Sociedad

Pérez Esquivel alertó sobre “la escalada golpista en el continente”

Según el Premio Nobel de la Paz “lo ocurrido es parte de una escalada para imponer gobiernos autoritarios y dictaduras, e impedir la unidad continental que se está gestando entre gobiernos democráticos y que afecta los intereses de las grandes corporaciones económicas”.

El presidente del Servicio Paz y Justicia América Latina y Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel se refirió a la situación de Paraguay y la destitución del presidente Lugo.

Al respecto sostuvo que “América Latina siempre fue el bocado preferido de los Estados Unidos que la considera   su ‘patio trasero’ y  dice que ‘América es para los Americanos’, es decir, para ellos. Tienen un largo historial de intervenciones e invasiones en la región, como la imposición de dictaduras militares y graves violaciones de los derechos humanos y de los pueblos buscando imponer  su proyecto de dominación económica, política y cultural con gobiernos títeres. Esta política que persiste en el tiempo ataca a los actuales gobiernos progresistas de la región para la imposición de  bases militares, el control de los recursos y de las políticas de gobierno”.

“El golpe de Estado en Paraguay se inscribe en ese  marco y no podemos verlo como un hecho aislado. Debemos comprender que lo ocurrido es parte de una escalada para imponer gobiernos autoritarios y dictaduras, e impedir la unidad continental que se está gestando entre gobiernos democráticos y que afecta los intereses de las grandes corporaciones económicas”, consideró.

Según él “el golpe de Estado provocado en Honduras contra el gobierno de Manuel Zelaya, fue poner en práctica los ‘golpes de Estado institucionales’,  aplicando la misma metodología en Paraguay”.

“Otros intentos de golpe de Estado  fracasaron por la acción de los pueblos y la presencia de la UNASUR y la comunidad internacional, cuando intentaron derrocar a gobiernos democráticos, como  los de Venezuela, Bolivia y Ecuador y los reiterados intentos contra Cuba a pesar del bloqueo que lleva casi 50 años, desconociendo el derecho internacional y la soberanía de ese pueblo”, indicó.

Asimismo marcó que “Paraguay estaba en los planes y objetivos político-estratégicos. Derrocar al gobierno de Fernando Lugo, por no responder a los intereses y monopolios económicos, fue facilitado por la debilidad del gobierno con un Parlamento que se transformó en una ‘maquina de impedir’ cualquier avance y  reforma social; como el derecho a la tierra y condiciones de vida del pueblo. Así lo señalé en otras notas sobre la situación continental: ‘la próxima víctima será Paraguay, en la escalada golpista en el continente”.

“Para lograr desestabilizar al gobierno de Lugo, debían provocar inestabilidad y conflictos como la muerte de campesinos, policías y gran número de heridos en Curuguaty y levantar preocupación y miedo en el país. En esa campaña el objetivo era   desprestigiar al gobierno con un supuesto “ejército revolucionario” (EPP) para  imponer el estado de excepción  y generar una zona de conflicto”, precisó.

A su vez consideró que Fernando Lugo “estaba condenado antes del llamado “juicio político” con la complicidad y traición del vicepresidente y parlamentarios que actuaron en tiempo record para destituirlo”.

También expresó que “duele ver a la Iglesia institucional del Paraguay apoyar el golpe de Estado y no defender el derecho del pueblo a la democracia y la libertad. Es lamentable que no sigan el ejemplo de quienes asumieron su compromiso junto al pueblo y quiero recordar a Monseñor Pastor Bogarín, al Arzobispo Ismael Rolón y a tantos otros que desde el Evangelio caminaron siempre junto a su pueblo y no con el poder de turno”.

“También se han alzado voces de denuncia sobre la intervención en el golpe de Estado  de empresas trasnacionales, como Monsanto y otros intereses que será necesario investigar, como la participación en el golpe de la embajada de los EEUU”, manifestó y añadió que “este país busca afirmar sus intereses en la región, como  la base militar  en Estigarribia y   la Triple Frontera que integran Paraguay, Brasil y Argentina  y lograr el control de los recursos y bienes naturales como el Acuífero Guaraní, una de las más importantes reservas de agua potable en el mundo y  avanzar en la frontera de  monocultivos de soja, con el alto costo social, provocando la expulsión de sus tierras a campesinos y pueblos indígenas,  como los desmontes y  destrucción de la biodiversidad”.

Para él “es fundamental que la UNASUR mantenga su firmeza y no reconozca el golpe de Estado en Paraguay”, y marcó la necesidad de que “tengan como experiencia el error cometido al reconocer al gobierno de Lobos en Honduras, que es una dictadura institucional encubierta que comete graves violaciones de los derechos humanos  contra el pueblo en un país donde EEUU también tiene bases militares propias.

“En necesario pensar la situación que le cabe al Paraguay en el MERCOSUR y la UNASUR, como en el CELAC y los organismos regionales. Si les permiten avanzar en esa política de imponer gobierno a partir de golpes de Estado institucionales, todas las luchas y esfuerzos ganados con dolor, sufrimiento y sacrificios de los pueblos serían quebrados y eso no se puede permitir”, alertó.

Finalmente señaló que “los gobiernos latinoamericanos deben pronunciarse en su conjunto reclamando el derecho del pueblo paraguayo y no esa farsa de golpe de Estado disfrazado de legalidad” y llamó a “resistir en la esperanza junto a los pueblos”.