Jorge Di Pasquale, Pepe Azcurra, Alfredo Ferraresi, Horacio Mujica, y tantos otros formaban parte del Sindicato de Farmacia luchando por el regreso de “Perón y el Pueblo al poder”, como anunciaban las consignas de aquellos tiempos.
Alfredo Ferraresi ya se caracterizaba por su carácter tranquilo pero firme ante cualquier injusticia. Heredero, como Di Pasquale y el resto de compañeros de Farmacia, de una historia increíble de compromiso militante, de internacionalismo solidario, que hizo que el gremio fuera en los años calientes de la lucha antifranquista, un bastión de apoyo a los luchadores republicanos, enviando medicamentos y hasta brigadistas.
Luego vino el peronismo, y como contaba “Don Alfredo” (así le decían), él se dio cuenta que allí nacía un nuevo camino de restauración revolucionaria que por sobre todas las cosas incluía como protagonista a la clase trabajadora. Así fue que desde su empleo en una farmacia de barrio, comenzó a darse cuenta que la adhesión a ese Movimiento aun incipiente, no era sólo cuestión de palabras sino que había que poner el cuerpo.
Don Alfredo era un soldado disciplinado de la Resistencia, un peronista de los de abajo, sin dobleces ni especulaciones. De aquellos a lo que Evita consideraba como imprescindibles. Sindicalista antiburocrático hasta la médula, siempre prefirió -junto con Raimundo Ongaro y la CGT de los Argentinos- «honra sin sindicatos, que sindicatos sin honra».
Ferraresi acompañó el júbilo popular del 11 de marzo de 1973 y esos primeros meses del gobierno de Héctor Cámpora, y no dudó en enfrentar la derechización del peronismo, cuando una banda facciosa en la que se alineaban Isabel Martínez, José López Rega y otros de su calaña, se hicieron con el gobierno. Esas definiciones y otras muchas lo fueron convirtiendo a Don Alfredo en un grande del campo popular y una figura de consulta para quienes dudaban del camino a seguir en tales difíciles circunstancias.
Como era previsible, un buen día, en marzo de 1976, el cielo se nubló definitivamente y los miltares caminaron a destajo por las calles del país, generando terror y muerte. Pero incluso en esas circunstancias límites, Farmarcia nunca dejó de ser el lugar donde, sin ningún tipo de sectarismos, el peronismo y la izquierda revolucionaria encontraron su refugio y su cobijo. Luego sobrevino el secuestro y asesinato de Jorge Di Pasquale, creando un momento que fue de inflexión y que asestó un golpe tremendo al corazón de hombres como Ferraresi, quien sin embargo, siguió luchando como siempre.
Jamás abandonó la actividad sindical ni su puesto de mando en lo que ahora es la Asociación de Empleados de Farmacia, Nunca dejó de recibir a quienes lo necesitaban, tanto para hablar «qué se puede hacer» por los compañeros presos (a lo largo de todos estos años) o de homenajear la memoria de los 30 mil desaparecidos y los mártires de la Resistencia Peronista.



