El primer atentado ocurrió en el pueblo Qobat, una localidad de mayoría chiíta en la provincia norteña de Ninive, lindante con la convulsionada y también violenta Siria, según informaron a la agencia de noticias EFE fuentes policiales y del Ministerio del Interior iraquí.
Un coche bomba explotó durante la mañana frente a una escuela primaria del pequeño pueblo de 200 habitantes, en donde decenas de niños de 6 a 12 años estudiaban.
Según el intendente Abdul Aal al Obeidi, 12 niños y el director de la escuela murieron, otras 90 personas resultaron heridas y parte del edificio colapsó.
Minutos después, otro coche bomba explotó cerca de la estación de policía del pueblo vecino de Tal Afar, matando a dos oficiales.
«Nosotros e Irak estamos plagados de combatientes de Al Qaeda. Es una tragedia. Estos niños inocentes estaban aquí estudiando. ¿Qué pecados cometieron?», se preguntó el intendente Al Obeidi.
Esa región iraquí se convirtió en una zona de fuerte presencia de extremistas sunnitas, especialmente desde el comienzo de la guerra civil en el país vecino de Siria entre el gobierno de Bashar Al Assad y un frente heterogéneo de milicias sunnitas.
Ningún grupo o milicia se adjudicó la autoría de estos atentados, sin embargo, los ataques se enmarcan dentro de una ola de violencia sectaria, especialmente de sunnitas contra chiítas
Más tarde, en la capital iraquí, al menos 12 personas perdieron hoy la vida y 25 resultaron heridas en otro atentado suicida contra un grupo de peregrinos chiítas que caminaban por el barrio de Al Qahira, en el norte de Bagdad.
La columna de religiosos se dirigía al distrito de Al Kazemiya, también en el norte, para participar en la conmemoración de la muerte del imán chiíta Mohamed al Yauad (811-835), cuyo mausoleo se encuentra en esa zona.
Se trató de la segunda vez en menos de 24 horas que un atacante suicida logra superar los controles de seguridad e inmolarse en medio de una peregrinación chiíta a un lugar santo en Irak.
Anoche, al menos 51 personas murieron y 110 resultaron heridas en un ataque suicida contra peregrinos chiítas en Al Kazemiya, un barrio de mayoría sunnita, no muy lejos de donde hizo explotar hoy su chaleco de explosivos el atacante.
Ningún grupo o milicia se adjudicó la autoría de estos atentados, sin embargo, los ataques se enmarcan dentro de una ola de violencia sectaria, especialmente de sunnitas contra chiítas, que escaló en los últimos meses, sobre todo después de la retirada de las tropas estadounidenses hace un año y medio.
Muchos sunnitas que pertenecían a la elite de poder durante el gobierno del derrocado y asesinado Saddam Hussein, se sienten ahora perjudicados por la actual gestión que conduce el primer ministro chiíta, Nuri al Maliki.
Según la Misión de Naciones Unidas para Irak, el mes pasado 979 personas murieron en actos de violencia en el país, mientras que en agosto pasado la cifra fue un poco menor: 804.
En lo que va de octubre, los muertos ya ascienden a 135.

