Miles de personas se concentraron en la puerta de la iglesia de Nuestra Señora de Balvanera. Todos querían llegar a tocar la imagen de San Expedito, en su día. En los últimos años, este santo se volvió muy popular en nuestro país, producto de la difusión boca a boca de los poderes milagrosos que se le atribuyen.
Al igual que ocurre cada 7 de agosto en el santuario de San Cayetano, en el barrio porteño de Liniers, las puertas de la iglesia de Balvanera se abren la medianoche anterior. Y como ocurre también con ocasión de la festividad del patrono del pan y del trabajo, se forman largas colas. La de ayer llegó a abarcar a media tarde unas diez cuadras. El paso de fieles fue incesante a lo largo de las casi 24 horas que estuvo abierto el templo . Incluso, en la tarde anterior, ya había devotos esperando estar entre los primeros en ingresar.
Impresionaba la pasión y, sobre todo, la emotividad de la gente que se acercaba a la iglesia. . A muchos se les caían las lágrimas al paso de la imagen de San Expedito, durante la procesión que se realizó por las calles aledañas al promediar la tarde, presidida por el párroco, Juan Carlos Ares. Los ruegos se mezclaban con los agradecimientos al santo. Muchos decían que decidieron venir porque un familiar o un amigo le habían hablado de lo milagroso que es el santo. Las misas durante todo el día completaron la celebración de la festividad. “Vengo todos los años porque San Expedito ayudó a mi hijo a salir de una grave enfermedad”, relataba Carmen, una fiel que se acercó desde el barrio de Flores.
Según la tradición, Expedito era un militar de una familia patricia que comandaba legiones romanas en Armenia. Pese a su buena posición en un imperio que por entonces combatía al cristianismo, decidió convertirse y entonces se le apareció un cuervo que le dijo “mañana” y él respondió “hoy”, y lo pisoteó. Murió mártir durante la persecución de Diocleciano.



