En ese sentido menciona las aproximaciones al tema que defienden o una igualdad de posiciones o la igualdad de oportunidades. Kessler, siguiendo a François Dubet expresa que la igualdad de posiciones supone que “el ideal es una sociedad donde los ingresos, el acceso a la salud, la educación y otros bienes y servicios básicos tengan una distribución que tienda a la igualdad, más allá de las diversas situaciones ocupacionales”.
Voy a tomar partido, en general, por esta posición, haciendo la salvedad que suponer un “ideal” determinado de la organización social tiende, a mi juicio, a congelar la variedad y riqueza de la experiencia en las definiciones y las representaciones, como obedeciendo a una semántica determinable, prefiero referirme a la igualdad social como un camino que se va construyendo. No voy a entrar tampoco en la polémica con las visiones defensoras de la igualdad de oportunidades, de una matriz de tipo individualista, porque no hacen al objeto de mi artículo, que es tomar, un aspecto en que la desigualdad se expresa en la sociedad, la desigualdad de ingresos.
Me atrevo a decir que en el imaginario popular argentino lo que mejor resume la búsqueda y la experiencia en la igualdad de ingresos es la expresión “Fifty-Fifty” del Gral. Perón, una ilustración de una relación equitativa en la distribución del ingreso entre el capital y el trabajo, obtenida bajo sus Gobiernos. A esta relación se le agrega otra, la menor brecha entre los que más y menos tienen, que mide el llamado coeficiente de Gini, que alcanzó un guarismo de 0,34, el menor de la serie histórica, el menor coeficiente de desigualdad de ingresos, también con Perón Presidente.
Tenemos entonces dos maneras estadísticas de captar la distribución del ingreso, la distribución funcional (entre capital y trabajo) y la distribución personal, que capta como se distribuye entre las personas o las familias.
La denominada distribución funcional del ingreso, refleja la proporción en el PBI (como sinónimo de valor agregado) que representan el trabajo asalariado y los beneficios del capital. En el lenguaje de las estadísticas locales se habla de Remuneración al Trabajo Asalariado, Excedente Bruto de Explotación, para el ingreso de las sociedades de capital y Excedente Mixto Bruto, que refleja la porción del ingreso que es captado por patrones y cuenta propistas no organizados como sociedades en donde no es posible discriminar entre los ingresos propiamenente atribuibles al capital o al trabajo.
La distribución personal del ingreso analiza cómo éste se encuentra distribuido entre los individuos o las familias de la sociedad, independiente del origen de los mismos. Habitualmente se divide el número de familias de un país en diez grupos de igual tamaño, denominados deciles, se los clasifica por su nivel de ingreso y se estudia que porcentaje recibe cada grupo.
Siguiendo a CIFRA, el centro de estudios de la CTA, “la medición de la distribución funcional del ingreso fue dejada de lado a mediados de la década de 1970. (Lo que no es nada casual, agrego). Recién en 2006 volvió a disponerse de estadísticas al respecto, a partir de la publicación de la Cuenta de Generación del Ingreso para el período 1993-2005. Sin embargo, la publicación volvió a discontinuarse al poco tiempo, (2008, agrego) una vez intervenido el INDEC.”
El 9 de mayo del año 2014 el INDEC publicó la “Nueva Base en el cálculo de las Cuentas Nacionales de la República Argentina” y con el nuevo año base 2004 publicó un conjunto de información estadística relevante, entre ellas “la cuenta de generación del ingreso y distribución funcional del ingreso para el período 2004-2013, referida al total de la economía y por sector económico”.
Los últimos datos conocidos sobre la participación de la masa salarial sobre el valor agregado bruto realizados a precios de 1993 (la antigua medición) arrojaban un porcentaje del 43,6 %, el valor que más se aproximó al nivel máximo de esta serie que fue el del año de su origen, 1993, que alcanzó al 44,7 %. A partir de este guarismo la participación de los trabajadores en el ingreso no hizo más que descender hasta su piso de 34 % en el 2003, producto de una arrasadora caída de cerca de ocho puntos!!!! en un año, tras la debacle de la Convertibilidad.
En la nueva medición del INDEC a precios del 2004 la remuneración del trabajo asalariado llega al 51,40 % del producto bruto. Por caso, la nueva medición arroja en el año 2008 un guarismo inferior al de la serie con base 1993. (37, 8 %) Voy a recalcar que los resultados obtenidos con base 2004 no pueden compararse directamente con el resultado de otras series por razones de diferencias metodológicas. Estas series deberán ser empalmadas para poder cotejarse y brindar información relevante.
