Una interna mendocina se casó hoy con su novia desde hace más de 20 años dentro de la Unidad Penitenciaria 3 del departamento de Las Heras, en una ceremonia que consagró por primera vez un matrimonio igualitario dentro una cárcel argentina.
Al respecto, Cristina Díaz (42), quien contrajo matrimonio con Dora Casella, de 48 años y su pareja desde hace 23 años, manifestó: «Ojalá que todas las parejas de la comunidad homosexual que se aman puedan unirse como nosotras lo hemos hecho hoy».
El matrimonio se celebró junto a todo el personal penitenciario y las compañeras de celda de Cristina, de la Unidad de Mujeres número 3 del Borbolón, en el departamento mendocino de Las Heras, y fue presidida por la oficial pública del Registro Civil, Antonia Pinelli.
Este acto de amor fue posible gracias a la nueva ley 26.618 de Matrimonio Igualitario, vigente en el país desde julio de 2010.
Díaz se encuentra alojada en la Unidad Penitenciaria de Mujeres desde el 23 de septiembre de 2008, en cumplimiento de una condena de cinco años por robo agravado y espera obtener la libertad condicional a fines de este año.
Es mamá de cuatro hijos, dos de los cuales -los más chicos- están al cuidado de su actual mujer. Cuando recupere su libertad, además, podrá reunirse con sus cuatro nietos.
Tras la ceremonia Dora aseguró estar feliz «porque pudimos legalizar una convivencia de 23 años y porque puedo decirle a la sociedad y al mundo entero que se pueden criar a los hijos, que en este caso son de ella pero míos del corazón, que son inteligentes y estudian como cualquier otro niño».
Dora fue quien le propuso casamiento a su mujer «para legalizar nuestra situación y por miedo que por haber perdido ella la libertad, pudiera perder a sus hijos. Ahora, todos estamos más seguros con la protección de la ley», explicó.
Además agradeció a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner «esta ley igualitaria, que nos permite casarnos como cualquier otra persona».
Finalmente señaló: «Deseo disfrutar de mis hijos, los nietos, trabajar honestamente para cuidarlos, porque cometer un delito no es bueno para ningún ser humano», se sinceró.


