Por Gideon Long. Traducción de Ana Vallorani
La disputa data de finales del siglo 19, cuando Chile fue a la guerra con las fuerzas conjuntas de Perú y Bolivia. La guerra fue provocada por una disputa sobre los impuestos de la industria salitrera, una fuente importante de ingresos para los chilenos que trabajaban en lo que entonces era territorio boliviano.
Chile ganó la guerra y se anexó 120.000 kilómetros cuadrados de tierra boliviana, un área aproximadamente del tamaño de Grecia. Bolivia perdió 400 kms de costa como resultado y ha estado sin salida al mar desde entonces.
Los dos países firmaron un tratado de paz en 1904. Bajo sus términos, Chile accedió a compensar a Bolivia por la pérdida de tierras y a darle acceso a los puertos chilenos. Los chilenos también acordaron construir un ferrocarril desde el puerto de Arica a La Paz.
Sin embargo, el presidente de Bolivia, Evo Morales dice que el Tratado de 1904 fue impuesto de hecho por el cañón de un arma. Él pide que éste se suprima o modifique para dar a Bolivia la soberanía sobre la tierra que alguna vez fue suya. Esa es la esencia del caso que presenta Bolivia en La Haya.
Diferencias mutuas
Para echar sal en las heridas bolivianas, las tierras en disputa han demostrado ser muy valiosas para Chile. Las plantas de sal desde hace mucho tiempo cerradas, han sido sustituidas por algunas de las minas de cobre más grandes del mundo.
Los chilenos dicen que están dispuestos a hablar con sus vecinos del norte por el acceso costero, pero en ningún caso van a ceder soberanía. Las encuestas de opinión muestran consistentemente que la mayoría de los chilenos apoyan esa postura.
Las relaciones entre ambos países han sido pobres durante décadas. Salvo por un breve período en la década de 1970, no han mantenido relaciones diplomáticas plenas durante unos 60 años. No hay embajador boliviano en Santiago ni embajador chileno en La Paz.
Ha habido algunos intentos de acercamiento. El más importante fue el acuerdo de un plan de 13 puntos, diseñado para resolver las diferencias mutuas. Ese plan sigue sobre la mesa en teoría, pero se ha abandonado en la práctica mientras las posiciones se han endurecido.
«Tenemos que volver al plan de 13 puntos. El proceso de discusión fue interrumpido por el actual gobierno de Chile», dice Gabriel Gaspar, analista de relaciones internacionales de la Fundación 21, un grupo de expertos de Santiago. «Ambos gobiernos tienen que explicar por qué ese proceso se ha detenido.»
Ambos países se beneficiarían de un acuerdo, en particular en términos de la cooperación energética. Bolivia es rica en gas natural, pero se niega a venderlo a Chile, que es energéticamente pobre. Si los chilenos pudieran comprarle combustible a Bolivia, esto les allanaría el camino para aliviar sus problemas energéticos y les daría a los bolivianos una importante fuente de ingresos.
Los países también han discutido sobre los derechos al agua. Disputan el acceso al río Silala, que nace en Bolivia pero fluye por los Andes en lo que hoy es Chile.
Los bolivianos aún tienen acceso preferencial a los puertos del norte de Chile, y exportan sus productos a través de Arica y Antofagasta. Pero Morales se ha quejado de que los chilenos han incumplido los acuerdos para darle acceso a Bolivia a puertos más al sur en la larga costa del Pacífico chileno.
Espectáculo
En los últimos meses, la controversia se ha sumido en poco más que un intercambio de insultos. En diciembre, el vicepresidente boliviano, Alvaro García describió a Chile como «el chico malo del barrio» y como «inamistoso, provocador y agresivo».
Morales llegó a Santiago en enero para una reunión de líderes latinoamericanos y dedicó su discurso a reprender a Chile. El presidente chileno Sebastián Piñera respondió del mismo modo, diciéndole a su homólogo boliviano que sea más respetuoso de la verdad.
En el mismo mes, tres soldados bolivianos fueron detenidos en Chile por extraviarse en territorio chileno con un arma de fuego. El incidente provocó otro fuerte intercambio de palabras.
A pesar de la animosidad, hay poco peligro de un conflicto armado, sobre todo ahora que el caso ha ido a La Haya. Las fuerzas armadas bolivianas no son rival para Chile, un país mucho más rico.
Cada año, el 23 de marzo, los bolivianos celebran el Día del Mar. Es un extraño espectáculo: miles de personas marchan por las calles de La Paz, cargando modelos de barcos y fotos del océano. La Armada Boliviana, que no tiene mar en el que navegar, se presenta con el uniforme completo.
Por ahora, la marina y el pueblo boliviano sólo sueñan con la soberanía costera. Sin embargo, se espera que con la ayuda de La Haya, ese sueño pueda convertirse en realidad.
Fuente: BBC News

