La Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) denunció que el 18 de mayo pasado murió otro preso en el complejo penitenciario bonaerense de San Martín, donde funcionan las Unidades 46, 47 y 48.
Esta vez se trata de Ramón Quintero, un recluso de la Unidad 46, que resultó herido en una pelea en su pabellón. La muerte de Quintero se pudo haber evitado, de no ser por el abandono y la precariedad en la que viven los presos.
“Los primeros auxilios que debería haber recibido en el penal no se le dieron por una sencilla razón: en todo el complejo, que aloja a 1.500 personas, no había desde hacía días un especialista en sanidad; desde hace más de un mes no se reciben ninguna clase de medicamentos y no hay una sola ambulancia para las emergencias, indican
Quintero fue trasladado al hospital donde murió, en un Renault 12 modelo ‘85 en condiciones precarias de uso y mantenimiento, obviamente carente de las más elementales condiciones sanitarias.
En otro lugar, desde la Unidad 1 de Coronda, Santa Fe, la organización carcelaria Trascendiendo los Muros denunció la muerte de Lucas González, detenido en esa unidad. Fue encontrado agonizando en su celda, tras lo cual, los compañeros del pabellón donde estaba alojado Lucas, fueron encerrados durante más de 48 horas en sus respectivas celdas, sin agua, luz ni comida, “como una forma de continuar con las torturas físicas y psicológicas a que los somete el Servicio Penitenciario”, sostienen.


