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El referéndum escocés: un gran momento que exige una gran respuesta

Cuando el 45% de los ciudadanos te dicen que quieren estar afuera, están diciendo que el sistema necesita un cambio.

El veredicto histórico escocés fue claro y decisivo. Tanto es así que, en cuestión de horas, derrocó al hombre que ha dominado la política escocesa durante una década. Por 55% a 45%, un margen más grande que lo que las encuestas habían dado a entender, los escoceses miraron a la independencia a los ojos el jueves y dijeron que no. La mayoría de las partes de Escocia votó no. El lado no ganó 28 de las 32 áreas del gobierno local, con mayorías particularmente fuertes en las fronteras y en las islas del norte.

El voto se dividió drásticamente a través de las líneas electorales. Los bastiones electorales del SNP en el noreste rechazaron abrumadoramente la independencia, mientras que el corazón laborista más profundo en el oeste la abrazó con igual énfasis. El hecho de que la más grande y tradicionalmente más ordenada ciudad de Escocia, Glasgow, haya votado para abandonar el Reino Unido es particularmente resonante, a pesar de que los votos concluyentes para la unión en tantas otras partes de Escocia – incluyendo Edimburgo, Aberdeen y los Highlands – pronunciaron un incontrovertible resultado final. 

Este fue un resultado bienvenido. Debería resolver el asunto sin discusión. Una victoria estrecha para cualquiera de los lados hubiera quedado flotando sobre Escocia en los próximos años, tal vez condenando a los escoceses a tener que retomar el tema antes de tiempo. Esto es ahora poco probable, y fue sin duda una de las razones por las que Alex Salmond anunció su salida de la escena política el viernes por la tarde. En segundo lugar, todo el proceso fue positivo.

La energía y el compromiso de la campaña ha deslumbrado no sólo a los mismos escoceses, sino también al resto de Gran Bretaña. La participación el jueves del 85%, fue increíble, una reprimenda al fatalismo político de moda. La apertura de la franquicia a 16 y 17 años de edad también ha sido plenamente reivindicada. En tercer lugar, el Reino Unido de hecho puede enfrentar sus muchos defectos mejor unido que separado.

La parte que apostaba al sí pudo haber funcionado mejor y sin duda la campaña fue más ruidosa, pero los que apostaban al no tenían los argumentos con bases más sólidas. Por último, el resultado, aunque decisivo, estuvo lo suficientemente cerca como para significar que la minoría no puede ser dejada de lado. Cuando el 45% de los ciudadanos te dicen que quieren estar afuera, están diciendo que el sistema necesita un cambio, que debe ser y será. 

Un nuevo asentamiento escocés 

En abril de 1865, cuando el general Grant se reunió con el general Lee en Appomattox para llevar la guerra civil norteamericana a su fin, el comandante de la Unión le dijo a su homólogo confederado que él quería que los hombres de Lee mantuvieran sus caballos, ya que necesitarían de ellos para la labranza de primavera. Un tendido de manos y un espíritu de reconciliación equivalente se requiere de los políticos de Gran Bretaña después de una experiencia cercana a la muerte de la unión; y en muchos casos éstos se erigieron para la ocasión.

Salmond tenía razón al decir que el gobierno del SNP trabajaría con el gobierno del Reino Unido para ofrecer los nuevos poderes prometidos. Alistair Darling, que ha tenido una campaña vertiginosa, tenía razón al insistir en lo que los escoceses tienen en común, en un discurso de victoria que escrupulosamente evita cualquier triunfalismo. E incluso David Cameron, que ha hecho muchas cosas mal en Escocia, tenía razón en dejar claro que él también estaba en el asunto de honrar los compromisos de campaña en los nuevos poderes. Este es un buen comienzo. 

Cameron es uno de los muchos políticos del Reino Unido que tiene promesas que cumplirle a Escocia. Hubiera sido imperdonable si una victoria del no en el referéndum hubiera llevado al gobierno del Reino Unido a levantar el cobertor y olvidarse de Escocia.

