La noticia que conmociona al mundo entero fue anunciada por el mandatario de Sudáfrica, Jacob Zuma.»Esta nación ha perdido un gran hijo», manifestó.
En 1948, Sudáfrica se convirtió en un país donde 80% de sus habitantes –cerca de 3 millones de personas– solo podían vivir en 13% del total del territorio, y si necesitaban pasar de un lado a otro, debían portar un pasaporte con permisos especiales para hacerlo. Esto lo logró el gobierno gracias a una trampa legal: la creación de los Bantustán, una serie de territorios que se crearon como reservas tribales para quitarle la ciudadanía sudafricana a la mayoría negra del país.
Pero un hombre de uno de estos enclaves étnicos se convertiría en el gran héroe de la derrota de ese régimen racista. Para lograrlo, tendría que vivir en la clandestinidad y sufrir 27 años de cautiverio, donde no le permitían, entre otras cosas, usar zapatos. Por eso, al salir, no supo cómo anudarlos.
‘Tata Madiba’, como era cariñosamente llamado por sus compatriotas, fue un referente mundial en la defensa de los derechos humanos. Nacido el 18 de julio de 1918 en Mvezo, antiguo Transkei, hoy provincia oriental del Cabo, Sudáfrica, Nelson Rolihlahla Mandela no sólo llamó la atención por su carisma, sino por su templanza en su compromiso con la justicia, sus mensajes de reconciliación y defensa de la democracia.
El expresidente sudafricano, premio Nobel de Paz en 1993, acabó con el apartheid en los 90, tras 67 años de lucha contra un movimiento de segregación racial impuesto por los ‘afrikaners’, descendientes de británicos y holandeses residentes en Sudáfrica, contra los afrodescendientes, indios y mestizos.
Mandela fue el prisionero número 466/64 de esta cárcel –es decir, el prisionero número 466 de 1964–, que fue utilizada como lugar de reclusión para los presos políticos del apartheid. La única vista de su celda, en la que pasó 18 años de encarcelamiento, fueron los barrotes de las ventanas. Las visitas estaban prohibidas y el tiempo que tenían al aire libre lo pasaban picando piedra.
El 7 de diciembre de 1988, luego de una cirugía de próstata y de padecer tuberculosis, fue trasladado a la cárcel Víctor Verster, en donde terminaría de confirmar sus convicciones sobre la necesidad de reconciliarse y perdonar, incluso a quienes lo tuvieron preso más de un cuarto de siglo.
El 11 de febrero de 1990 Mandela, de 71 años, salió de prisión cuando el entonces presidente sudafricano, Frederik Willem de Klerk, el último mandatario blanco de dicha nación, levantó los cargos contra él y otros integrantes de distintos movimientos de liberación tras varias negociaciones. “Al fin libres, al fin libres”, fueron sus primeras palabras.
El 27 de mayo de 1994, luego de ganar las elecciones con el 62% de los votos, Mandela se posesionó como el primer presidente negro de Sudáfrica. Como vicepresidente nombró al exmandatario de Klerk. Así iniciaba el primer gobierno de unidad racial en el país africano.
«De la experiencia de un desastre humano que ha durado demasiado ha de nacer una sociedad de la que toda la humanidad se sienta orgullosa… Hemos logrado por fin nuestra emancipación política. Nos comprometemos a liberar a nuestro pueblo de las cadenas de la pobreza, las privaciones, el sufrimiento, el género y cualquier otra discriminación…Que reine la libertad. ¡Que Dios bendiga a Africa!», dijo Mandela en su posesión.
En sus más de trece mil días en prisión, Mandela entendió que la clave para la reconciliación de su país era el perdón, acompañado de un compromiso para no olvidar. “Fue en la cárcel en donde realmente aprecié el valor de la memoria”, sostiene en el libro ‘Nelson Mandela, conversaciones conmigo mismo’.
Luego de un gobierno que despertó la admiración mundial por su capacidad de reconciliación, Mandela, graduado en derecho de la Universidad Witwatersrand, fue diagnosticado con cáncer de próstata en el 2001 y el primero de junio del 2004 anunció su retiro de la vida pública. A partir de entonces el mundo centró su atención en él en repetidas ocasiones por sus ingresos a centros de salud.
“Nelson Mandela es un ciudadano global ejemplar debido a su devoción para hacer de su país una sociedad democrática y multirracial… Su sacrificio no solo sirvió a su pueblo en Sudáfrica, sino que hizo que el planeta fuera mejor para todo el mundo, en todos los sitios”, sostuvo el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, en la celebración del cumpleaños 91 del exmandatario.
Incluso, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, nación que hasta el 2008 mantuvo a Mandela dentro de su lista de terroristas, destacó en su momento la “extraordinaria visión” del líder sudafricano, así como su “liderazgo y espíritu”.
La salud del expresidente venía en franco deterioro por problemas respiratorios y dolores abdominales. El mundo se rindió ante sus pies cuando apareció, acompañado de su tercera esposa, Graça Machel, en medio de las ovaciones de 85 mil espectadores que llenaban el estadio Soccer City, en la clausura del mundial de fútbol Sudáfrica 2010.
Su última aparición pública fue el 30 de mayo del 2012 en la televisión sudafricana.
Mandela, quien desde su salida del poder se dedicó a la promoción de los derechos humanos y a la lucha contra el sida, entre otros, no estuvo alejado de polémicas a lo largo de su vida pública y política. Aparte de las críticas por el uso de la violencia del movimiento armado del Congreso Nacional Africano para liberar a los países africanos, su amistad con el líder cubano Fidel Castro generó controversia.
Dicha relación fue cercana porque entre 1975 y 1990 Cuba envió más de 350.000 soldados para que combatieran en el continente africano contra los Ejércitos partidarios del apartheid y el colonialismo. Gracias al apoyo de Castro, países como Namibia lograron su independencia.
«Aquellos sudafricanos que me han criticado por ser leal a viejos amigos, bueno, pueden irse y tirarse al agua. No voy a traicionar la confianza de aquellos que nos ayudaron», sostuvo Mandela en relación con la oposición de algunos de sus compatriotas a su amistad con el líder comunista.
Por su parte, Castro nunca se cansó de elogiar al líder sudafricano. “Nada pudieron contra el acero de tu resistencia, la calumnia y el odio. Supiste resistir y, sin saberlo ni buscarlo, te convertiste en símbolo de lo más noble de la humanidad”, escribió el cubano en un mensaje de felicitación por los 90 años del africano.
Mandela realizó una visita a Cuba en julio de 1991, en la que recibió la más alta condecoración cubana, la orden José Martí. Tres años más tarde, Fidel asistió a la posesión como presidente de su “viejo amigo”.
Algunos sectores sudafricanos cuestionaron que durante el mandato de ‘Tata Madiba’ no hubo una política efectiva que redujera los altos índices de pobreza extrema. También fue cuestionado por mantener a ministros acusados de corrupción e incompetencia.
Pero, pese a que Mandela tuvo que enfrentar la violencia de grupos extremistas de supremacía blanca que se rehusaban a reconocer a un presidente negro, opositores y simpatizantes reconocen su capacidad para liderar a su nación hacia la reconciliación. Su despego por el poder, su sincero perdón hacia quienes los persiguieron por su color de piel y sus creencias, así como su talante para mantener la inversión de multinacionales que jalonaban la economía sudafricana, hicieron de Nelson Mandela una de las figuras más importantes de la historia contemporánea de la humanidad.


