En un comunicado conjunto, emitido en La Habana, sede del proceso de paz, anunciaron que coincidieron en cuestiones relativas al «acceso y uso de la tierra, manejo de tierras improductivas, formalización de la propiedad, frontera agrícola y protección de zonas de reserva», entre otras.
«Es el inicio de transformaciones radicales de la realidad rural y agraria de Colombia, con equidad y democracia», reza otro aparte de la declaración conjunta. Aunque no se conocen aún los detalles del documento, parece ser un largo listado de buenas intenciones para permitir el progreso del campo colombiano igual al que suelen hacer los candidatos en campaña porque incluyen desde promesas de mejores en educación a construcción de carreteras o acceso a la tierra de los agricultores más pobres.
En todo caso, consiguieron cerrar un punto de las conversaciones y anunciar el inicio para el 10 de junio del segundo, el concerniente a la participación política de la guerrilla y otros movimientos.
El jefe del equipo negociador del gobierno, Humberto de la Calle, recordó que «nada está acordado hasta que todo esté acordado», en referencia a que sólo al concluir las negociaciones sobre toda la agenda se podrá hablar de una salida pacífica al conflicto armado de más de medio siglo.
Asimismo, a diferencia del Presidente Santos y algunos de sus ministros, que satanizan a quienes se oponen a distintos aspectos del proceso de paz, consideró positivas las críticas y garantizó que será el pueblo colombiano el que tendrá que refrendar el acuerdo final si lo consiguen. El presidente Juan Manuel Santos aplaudió el paso dado, vía twitter, y aseguró que seguirá adelante con «prudencia».
En cuanto se conoció la noticia, salieron distintas voces a celebrar el avance y coincidir con el gobierno en que se trata de un hecho sin precedentes el que la banda terrorista y el Ejecutivo coincidan en trabajar de manera conjunta en el desarrollo agrario, ya que fue precisamente el atraso del campo el origen del surgimiento de las guerrillas en los sesenta.
Pese al optimismo reinante, aún hay demasiados nubarrones en el horizonte por diferencias profundas sobre la explotación minera, la tenencia de la tierra o el reconocimiento de las FARC de que ellos son uno de los causantes del desplazamiento de millones de campesinos o que acapararon tierras en sus zonas de influencia a golpe de fusil y las tienen a nombre de sus testaferros, temas que tendrán que abordar más adelante.
Pero el paso dado es un signo de que hay voluntad por ambas partes de seguir adelante aunque cada uno a un ritmo. El Gobierno quisiera correr para acabar este mismo año, y las FARC no tienen ninguna prisa, como sus mandos se cansan en repetir.


