Dieciséis años han pasado desde que el socialista Hugo Chávez fue elegido como presidente en Venezuela, marcando el inicio de un giro político a la izquierda en toda América del Sur. En los últimos años, algunos analistas predijeron que la subsiguiente «marea rosa» de gobiernos de izquierda en la región pronto podría retroceder. Pero las tendencias de voto actuales cuentan una historia diferente.
En Brasil, la presidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores ahuyentó un fuerte desafío para asegurar la reelección el mes pasado. Apenas unos días antes, en Bolivia, el presidente Evo Morales, que fue quizás el más cercano aliado de Chávez, ganó fácilmente un tercer mandato en el cargo. En el vecino Chile, los votantes descontentos con cuatro años de un gobierno de centro-derecha, eligieron como presidente a la izquierdista Michelle Bachelet para su segundo mandato no consecutivo.
Y en Uruguay, se espera que Tabaré Vázquez, candidato del Frente Amplio, una coalición de centro-izquierda que ha gobernado durante una década, gane cómodamente este fin de semana una segunda vuelta.
La actual fórmula de la izquierda para el éxito ha sido una combinación de crecimiento económico, impulsado por las exportaciones de materias primas como la soja y el petróleo, y un enfoque en mejorar la vida de los pobres, a través de la redistribución de la riqueza y los programas sociales. Pero también ha sufrido golpes recientes, como la elección de un magnate de los negocios en Paraguay el año pasado, después de que el presidente izquierdista Fernando Lugo, que había prometido la reforma agraria para los campesinos, fue derrocado en un golpe de Estado parlamentario.
Cuando el ex presidente Chávez murió el año pasado, los gobiernos de izquierda en toda América también perdieron a su líder más carismático y radical. Pero la capacidad de resistencia de los gobiernos de izquierda apunta al enorme progreso en el alivio de la pobreza, mientras que en general prefieren la moderación a la agitación, y resistir la confrontación seria con los EE.UU.. Los líderes izquierdistas han disfrutado de tanto éxito que incluso los candidatos conservadores se están dando cuenta que necesitan moverse al centro para competir.
«La marea rosa ha perdurado porque los partidos conservadores no son confiables para mantener el progreso social», dice Michael Shifter, presidente de Diálogo Interamericano, un grupo político de Washington, en referencia a las campañas de reducción de la pobreza de gran alcance de los gobiernos de izquierda. «Esa ha sido la historia de la última década.»
Tras la elección de Chávez en 1998, la región se transformó. La tasa de pobreza en América Latina y el Caribe se redujo del 42 por ciento en 2000 al 25 por ciento en 2012, según el Banco Mundial. Y hoy, por primera vez, la clase media supera a los pobres.
Debido a estos éxitos, muchos partidos de derecha de la oposición son reacios a diluir las políticas de lucha contra la pobreza. El candidato presidencial brasileño conservador Aécio Neves, por ejemplo, dijo durante su campaña que no iba a reducir el gasto de la presidenta Rousseff en las prestaciones sociales. En Venezuela, Henrique Capriles, que perdió ante Chávez en 2012 y ante su sucesor, Nicolás Maduro, el año pasado, también se comprometió a no desmantelar los programas sociales para los pobres. En Argentina, los candidatos presidenciales que se posicionan para las elecciones del próximo año dicen que van a mantener los programas de seguridad social – como un subsidio familiar por hijo – que han sido una piedra angular de la política del gobierno durante una década.
También en Uruguay, el oponente de Vázquez para el 30 de noviembre, Luis Lacalle Pou, ha hecho una promesa similar. Él es candidato por uno de los dos partidos tradicionales del país, ambos de centro-derecha. Debido a los avances logrados en el marco del Frente Amplio – se ha reducido la pobreza del 40 por ciento a menos del 12 por ciento – la única manera que pueden arrebatar nuevamente el poder es «reconfigurando sus [antiguas] doctrinas», dice Agustín Canzani, analista político en Montevideo.
«Creo que es muy poco probable que haya gobiernos de derecha [alguna otra vez], en el sentido clásico, en América Latina», dice el presidente José Mujica de Uruguay, en una entrevista con The Christian Science Monitor. El presidente Mujica fue constitucionalmente impedido de postularse para un segundo mandato consecutivo. «Todos estamos permanentemente preocupados por la desigualdad», dice acerca de los líderes políticos de la región.
Pero algunos de los gobiernos de izquierda, como los de Venezuela, Ecuador y Bolivia, han sido acusados de autoritarismo – ya sea porque han buscado enmiendas constitucionales para ampliar o eliminar los límites del mandato presidencial, o porque han tomado represalias contra los medios de comunicación críticos.
Otros acusan a estas administraciones de no llegar lo suficientemente lejos dentro de la izquierda. A pesar de su feroz retórica, nacionalizaciones, y el gasto en programas contra la pobreza, por ejemplo, el presidente Morales ha sido criticado por favorecer a una economía de mercado. Mujica, quien dice que alimenta al capitalismo por lo que entonces podía redistribuir sus riquezas, tiene también a los uruguayos enfurecidos que esperaban reformas más radicales porque había sido un guerrillero de izquierda.
«Se hacen llamar de izquierda, pero lo único que hacen es mostrar los dientes», dice Gonzalo Acosta, de 57 años, que vende libros usados de su stand en una plaza del centro de Buenos Aires. «No ha habido revoluciones reales.» Sin embargo, tras los fracasos dramáticos en la década del ‘90 de las políticas del Consenso de Washington – que incluían la liberalización del comercio, las privatizaciones y la desregulación de la economía – para muchas personas las mejoras graduales son suficientes.
«Si se compara la región de hoy con la de hace 15 años, está mejor en todos los indicadores económicos y sociales», dice Mark Weisbrot, director del Centro para la Investigación Económica y Política en Washington que escribe regularmente sobre América Latina. «Creo que [los gobiernos de izquierda] durarán mucho más tiempo.»
Por Jonathan Gilbert. Traducción de Ana Vallorani
Fuente: CSMonitor, EE.UU.
29 de noviembre de 2014


