Ciudad

Sin intervención del Gobierno porteño

Vecinos de la Villa 21 asfaltan sus calles

Los vecinos del barrio San Blas, en la Villa 21, asfaltan sus calles sin la menor ayuda del Estado porteño.

 La Asamblea Popular de Pompeya, dieron la noticia que  vecinos de la populosa Villa 21, más precisamente del barrio San Blas, están asfaltando calles por las suyas, sin la menor ayuda ni participación del Gobierno porteño.

El barrio que se encuentra  sobre unas antiguas playas de maniobras del ferrocarril, donde estaba la estación Solá, pasó en dos décadas de ser campo a un conjunto aglutinado de viviendas precarias.

 San Blas es un barrio donde el idioma principal es el guaraní: la mayoría de sus habitantes son paraguayos e hijos de paraguayos pero también hay familias correntinas, chaqueñas y formoseñas. Está reputado como uno de los puntos rojos en materia de seguridad.

Inocencio Antonio Vega y Angelina Duarte, líderes naturales de los vecinos del lugar, quienes están organizando una asociación de vecinos que planean llamar “Carlos Antonio López”, por el presidente paraguayo (1844-1862) bajo cuyo mandato Paraguay se dotó de siderurgia, ferrocarril y flota nacional, antes de ser arrasado por la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), son los que organizan en alguna medida las obras de pavimentación..

Antonio, como llaman todos a Vega, dirige las obras. Tiene un pequeño corralón de materiales y es un constructor tan empeñoso como prolífico, característica que, a fuerza de hacer habitaciones, le permite ser el líder de una familia extensa que promedia las 40 personas.

Los aproximadamente 60 metros de la calle que va desde el Riachuelo a la capilla y que será inaugurada el próximo sábado 4 de diciembre costaron unos 25 mil pesos en materiales, incluyendo mallas y hormigón armado, pero sin contar la mano de obra, que fue voluntaria.

Dicen Antonio y Angelina que inaugurarán la calle, continuación de Zabaleta, con una fiesta de despedida al padre Pepe, que luego de la tradicional procesión de la Virgen, el 8 de diciembre, se irá a vivir a Añatuya, en el norte santiagueño.

 El padre Pepe fue durante doce años el párroco de Nuestra Señora de Caaguazú, lapso en el que abrió otras dos nuevas parroquias y recibió varias amenazas de quienes trafican paco entre los jóvenes del lugar.

Comentando la iniciativa de los vecinos de ir pavimentando por sí mismos las calles de la villa, valiéndose del trabajo solidario, el padre Pepe razona que “si el Estado no hubiera estado completamente ausente durante el proceso de urbanización, muchos problemas podrían haberse evitado”.

“Si cuando se loteó hubiera estado un arquitecto del Estado, podría haberse previsto dónde se pondrían caños y cloacas, podría haberse garantizado un buen trazado”, señaló el cura. “El gran secreto de Mugica y sus compañeros curas es haber venido a vivir a la villa, algo que el Estado nunca hizo. La clave es estar acá, no venir de afuera. Cualquier cosa que se quiera hacer, si no se hace desde adentro, difícil que sirva”. “Porque si no se está adentro no se conocen las necesidades. Si en las villas hubiera delegaciones municipales, seguridad, lo que hay en los demás barrios, otro gallo cantaría”, razonó. “Amerita poner una delegación del CGPC. Falta decisión política de que el Estado tenga una fuerte presencia en las villas”, insistió.

 El padre Pepe, como los demás curas villeros de la Ciudad, prefiere hablar más de “integración urbana” que de “urbanización”, término que suele confundirse con colonización. “Nuestro objetivo es que quienes viven en las villas tengan las mismas posibilidades que quienes viven en los barrios ricos: garantizar el acceso escolar para todos los niños y jóvenes, que se hagan cloacas antes de inaugurar salitas de salud y que algún día no muy lejano los médicos, los abogados, los profesores, los capataces y también los curas surjan de la propia villa”,concluyó.