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En el norte celebraron el Día de los muertos

Miles de jujeños y la comunidad boliviana acudieron ayer a los cementerios públicos y privados para recordar a sus fieles difuntos. Luego del mediodía, compartieron en los hogares las ofrendas que se colocaron en altares familiares con la comida y las bebidas que les gustaba a sus seres queridos.

Miles de jujeños acudieron ayer a los cementerios públicos y privados para recordar a sus fieles difuntos y luego del mediodía compartieron en los hogares las ofrendas que se colocaron en altares familiares con la comida y las bebidas que les gustaba a sus seres queridos, esperando las visitas de sus almas.

 

El obispo de Jujuy, César Fernández, celebró la misa por los fieles difuntos en el cementerio El Salvador frente a la cruz mayor, ubicada en el interior del cementerio.

 

El Obispo exhortó a orar «por el descanso eterno» y señaló que las ofrendas que se hacen por los fallecidos «colaboran con la comunión de los fieles con sus difuntos» la iglesia las acepta. El sacerdote también pidió a los presentes una oración por los difuntos olvidados.

 

En el lugar y en los momentos que no llovía, se encendieron cientos de velas que ardieron hasta dejar un manto de cebo y cera en el lugar.

 

El cementerio más visitado, por ser el más antiguo, fue el Del Salvador, ubicado prácticamente en la unión de los ríos Xibi Xibi y Grande, donde se instalaron puestos fijos y ambulantes de flores como lágrimas de la virgen, claveles y clavelinas, alverjillas, crisantemos y calas.

 

En el cementerio El Salvador se encuentra la tumba de Visitación Sivila de Salazar, que fue asesinada en 1908 por Leonardo Condorí, al negarse a sus deseos, que es la más visitada durante todo el año.

 

En una jornada como la de hoy, los visitantes les llevan flores naturales, coronas de flores de papel, se encienden velas y se dejan promesas para recibir la ayuda de la difunta que ha sido elevada a la condición de mito popular.

 

En muchos hogares, las familias participan de fiestas íntimas o también con vecinos y amigos del ser querido, en las que los participantes comen, beben y bailan, y también se hace música con instrumentos andinos y también coquean.