Internacionales

Los dichos del Bulldog Cameron sobre la guerra mantienen la solución de Malvinas en la perrera

Este conflicto sólo se resolverá al haber diálogo: es hora de que nuestro Primer Ministro y nuestro Secretario de Asuntos Exteriores demuestren madurez para enfrentar este hecho

Mark Donne. Traducción de Ana Vallorani Viernes 8 de febrero de 2013 Fuente: The Independent, Reino Unido     Esta semana, un político del gabinete argentino visitó el Reino Unido por primera vez en 15 años. Los observadores internacionales, que no están familiarizados con el clima político británico, pueden ser perdonados por asociar este acontecimiento a una distensión en las relaciones bilaterales. Muy por el contrario, de hecho, para entender la situación actual, los extranjeros aprenderían mucho más revisando los oscuros días de 1982: Me refiero por supuesto a las elecciones extraordinarias de Beaconsfield. En aquel entonces, mientras se avecinaba la turbulencia en el Atlántico Sur, un enérgico joven abogado llamado Tony Blair apuntó a un puesto parlamentario vacante en Buckinghamshire tras la muerte del titular conservador. El gobierno de Thatcher era en general impopular, y el disidente y sofisticado comunicador Blair tenía la oportunidad de pelear la victoria.   Pero mientras que en la campaña se golpeaban puertas y se besaban bebés, simultáneamente, el Reino Unido y la Argentina se acercaban a un conflicto armado, y luego lo concretaron, a raíz de la invasión de las Falklands o Islas Malvinas por la Junta gobernante argentina. En el umbral, la Campaña por el Desarme Nuclear (CND), que apoyaba a Blair, abrazó la necesidad de la diplomacia y la evitación de la guerra. Su rival conservador en el polo opuesto promovió el fuego y el azufre.   En esas calles engalanadas por la bandera Union Jack, el tradicional voto de protesta inter -eleccionario fue volátilmente sacudido y el porcentaje de votos laboristas se redujo de hecho a la mitad al llegar el día de la votación, el pobre joven candidato laborista incluso perdió su depósito. A partir de esta experiencia, Blair desarrolló rápidamente una táctica fundamental para conducir la psique colectiva británica y, más concretamente, el anillo maestro de los medios de comunicación. A pesar del desastroso resultado final que obtuvo Blair, David Cameron también parece suscribirse a este punto de vista táctico.   Volviendo  a 1982, la simpatía del público para hablar de la guerra era mucho más lógica. Nuestro puesto de avanzada en las islas había sido invadido por un agresor con la forma de un ejército gobernado por una dictadura militar. En la narrativa de los medios británicos (y, por lo tanto, en el corazón del público) el pastor imperial no puede simplemente abandonar sus ovejas que pastan a 8.700 millas a través de los océanos. Pero hoy en día, la belicosidad y la agresividad de la posición de Cameron es, al menos lógicamente, mucho más difícil de comprender.   Argentina en 2013  es una democracia pluralista con una pacífica y elegida cabeza de Estado. Es una nación del G-20, la tercera mayor economía de un muy importante y rápidamente emergente continente y una voz central y miembro fundador de todas las principales instituciones regionales e internacionales. Según el gobierno de Argentina de 2013: «no hay posibilidad alguna de que Argentina vaya a la guerra por las Islas Malvinas».   Entonces, ¿cuál es la amenaza que representa este país que sea tan grave como para que recientemente le motive a Cameron el  anunciar la voluntad frívola de ir a la guerra en cualquier momento? En una palabra, el diálogo.   El gobierno argentino – respaldado por 40 resoluciones de la ONU que llaman a los dos países a negociar la disputa de soberanía – ha pedido repetidamente por el diálogo sobre el futuro de la soberanía de las Malvinas / Falklands. Para mayor claridad (en términos del reclamo argentino), la soberanía no significa el desplazamiento de los habitantes actuales, de hecho, los derechos de los habitantes de las islas están consagrados en la Constitución argentina.   Eso significa que si durante las hipotéticas negociaciones se acordara una vía para devolverle la soberanía  de las Malvinas / Falklands a la nación que se encuentra justo enfrente (como la Isla de Wight frente a Inglaterra), los habitantes actuales tendrían su estilo de vida, identidad y derechos civiles protegidos por una constitución legal de una manera que en la actualidad los habitantes no británicos de las islas no lo tienen; a éstos ciudadanos no británicos de las Malvinas se les sigue negando el voto.   Dada la creciente importancia del Reino Unido y su economía para América Latina y la importancia de las buenas relaciones con la región en su conjunto – más unificada económicamente y políticamente ahora que en cualquier otro momento de la historia reciente – los agresivos y beligerantes alborotos del Reino Unido empiezan a parecerse menos a habladurías de patrioterismo y más a un auto-daño diplomático.   El gobierno británico felizmente negociaba plena soberanía con la anterior dictadura militar argentina durante muchos años, con todas las opciones sobre la mesa. Sin embargo, cuando su  apacible sucesor democrático ahora pide conversaciones bajo los términos que acuerda el derecho internacional, la perspectiva de la guerra está planteada por el Sr. Cameron con el más escalofriante desenfreno: » Por supuesto»   Las bravuconadas de Bullingdon y la diplomacia de megáfono no sólo reducen nuestras acciones y nuestra reputación internacional frente a importantes socios internacionales – todos los cuales, como Brasil, han llamado al Reino Unido a negociar con madurez con su vecino regional – sino que generan algo peor. Esta seguridad displicente y abstracta de un político que con indiferencia habla de la guerra, deshonra a los 255 soldados británicos que dieron su vida luchando con una junta militar, y de hecho también a los 264 veteranos de Malvinas que trágicamente se han suicidado desde su regreso a Gran Bretaña en 1982.   En este sentido, es hora de que Cameron y Hague crezcan y actúen en pos del amplio interés nacional, no de aquel interés estrecho y oportunista de una «popularidad» fugaz que creen que puede ser generada por el papel más que demente del patriotismo de Fleet Street. Se trata de una cuestión de soberanía, reconocida en el derecho internacional, que involucra a dos democracias civilizadas.   En realidad, por supuesto, su escalada probablemente se relaciona más con las actividades de las empresas de exploración petrolera que cotizan en Londres en busca de un área de recursos lucrativos que al honor de los caídos, o incluso a los 1.339 habitantes no militares de las Malvinas / Falklands, menos de un tercio de los cuales, por cierto, se consideran británicos.   Pero esto tiene que ser resuelto a través de un proceso pacífico y respetuoso. Mientras tanto, bien podemos presenciar hacia adelante la postura de bulldog post-colonial del gobierno del Reino Unido. Si lo hacemos, la pregunta planteada por el general británico (en respuesta  al envío de Cameron del príncipe Guillermo a las islas el año pasado) que realmente dio la orden de hundir al Belgrano en el año 1982 será cada vez más pertinente: «¿Qué demonios están intentando lograr?»