Este último guarismo publicado por el Instituto de Estadísticas, aunque no haya sido ensamblado a series anteriores, está entre los máximos de participación de los trabajadores en la distribución del ingreso en la Argentina. Sin abrir ningún juicio definitivo sobre la totalidad y la calidad de la nueva información estadística suministrada por el INDEC, lamentablemente bajo una justificada sospecha, la tendencia clara es a un incremento de la participación de la masa salarial en el ingreso desde 2003, la que, sin embargo, parece haberse estancado en la actualidad.
La medición de la participación de los trabajadores a través del salario en el ingreso es una de las maneras de captar el fenómeno de dicha distribución, resulta explicativa porque nos informa sobre la dinámica central del funcionamiento de la economía capitalista, es decir lo que perciben genéricamente el capital y el trabajo. No obstante ello, la información que brinda respecto a la equidad es insuficiente. Veamos porque
Tomo un ejemplo que debo al economista marxista argentino Rolado Astarita, un muy simple ejercicio numérico. Supongamos que partimos de una situación A en la cual existen en una economía 10 capitalistas que reciben en conjunto $ 2.000 y 100 obreros que también reciben en conjunto $ 2.000. El ingreso total de esa economía es de $ 4.000. ($ 2000 +$ 2000) Observamos muy simplemente que la participación de la masa salarial en el ingreso es del 50 %, igual que la participación de las ganancias de acuerdo a la distribución funcional del ingreso.
Considerando el número de capitalistas vemos que cada uno de ellos recibe $ 200 (2000 dividido 10). A su vez si tomamos en cuenta el número de trabajadores vemos que cada uno de ellos recibe $ 20. (2000/100). La participación en el ingreso es del 50 % para trabajo y capital como dijimos, según la distribución funcional del ingreso y la relación entre los ingresos de los capitalistas y los trabajadores es de 10 a 1, que es lo que se mide con la relación personal del ingreso y aclara más el panorama global.
La mencionada distribución personal del ingreso se obtiene dividiendo las personas o los hogares en deciles, es decir que se dividen la totalidad de los hogares en 10 de acuerdo a su nivel de ingreso. La igualdad o desigualdad que perciben unos en relación con los otros se mide a través del mencionado índice de Gini, que he citado, un indicador que varía de 1 a 0. Cuando se acerca a uno mide una desigualdad mayor, cuando se acerca a cero refleja una mayor equidad.
Dicho indicador se ubica en cerca del 0,38 desde el primer trimestre del 2011, lo que indica su estancamiento luego de la abrupta mejora producida a partir de los niveles del tercer trimestre del 2003, (como punto de partida) en 0,475.
La disminución de la desigualdad operada es consecuencia del efecto redistributivo del Estado implementado por el sistema de seguridad social, a través de la Asignación Universal por Hijo, el incremento de las asignaciones familiares del régimen general, la moratoria previsional, el incremento de las jubilaciones, los Planes Procrear. Esta fuerte intervención reduce en un monto absoluto de 0,10 (fuente Jorge Gaggero y Darìo Rossignolo de Cefid-ar y el CESE) la desigualdad de ingresos, que caso contrario, de no mediar la misma se ubicaría en los niveles del 2003. (0,475).
Como afirma Alfredo Zaiat, “el 10 por ciento de los hogares más pobres recibía transferencias monetarias de la Anses que equivalían al 14 por ciento de sus ingresos totales en 2003 saltando al 44 por ciento en la actualidad, mientras que el 10 por ciento más rico descendió del 11 al 8 por ciento. Esta orientación de la cobertura social tiene impacto en la reducción de la brecha de ingresos entre los más ricos y los más pobres. En términos comparativos, en 2003 el sistema de seguridad social tendía a ser neutro al no acortar distancias entre ricos y pobres. Ahora la reduce.”
Había expresado al inicio de la nota que la igualdad social es un camino que se construye. Los actuales niveles de participación de la masa salarial en el producto y de reducción de la brecha social vía la redistribución social del gasto son umbrales que deben seguir mejorándose. Un desafío para 2016.
Los discursos neoliberales que recorren el mercado electoral argentino son esquivos a plantear cómo encararían la distribución del ingreso o al mencionar las transferencias sociales, salvo la difusa noción de “transparencia” referida al uso de los recursos de ANSES.
Seamos claros entonces. La expresión “reducir el costo salarial” es el deseo de la ortodoxia. Esto implica menos para el trabajo y más para el capital, debilitando a los trabajadores y sus organizaciones. La expresión “cuidar la plata de los jubilados” sobre el uso del Fondo de Garantía de ANSES no tiene sentido en un sistema jubilatorio solidario y de reparto, el Fondo constituye un excedente cuya mejor utilización es acortar la brecha social mediante transferencias, no colocarlo en su totalidad en títulos públicos para ser explícitos. Estos discursos y quienes lo interpretan se transforman en la mayor amenaza futura del camino, largo y sinuoso (como decían los Beatles) de la igualdad.


