Por Carlos Daniel AlettoBeatriz Sarlo, sin dudas, es una prestigiosa intelectual. Hace pocopublicó un libro sobre la argentina de la última década: La audacia yel cálculo. Es un extenso trabajo que parte de un estudio de campo,donde toma muestras de la sociedad y detalles de la coyuntura políticapara concluir con una mirada crítica y opositora al kirchnerismo y alos medios oficiales de comunicación. Nada nuevo. Sus palabrasaparecen en los diarios socios de la dictadura militar y en latelevisión de los mismos dueños con cierta frecuencia. Su voz sueleser una cita de autoridad.El año pasado Beatriz Sarlo dictó un seminario en la Universidad deTandil que trataba sobre la relación entre imagen y palabra («relacióntransemiótica», destacó con énfasis ella). El seminario duró toda lasemana en la que selección Argentina jugó la primera rueda del Mundial2010. A ella no le interesaban los partidos. Los mundiales laremontaban al mundial de la Dictadura argentina. En contraste se lanotaba muy entusiasmada con un interminable partido de Wimbledon entreun francés y un inglés. Al tercer día, el miércoles, hizo apagar laluz del aula y proyectó sobre el blanco pizarrón una pintura deBrueguel: La caída de Ícaro. Primero explicó el mito (creo que serefirió a Ovidio): «Se sabe que Ícaro consiguió volar fabricando alascon plumas pegadas con cera y se acercó al sol más de lo oportuno, lacera se fundió, se desbarataron las alas, cayó al mar y se ahogó».Luego pasó inmediatamente a un poema de W. H. Auden, donde el poetahace una descripción en versos («ecfrasis», dijo ella) de esta pinturade Brueghel.La prestigiosa intelectual se detuvo veinte minutos para resaltar «laapropiación» que había realizado Auden de la pintura, ya que (remarcó)Ícaro no aparece en ninguna parte del cuadro: Brueghel habría pintadosólo un paisaje marítimo pero al colocarle el título «La Caída deÍcaro» le daba otro significado («resemantizaba», dijo ella) toda lapintura. Cuando terminó esta detallada interpretación apagó elproyector y encendió la luz.Todos estábamos impresionados por el conocimiento y el desplieguerealizado por Beatriz Sarlo. En ese momento, con mucha vergüenza, unalumno le pregunta si podía volver a proyectar la imagen de Brueghel.Se apaga la luz se enciende el proyector con la pintura de Brueghel ypara sorpresa de todos los asistentes y de la intelectual el alumno lemarcó un detalle, cerca del barco central del cuadro aparecían laspiernitas de Ícaro rodeadas de algunas plumas sobre la superficie delmar. De esta forma se desmoronaba toda su extensa y apasionanteexplicación de la operación poética de Auden de apropiarse yresemantizar la pintura de Brueghel, volviéndola al mito original deOvidio, al que el pintor había sólo aludido en su título para darleotro sentido parafrástico, no sólo haciendo un marco verbal simulado auna representación icónica del mar de Flandes. El alumno con humildad,sin llegar a ser una luminaria, marcó el detalle donde estaban laspiernitas rodeadas con las plumas de las falsas alas y los veinteminutos de magistral explicación se desmoronaron en un segundo, comolas mismas alas de Ícaro al acercarse al sol. El seminario terminó sinmuchos sobresaltos tres días después.Estos días he leído el libro La audacia y el cálculo. Aquellaelaborada interpretación errónea que cometió por no haber visto eldetalle de las piernitas de Ícaro agitándose en la superficie del marse replica en gran parte del libro. Sarlo levanta muestras equivocadasde la realidad kirchnerista. Por ejemplo, quienes hemos participado delos hechos que surgieron de la articulación del programa 6, 7, 8 y 678Facebook, podemos ver como nuestra propia historia es contada condetalles falsos, siempre tendiente a distorsionar perjudicando eseobjeto que atrae a la investigadora. Porque es así, Beatriz Sarlo, conla quizá necesaria frialdad de una investigadora, toma muestras de loque para ella son objetos teratológicos populistas, como el peronismoy el kirchnerismo, y los pone bajo la lupa. Esos monstruos a ella laapasionan, la atraen y los quiere disecar para entender cómo funcionanen la sociedad argentina. Pero se equivoca al tomar las muestras: a loque ella denomina «murciélago» es un ruiseñor y sus «cucarachas» songrillos y saltamontes.En síntesis y para concluir, quizá por estar alejada del objeto queestudia (por no acercarse más al detalle) o por tomar muestras falsas,Beatriz Sarlo en su último libro La audacia y el cálculo (lo queparece más una descripción de su actitud frente al kirchnerismo que lade Néstor Kirchner) duplica el mismo error que cometió en aquelseminario en Tandil. Parte muchas veces de detalles incorrectos, haceplanteos inteligentes cargado de teoría y de citas de autoridad paraforzar las conclusiones a las que a priori ya había pensado. Peroestas actitudes intelectuales son como las plumas de Ícaro que acierta altura la cera se derrite y los porrazos son inevitables.–Néstor GorojovskyEl texto principal de este correo puede no ser de mi autoría
La caída de Ícaro
Publicamos esta columna tanto por el valor del contenido como su perspectiva frente a la actitud, reciente, de tomar a Beatriz Sarlo como el nuevo icono de la oposición tras su visita al programa 6-7-8.


