Internacionales

Editorial The Guardian. Traducción de Ana Vallorani

Una visión sobre el conflicto de Gaza

Con el tiempo, como en el pasado, habrá un alto al fuego. Así que ¿por qué esperar? Todas las partes deben contribuir para ponerle fin al ciclo de violencia.

La reacción humana al derramamiento de sangre diario en Gaza invade a todo el que lo vislumbra de conmoción y desesperación. Incluso aquellos que aceptan que Israel tiene derecho a defenderse de los cohetes que vienen de Hamas pueden quedar horrorizados al ver una casa arrasada por un ataque aéreo doble que dejó, según lo estimado, 22 muertos y 45 heridos. Después de esto, los que se encontraban en el lugar no negaron que el jefe de la policía de la ciudad de Gaza, asociado a Hamas, se refugiaba allí, pero se preguntaron por qué su familia extensa, incluyendo a los niños, tenían que morir también. Otros se hacen preguntas similares sobre el blanco de un ataque israelí el sábado: un hogar para discapacitados graves. Incluso si Hamas escondía personal o equipamiento allí, incluso si utilizaba cínicamente a los residentes discapacitados de la casa como escudos humanos, ¿no hay algunos actos que, incluso en nombre de la defensa propia,

 imponen un precio demasiado alto?

 

Estas preguntas están presionando a Israel en la actualidad, se le preguntó incluso a aquellos que son receptivos al argumento central del país: que cualquier gobierno en el mundo tendría que responder a los cohetes disparados contra su población civil. Los gobiernos afines aceptaron que Israel no tiene más opción que responder con la fuerza a la constante andanada de misiles de Hamas. Hay una aceptación también de que el arsenal de Hamas ya no es lo improvisado o lo aficionado que era antes, sino que ahora tiene seria potencia de fuego, capaz de calar hondo en las áreas más pobladas del país, incluyendo Tel Aviv.

 

El resultado es que en la actualidad se escucha, por lo menos en las cancillerías del mundo, hablar de las acciones de Israel como menos «desproporcionadas» de lo que se esperaría. William Hague, quien usó esta palabra para condenar a Israel en 2006, no la ha utilizado esta vez. Incluso el hecho más sorprendente de los acontecimientos de la semana pasada – la asimetría de los muertos, que implicó a más de 160 palestinos fallecidos, en comparación con ninguna fatalidad para los israelíes – se puede entender como parte principal de una función de la infraestructura defensiva superior de Israel: Hamas mataría montones de civiles israelíes si pudiera. Es sólo que sus misiles no lo consiguen, mientras que  los de Israel si lo hacen.

 

Y, sin embargo, a pesar de este nuevo entendimiento, una verdad obstinada permanece: no puede haber una solución militar al conflicto entre israelíes y palestinos. El hecho de que esta es la cuarta operación de este tipo para sofocar los cohetes de Hamas en ocho años y de que los intervalos entre las operaciones son cada vez más cortos, resalta el punto. Golpear duramente a Hamas no resuelve el conflicto. No termina con el problema. Simplemente trae un poco de tranquilidad a corto plazo hasta la próxima erupción. En última instancia, el conflicto entre Israel y Hamas, y entre Israel y los palestinos, tendrá que ser resuelto políticamente y por medio de la negociación. No hay otra manera.

 

Eso, sin embargo, es el objetivo a largo plazo. Por ahora, hay un objetivo más inmediato: un fin al derramamiento de sangre y al dolor. Con el tiempo, como en cada una de las tres rondas anteriores, habrá un alto el fuego. Así que ¿por qué esperar? Si está previsto en una semana, ¿por qué soportar otros siete días de muerte? ¿Por qué no dejar de disparar ahora? Eso requerirá ayuda externa. EE.UU. esta cauteloso, tras haber visto fallar la iniciativa de paz de John Kerry. Pero el objetivo ahora no es un gran tratado de paz, sólo un cese de las hostilidades; ésto no puede estar fuera del alcance de Washington y sus aliados europeos, aunque se requerirá que el presidente Obama demuestre un poco de fortaleza y se apoye fuertemente en Binyamin Netanyahu.

 

Egipto tiene un rol también. El nuevo régimen detesta a Hamas, ya que se esta alineado con la Hermandad Musulmana. No tiene ningún apuro en ayudar. Pero si el presidente Sisi quiere ganar respetabilidad internacional, negociar un alto en el fuego no puede hacer daño. También podría mitigar parte de la rabia generalizada entre los egipcios tanto sobre el aplastamiento de la Hermandad como sobre la difícil situación de los palestinos, si tuviera que darle a Hamas una posición descendente. Por último, Qatar está desesperado por caminar erguido en la escena internacional, mediante la compra de bienes europeos y torneos deportivos mundiales. Tiene influencia real en Hamas. Debe usar ese poder financiero enorme para bien, y hacer todo lo posible para traer la calma, si no la paz, a Gaza y aliviar el dolor de los que ya han sufrido demasiado.