Escribe Guillermo RofféNadie imaginaba entonces la dimensión que esa niñita tendría más adelante en el imaginario colectivo de las masas trabajadores a las que dedicaría su vida. Quince años más tarde comienzan a girar las ruedas del destino hasta alcanzar velocidad de vértigo: El verano porteño castigaba desde temprano las fatigadas estructuras de la estación de ferrocarril aquel enero de 1935. Al vapor de las viejas locomotoras inglesas se sumaba un sol inclemente que penetraba por entre los hierros de la inmensa nave de vidrios grasosos…Una masa heterogénea de viajeros del interior trajinaban dificultosamente con sus humildes bártulos; jaulas de mimbre y valijas de cartón atadas con sisal.Entre ellos, una chiquilla de apenas quince años, posaba por primera vez sus pies es esta ciudad que la recibiría como a una inmigrante desposeída y poco, muy poco tiempo después, la entronizaría en la cúspide del amor y del odio de millones de personas. Pero en ese momento, sólo su hermano mayor, buscavidas y tarambana, la esperaba para introducirla en círculos menos sencillos que los de su querido pueblo.Tal vez allí comenzaba a tomar forma uno de los grandes mitos contemporáneos…tal vez la fama, quizás el poder…seguramente la inmortalidad.Mito y realidad se entremezclan en un crisol que terminaría mostrando las dos caras de una misma moneda; el odio de los poderosos que hacía de esta mujer excepcional el blanco de todas sus diatribas y el amor de los trabajadores que llegaron a adorarla como el ser al que percibían como la solución a sus problemas de explotación y miseria. Odio y amor. Los dos términos antagónicos que signaron la vida del país durante esos cortos años.Pero eso fue un poco después. En 1935 apenas comenzaba su desesperada lucha por la vida. Punto inicial de una parábola que años después completaría el arco definitivo en el punto en que esta historia comienza: luchando por la vida, tan frágil y tan pequeña como cuando llegó a los quince años. Pero era una lucha que perdería tempranamente. En el medio, la exaltación y la gloria, la furia de las manos y el poder. Cuerda tensada al máximo, flecha disparada con el arco de la historia. María Eva Duarte, María Eva Duarte de Perón, Evita fue a la vez constructora tenaz de su destino y liviana barca en la tempestad de un mundo en pleno cambioArtista o mera actriz, pero ya con un nombre, cruza su vida con el naciente líder de nuestro país…La solidaridad como bandera la lleva a alcanzar su puesto junto al entonces Coronel Perón . A partir de ese momento el tiempo alcanza otra dimensión; abanderada de los humildes, Jefa Espiritual de la Nación…eran superlativos que se mezclaban con los epítetos más crudos que los sectores privilegiados usaban para nombrarla.Después, la historia conocida y resguardada por el pueblo; En la multitudinaria concentración en la Avenida 9 de Julio el 22 de agosto de 1951 el pueblo le pide que acepte la candidatura a la Vicepresidencia de la Nación. Estragado su cuerpo por un cáncer, pide tiempo para reflexionar y el 31 de ese mes, en un mensaje radial, dice su discurso de renunciamiento, el final, más confirmado que presentido la lleva unos meses más tarde a dirigirse a sus descamisados como los llamaba, en términos que siempre fueron considerados como su testamento final.A las 20,25 del 26 de julio de 1952, muere María Eva Duarte de Perón. Evita. La niñita que 33 años antes vio la luz en su pueblo de Los Toldos y que hoy es reverenciada por la mayoría de este pueblo que amó y con el cual se identificó hasta el sacrificio.
Evita; la huella imborrable de su paso por la historia
Hace exactamente 92 años en un pequeño pueblo llamado Los Toldos nacía una niña que estaría destinada a cambiar la mirada que el pueblo de este país tenía sobre sí mismo.


