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Pérez Molina, primer militar posdictadura que llega al gobierno

El polémico Otto Pérez Molina será el octavo presidente de Guatemala desde la restauración democrática y el primer militar en alcanzar la jefatura de Estado desde 1985, y deberá enfrentar una compleja situación socio-económica, quizás la más grave en la historia del país.

De 61 años, fundador del Partido Patriota, Pérez Molina está acusado por algunas organizaciones de violaciones a los derechos humanos mientras fue militar con mando durante el combate a la guerrilla, aunque él, además de negar esas denuncias, se jacta de ser uno de los firmantes de los acuerdos de paz que terminaron en 1996 con 36 años del conflicto interno y unas 200 mil víctimas. Su discurso e imagen encajaron a la perfección en un país con altas tasas de violencia, un índice de homicidios diario de los más altos del continente y asombrosas cifras de corrupción. Un plan de «mano dura», simbolizado con un puño derecho cerrado, fue respaldado en primera y segunda vuelta por los guatemaltecos. A estos problemas, la futura gestión deberá sumar el elevado porcentaje de población pobre y el escaso desarrollo rural, mezclado con una ciudadanía extraordinariamente escéptica y, a la vez, con una marcada y apurada exigencia ante cada cambio de autoridades. Una síntesis de la situación de Guatemala lo da el hecho de que la ONU ubicó al país en el puesto 131, sobre 187, del Indice de Desarrollo Humano. Pérez Molina reemplazará al socialdemócrata Alvaro Colom, que deja el gobierno tras cuatro años que parecieron escasos para las repetidas necesidades de la población, aún cuando se reconocen los éxitos de los fuertes planes sociales puestos en marcha por su administración, sobre todo en salud y educación. Esta semana, Colom destacó, en una suerte de balance de gestión, que dejaba un país sólido en lo macroeconómico y con fuertes reservas y puso de relieve que su administración había logrado «hacer visible a los invisibles». El acto central de mañana será en el Domo Polideportivo de la capital, un escenario inédito para este tipo de actos, que tradicionalmente se hace en el Centro Cultural Miguel Angel Asturias, de manor capacidad. Están confirmadas las presencias de unas 90 delegaciones, entre ellas unas veintena encabezadas por presidentes, que serán custodiados por unos 2000 efectivos, parte de un imponente operativo de seguridad. La asunción de Pérez Molina también le permite al país cumplir lo que ya es una tradición iniciada en 1996: que el que pierde un balotaje se convierte en presidente 4 años después, tras ganar otra segunda vuelta. Pasó en el 2000 cuando asumió Alfonso Portillo, tras haber perdido en 1996; en el 2004 cuando se hizo cargo Oscar Berger, que había sido postergado en el 2000; y en el 2007 con el ahora saliente Colom, que había sido segundo cuatro años antes. Ahora ocurrió lo mismo con Pérez Molina, derrotado hace cuatro años por el mismo Colom, pero con revancha en noviembre pasado, cuando relegó las pretensiones del liberal Manuel Baldizón. Apenas se confirmó su triunfo, Pérez Molina prometió «un gobierno serio, responsable, que haga un gasto de calidad» y llamó a «dejar de lado las posturas ideológicas para ser un poco más pragmáticos» en el combate a algunos flagelos que afectan al país. El militar retirado encarará esa tarea con la saliente legisladora Roxana Baldetti como vice -la primera mujer en la historia que alcanza ese lugar- y un gabinete al que incorporó a varios de sus aliados de otras fuerzas. Algo similar deberá hacer en el Congreso, porque no tendrá mayoría, ya que el PP ostentará 60 legisladores sobre 158, lo que lo obligará a negociar y buscar alianzas aunque más no sean transitorias para cada iniciativa.