Tan solo una década nos separa de aquel infierno, del que de milagro salimos muy rápidamente en términos históricos.
Por todo ello –que es mucho más que lo que reflejan dos breves párrafos-, cabe exigir a los sectores políticos un ejercicio cuidadoso de sus importantísimas funciones, lo cual incluye un cuidadoso manejo de sus expresiones públicas –por la trascendencia que pueden tener- y de sus acciones, por las consecuencias de las mismas.
Un Diputado Nacional es –o debería ser- un forjador de leyes ejemplares y de cuidadoso tratamiento y redacción, habida cuenta que son las normas que regulan nuestra vida como comunidad organizada jurídica y políticamente.
Recientes expresiones de un legislador nacional, ponen de manifiesto gruesos errores conceptuales y deficiencias serias de enfoques de apreciación, las que evidencian una profunda ignorancia del tema objeto de opinión y una lamentable liviandad conceptual; lo que es innegable salvo que se tratara de un caso de muy mala fe, lo cual se descarta prima facie.
Con un pasmoso facilismo, el legislador reporteado adhiere al cliché de afirmar que “no deben hacerse represas en zonas subtropicales”, pretendiendo basar semejante disparate en difusas opiniones de “organismos internacionales” que no cita ni precisa.
Prosigue sus dislates “preocupándose” por el supuesto “riesgo que una parte del territorio quede bajo agua”, por “el costo en términos de hábitat” (¿cuáles…?), y remata las incoherencias afirmando que “…como se va hundiendo el territorio por Yacyretá”, afirmación que provocaría risa, si no se considerara el daño que tan ligero ejercicio de la función legislativa sin duda puede producir.
Analicemos los conceptos en base a debidas fundamentaciones, no con meras argumentaciones huecas y efectistas (del tipo “cazadores de votos”).
Seguramente el legislador ignora que “el verso” de la supuesta “inconveniencia” de construir centrales hidroeléctricas fue planteado por un conocido ecólatra, que operando como mano derecha de la repudiable María Julia Alsogaray en la Secretaría de Medio Ambiente, llevó esa ponencia a Eco Río ’92, postura que dentro de otros disparates sin fundamento técnico, debió ser aprobada por aclamación. Eso tiene tanta validez científica como las “conclusiones” de una asamblea mafiosa, que pueda “exigir la aceptación de la trata de blancas”, argumentando ser “una actividad laboral que cumple una función social”. Es como dice el refrán, “poner al zorro a cuidar al gallinero”.
Seguramente el legislador –que evidencia saber poco y nada de energía y de medio ambiente- ignora que esas nada científicas “recomendaciones” anti hidroeléctricas, fueron aceptadas y fogoneadas por las transnacionales del fundamentalismo ecológico, instituciones por cierto nada inocentes, creadas al amparo del siniestro Club de Roma (que recomienda prácticas genocidas para “terminar el problema de la sobrepoblación”, mientras no mueve un dedo para terminar con el flagelo del hambre crónico y el despilfarro armamentista), el mismo que “inventó” al ecologismo cavernario como herramientas para mantenernos subdesarrollados a los países excluidos del G 7, y el mismo que opera claramente financiado y al servicio de las petroleras anglosajonas.
Por eso no es casual que los ultra ecologistas (a cuyos planteos adhiere fácticamente el legislador), atacan a las hidroeléctricas y las nucleares, pero jamás a las termoeléctricas, movidas a petróleo o gas natural.
No hace falta ser un genio para advertir que ¡oh casualidad! las hidroeléctricas y las nucleares reemplazan eficientemente –desde lo económico y lo ambiental- a las devoradoras de hidrocarburos, que son las usinas termoeléctricas. Y quien opina sobre el tema, con las responsabilidades de un legislador, no puede desconocer que las “nuevas fuentes de energía” (eólicas, solares y demás), no sirven como centrales de base, por insalvables limitaciones técnicas.
De seguro el superficial opinante ignora los gravísimos problemas de abastecimiento eléctrico y descomunales costos de generación, que padecimos los misioneros cuando dependíamos de la generación termoeléctrica, con los sobrecostos derivados del transporte por tierra de los combustibles, que elevaban más aún los siderales costos. Tampoco debe conocer que la empresa que transportaba esos combustibles –actividad legal por cierto- se vincula con el grupo editor del diario que dio cabida a sus osadas y muy erróneas afirmaciones.
Evidentemente desconoce que la Central Hidroeléctrica Urugua-Í fue la que permitió romper el círculo vicioso de la triada generación termoeléctrica – altos costos – falta de potencia; a pesar de la mala fama que malintencionadamente muchos opinantes al voleo le adosaron a esa eficiente usina hidroeléctrica.
Meter miedo con el infantil argumento que “parte del territorio quede bajo agua” (una elementalidad) es como oponerse a construir una autovía…”por la tierra que ocupará”, ¡absurdo!
La frase vertida al voleo, de “el costo en términos de hábitat”, es de las que “suenan lindo” pero nada dicen. ¿Por qué no mide los efectos positivos del desarrollo, y sugiere medidas concretas para implementar polos industriales que den trabajo digno a las nuevas generaciones de misioneros, que deben ser consecuencia directa de pasar a ser la principal provincia productora de hidroelectricidad, con todos las implicaciones estratégicas de derivarán de esa realidad? ¿O es que quiere mantenernos sumidos en el subdesarrollo crónico, mientras ese legislador vive en la opulencia de “la gran ciudad” desde la cual parece mirarnos con desdén?
¡Y esa aventurada afirmación según la cual “se va hundiendo el territorio a consecuencia de Yacyretá”, bien podría anotarla en el Libro Guiness de los disparates mayúsculos del ecologismo cavernario!
Con declaraciones tan faltas de seriedad y solidez documental, el Diputado Claudio Lozano parece estar siguiendo las huellas de otro opinante al voleo, el socialista Estévez Boero, quien a voz de cuello afirmó (pues era “políticamente correcto”, y podía sumarle unos votitos) que “es hora de terminar con las represas”, al visitar a Misiones con motivo de una de las últimas grandes inundaciones, las cuales se producen en la región desde tiempos inmemoriales, y que por tanto NO son consecuencia de las represas.
Debería saber ese legislador opinante, que Argentina necesita cambiar su matriz energética, disminuyendo la dependencia del petróleo y el carbón. A eso apunta la necesidad de construir hidroeléctricas y nucleares, y precisamente el mayor potencial hidroeléctrico argentino, se encuentra atesorado en Misiones. ¡Transformar lo potencial en riqueza concreta, es un imperativo histórico!
El uso irresponsable de tan altas funciones de la democracia –como son las legislativas, simplemente deriva en la chantocracia. En mérito a los Altos Intereses Nacionales, el legislador tiene la oportunidad de rectificarse, lo cual evidenciaría grandeza de espíritu.


