Ciudad

La historia en un café

Hoy se festeja el "Día de todos los Cafés" en la ciudad de Buenos Aires. El Mensajero Diario estuvo en el Tortoni, el templo de todos los bares porteños. Allí todavía se guardan encantadoras historias y esa mística comunión con los visitantes. Los invitamos a descubrirlas.

Por Andrea Trenti

“Dos café y leche, por favor”, se escucha desde una de las mesitas redondas de mármol sobre la que reposan un par de mapas de la ciudad y una cámara de fotos.

Las sillas de madera cubiertas de cuero bordó reciben a aquellos que a diario llegan al bar dispuestos a escuchar cómodamente la historia que cuentan sus paredes. Una historia que parece vivir en la sonrisa del retrato de Alfonsina o en la astucia del busto de Jorge Luis.

“Es el café de los cafés”, declara con orgullo el gerente del café Tortoni, Roberto Fanego. Es el bar más antiguo del país, inaugurado en 1858 por un inmigrante francés. El nombre fue tomado del de un establecimiento del Boulevard des Italiens, en el que se juntaba la elite de la cultura parisina del siglo XIX. Más tarde, el Tortoni fue adquirido por otro francés, Celestino Curutchet, quien le otorgó al lugar un estilo propio. 

Allí se reunía un grupo de periodistas, escritores, músicos y pintores que formaban la Agrupación de Gentes de Artes y Letras, liderada por Benito Quinquela Martin. En 1926 estos artistas formaron La Peña y le pidieron a don Curutchet que les dejara usar la bodega del subsuelo para realizar sus actividades. Por ahí pasaron personalidades como García Lorca, Ortega y Gasset y Gardel. Actualmente Fanego recuerda que “a principios del siglo pasado los poetas se reunían en un café muy importante que se llamaba La Cosechera que estaba acá cerca, pero parece que no veían caras muy amables porque los artistas consumían poco y ocupaban mucho tiempo las mesas. Este señor Curutchet tenía otra filosofía: los artistas pueden gastar poco pero dar prestigio al lugar que ocupan, así que se empezaron a trasladar acá al Tortoni”.

Hoy, el bar tiene el privilegio de conservar los secretos de aquel tiempo, los encuentros y los diálogos entre personalidades del arte, que lo convierten en testimonio de nuestra cultura. Fanego cuenta emocionado que “para mí es una satisfacción porque me permitió conocer figuras que de otra manera no podría haberlas tratado, que me han brindado su amistad, como en el caso de Benito Quinquela Martin, que me invitaba a comer un dorado a la Orden del Tornillo. Él se ponía el uniforme del gran maestre y decía un discurso, mitad en broma mitad en serio, sobre el homenajeado y terminaba dándole la Orden del Tornillo que era efectivamente un tornillo porque decía que a los artistas les faltaba un tornillo”.

Hoy se celebrará el «Día de todos los Cafés». Esta decisión de la Legislatura porteña responde a la fecha en que el Tortoni, en 1894, abrió sus puertas sobre la Avenida de Mayo luego de que ésta fuera librada al tránsito. Anteriormente la entrada estaba ubicada en Avenida Rivadavia. 

El Tortoni es un bar notable que hoy forma parte de nuestra historia y nuestra cultura, pero es también nuestro presente y una marca de la identidad de la ciudad cuya vigencia se la dan los visitantes, tanto locales como turistas. Fanego sostiene que “todos los cafés tendrían que ser notables mientras cumplan su función que es la de servir de lugar de encuentro de la gente, de los amigos, de las amigas, de los enamorados, de los desencantados del amor…”.