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Estados Unidos: Una polémica resolución judicial reaviva las tensiones raciales

La absolución judicial de un vigilante civil blanco que mató a un adolescente negro que sólo llevaba caramelos y una gaseosa enfrenta por estas horas a los Estados Unidos con sus viejos fantasmas de discriminación racial y abuso de armas.

El malestar y la tensión social alcanzaron tal intensidad en algunas regiones que hasta el presidente Barack Obama se vio obligado a intervenir para pedir calma a la población.»El jurado ha hablado y lo que importa ahora es abrir un período de serena reflexión», dijo el presidente demócrata en un mensaje no programado con el que no sólo aludió a la delicada cuestión racial, sino que, de paso, intentó orientar la atención hacia su fallida campaña para reducir la tenencia de armas en manos de civiles.

Ninguno de los dos puntos parecía tener respuesta inmediata, mientras la ira se extendía por varios sectores del país y redoblaban los llamados a la serenidad desde iglesias y centros civiles.Muchas de las protestas fueron pacíficas, pero en algunas regiones hubo destrozos y ataques deliberados. Entre ellas, en la ciudad californiana de Oakland, donde un centenar de jóvenes tomaron como blanco las oficinas del diario local Oakland Tribune, del que rompieron ventanales y elementos de la fachada.

Hubo quema de llantas y cócteles incendiarios en varios puntos del país. Anoche, cientos de personas marchaban en el barrio neoyorquino de Harlem. Otros tantos se congregaron en la céntrica Union Square. La ciudad de Miami fue otro de los centros, con marchas y discursos de activistas.

Todo comenzó apenas se supo que, muy lejos de allí y por unanimidad, un jurado de seis mujeres había declarado inocente y libre de toda culpa a George Zimmerman, un joven de 29 años que mató de un balazo en el pecho al adolescente afro- americano Trayvon Martin.Los hechos ocurrieron en una lluviosa noche de febrero del año pasado, cuando Trayvon, de 17 años, merodeaba por el barrio residencial donde Zimmerman actuaba como vigilante civil voluntario.

El caso dividió a la sociedad norteamericana, ante lo que muchos entendieron como una prueba más de que «la justicia es sólo para los blancos». Zimmerman dijo que disparó a Martin en «defensa propia». La evidencia probó que el adolescente sólo llevaba un paquete de caramelos y un refresco cuando se encontró con el vigilante.

Por más de tres semanas se prolongó el juicio oral que ventiló el caso. Imposible no enterarse: las cadenas más importantes transmitieron en directo desde la sala de audiencias, donde el principal debate se centró en tratar de determinar quién había empezado el forcejeo y quién atacó a quién. Lo cierto es que no hubo testigos directos de los hechos y, pese a los esfuerzos de la fiscalía por demostrar lo contrario, el jurado entendió que no había elementos que condenaran a Zimmerman.

El vigilante contó en su favor con el amparo de una controvertida legislación regional que potencia la posibilidad de ataque en defensa propia al extremo de que permite ejercerla incluso ante «el sólo temor a la sensación de que se podría ser atacado».

«Su vida nunca, nunca volverá a ser igual», dijo Mark O’Mara, el abogado que lo defendió. «Zimmerman tiene ahora más motivos para pensar que hay gente que quiere matarlo porque todo el día, en las redes sociales, aparece esa idea», alertó el letrado.

Una de las más activas es la Asociación Nacional para el Progreso de las Personas de Color (Naacp, por sus siglas en inglés), que quiere que el Departamento de Justicia «tome el caso» y presente cargos por violación de los derechos civiles, en referencia a la sospecha de que hubo prejuicio racial. «Es casi seguro que lo lograremos», dijo su titular, Ben Jealou.