Al final resultó que esa opción desapareció hace dos semanas, cuando una encuesta de opinión puso la campaña del sí brevemente adelante, provocando una remontada furiosa de la campaña del no. Los compromisos con otros poderes que entonces se fijaron por Gordon Brown fueron claramente influyentes para muchos votantes. Ahora deben ser honrados. Pero tienen que ser honrados con el mismo espíritu que los activistas llevaron el referéndum de Escocia: abiertamente, con generosidad y racionalmente. 

En la medida en que Cameron reconoció esto en su declaración de Downing Street el viernes por la mañana, ha hecho la primera parte de lo que debía hacer. Escocia tendrá ahora más poderes impositivos y de gobierno, confirmó, además de los nuevos poderes que deben entrar en vigor en 2016. Las partes difieren en detalles importantes de estos poderes, incluyendo la proporción de los ingresos a ser tratados por el descentralizado parlamento y las áreas de la  política a ser controladas por Holyrood. Un compromiso sobre estas diferencias es sin duda alcanzable.

Lo que es crucial, en la opinión de The Guardian, es que los nuevos planes ofrezcan un mayor control de Holyrood en tantas áreas como sea posible sin dejar de darle al gobierno del Reino Unido un papel significativo en la defensa de las cosas que unen a los pueblos de estas islas. Eso significa retener al menos algunos vínculos de la política social y fiscal, así como los de defensa y relaciones exteriores. Las ideas de Brown en este sentido son una buena base sobre la cual comenzar discusiones más detalladas.   

La cuestión Inglesa 

Los partidos políticos también se han comprometido a dar con un conjunto más amplio de reformas constitucionales que afectan al resto del Reino Unido. Las reformas de este tipo, sin duda, son necesarias. Pero no deben ser hilvanadas en privado entre las partes. Sobre todo, no deben ser utilizadas por los Comunes para ventajas partidistas.

Este es ahora un verdadero peligro. Demasiados políticos conservadores están mucho más interesados en la política de Inglaterra que en la de Escocia o del Reino Unido en su conjunto. Esto sería una terrible respuesta a una disputa en Escocia que ha expuesto de nuevo la desconexión entre los partidos políticos y las personas; un problema que es especialmente duro para los laboristas, y que puede empeorar si el izquierdista y popular Nicola Sturgeon sustituye a Salmond. Sería mucho mejor para el parlamento el abrazar las razonables propuestas de la comisión McKay en el manejo de los asuntos ingleses en Westminster – propuestas que no implican ninguna legislación importante – mientras se toman el tiempo para conseguir un más grande, y posiblemente federal, acercamiento a la derecha. 

De manera característica, sin embargo, Cameron parece haber decidido tomar la ruta partidista, con la esperanza de poder calmar a sus diputados ingleses derechistas no oficiales y apoderarse de una iniciativa de Ukip. Esto es en todos los sentidos un enfoque equivocado y miope. Los partidos políticos deben abrir este proceso no cerrarlo. Deberán incorporar las propuestas del Instituto de Investigación de Políticas Públicas, el Partido Verde y otros para una convención constitucional.

El modelo escocés de la década de 1990, que incluye la participación de grupos de la sociedad civil, así como de otras partes, con el fin de llegar a una propuesta estable y compartida, es un buen patrón. Éste también podría aprovechar, como ha sugerido IPPR, la experiencia del jurado de los ciudadanos irlandeses. No hay que apurarse. Cuanto más equilibrado es el proceso, mejor equilibrado el resultado. 

Al final, sin embargo, no debemos bromear nosotros mismos. Los agravios que animaron esta campaña estuvieron por encima de todo material constitucional. El modelo económico que domina la vida de los escoceses está roto. El nacionalismo ofrecía un escape, pero era uno con demasiados riesgos. Sin embargo, el modelo económico todavía está roto y todavía está en la raíz del descontento que debería unir a Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte, no separarlos.

Editorial. Traducción de Ana Vallorani 

Fuente: The Guardian, Reino Unido

Viernes 19 de septiembre de 2014