trascendió su discurso ante la Asamblea General el martes por la tarde, mientras que su ostentoso hotel de Manhattan fue asediado por manifestantes enojados con sus políticas económicas. En la mañana del miércoles dio un discurso ante una multitud relativamente pequeña en la Universidad de Georgetown, y ahora se dirige a Harvard, donde unos pocos izquierdistas académicos podrían simpatizar con su anticuado mensaje populista-socialista.

 

Ansiosa por desviar la atención del triste historial económico de su propio gobierno, de la represión a los medios de comunicación en el país, y de la creciente impopularidad, Kirchner ha recurrido una vez más a los ataques a Gran Bretaña por las Islas Malvinas. En la ONU llamó por enésima vez a Buenos Aires y Londres a negociar la soberanía de las Islas. Según el resumen oficial de su discurso proporcionado por el gobierno argentino (que no ha emitido una transcripción completa del mismo ):

 

Sobre las disputas territoriales internacionales, dijo que 2013 marcará los 180 años de usurpación ilegal del Reino Unido de las Islas Malvinas. Muchas resoluciones emitidas por la Cuarta Comisión de la Asamblea General (Política Especial y de Descolonización) y otras entidades han pedido al Reino Unido que se siente a dialogar con Argentina, pero éste se negó.

Pidió la desmilitarización del Atlántico Sur, señalando que la comunidad internacional no representa el multilateralismo cuando miembros permanentes del Consejo de Seguridad tienen derecho a burlarse de las resoluciones. La disputa no es un asunto bilateral, sino un asunto global que presenta la oportunidad de acabar con el colonialismo.

 

La señora Kirchner, por supuesto, no menciona el hecho de que las Malvinas son un territorio autónomo de ultramar británico, con su propio gobierno, o que Argentina invadió las Islas en 1982, antes de que sus fuerzas fueran derrotadas y liberadas las Islas por las tropas británicas. El único país con interés en «colonizar» las Malvinas es la propia Argentina.

 

Un censo reciente de las Islas Malvinas publicado a principios de septiembre reveló que el 59 por ciento de los de las 2.841 habitantes de las islas consideran que su identidad nacional es ser «Isleños», el 29 por ciento se consideran británicos, un 9,8 por ciento de St. Elena, y el 5,4 por ciento chilenos (entre ellos algunos que se consideran isleños y también chilenos o de Santa Elena). Casi ninguno se consideraba argentino.

 

Muchos habitantes de las Malvinas tienen profundas raíces en las Islas. Como Cheek Jan, miembro de la Asamblea Legislativa, dijo a The Daily Telegraph:

 

«El censo muestra que aquí existe una identidad nacional real. Mis nietos son la octava generación de mi familia que ha vivido aquí, lo cual es considerablemente más tiempo que lo que la familia de la presidenta argentina ha estado viviendo en la Argentina».

 

La idea de que los habitantes de las Malvinas quieren vivir bajo los talones de la Argentina es simplemente ridícula, y es una pura fantasía fomentada por el régimen de Kirchner. Este es un caso claro de libre determinación, y las Malvinas tendrán su propio referéndum en marzo de 2013 para decidir si quieren seguir siendo un territorio británico de ultramar. Cristina Kirchner debe respetar los resultados del referéndum de las Malvinas y dejar en paz para siempre el asunto. Mientras tanto, ella debe abandonar sus imprudentes amenazas de bloquear las islas y poner fin a su campaña vergonzosa para obtener negociaciones auspiciada por la ONU, lo cual nunca va a suceder.

 

El futuro de las Malvinas no es un asunto ‘global’ a ser decidido por un Comité de Descolonización de la ONU anticuado e irrelevante. Es un asunto de los isleños que deben decidir ellos mismos, y siempre y cuando deseen permanecer bajo la protección británica, Londres debe defender su derecho a vivir en libertad y sin temor a la invasión de la Argentina.

 

Fuente: The Telegraph, Reino Unido