A esos “cuellos de botella” –que operan como limitantes del crecimiento económico y por ende del desarrollo socio – económico- se llegó a lo largo de nuestra historia, básicamente por algunas pocas causas: a) ausencia o inconsistencias en la planificación (lo cual es una deficiencia crónica del liberalismo a ultranza); b) planificación en defecto (suponiendo un austero crecimiento de la demanda); c) falta de inversiones en tiempo y forma.
La crisis eléctrica exteriorizada en 2006, fue motivada básicamente por la primera de ellas, si bien operó la sumatoria de las tres causas, a su vez consecuencia de los desmanejos del cuarto de siglo neoliberal y sobre todo de los muy negativos años ’90.
Por otra parte, suele ser una constante que los gobiernos ultra conservadores en lo político y ultra liberales en lo económico, marginan o expulsan a funcionarios afines al Pensamiento Nacional; mientras que al asumir gobiernos de una u otra forma identificados con el Pensamiento Nacional, los liberales preexistentes en las estructuras técnicas sigan enquistados en las mismas, desde donde suelen realizar verdaderas tareas de zapa para entorpecer o distorsionar las medidas de gobierno.
Esa situación resulta evidente al menos en dos áreas que se vinculan con lo energético: la Secretaría de Energía de la Nación, y la Secretaria de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación.
En Medio Ambiente quedó la impronta “mariajuliesca”, de épocas del nefasto menemato, según la cual la ecología es la pseudo ciencia del entorpecimiento a todo, que en lo energético en particular pone interminables trabas y condicionamientos a todos los proyectos…excepto los vinculados con el petróleo y el gas, lo cual es acorde a los lineamientos de las grandes ONGs transnacionales, las cuales operan fuertemente vinculadas con –y financiadas por- las grandes transnacionales petrolíferas, preferentemente las anglosajonas (léase de Gran Bretaña y EEUU). En buen castizo, frenan las hidroeléctricas y las nucleares, favoreciendo con ello las instalaciones de urgencia de más usinas termoeléctricas, alimentadas con petróleo y gas, mientras que como engañifa insisten con las falsas “grandes soluciones” de las usinas eólicas, solares y demás “nuevas fuentes”. Así sucede con Chihuido I, con Potrero del Clavillo, con Corpus, con Garabí y Panambí, sucedió con Atucha II y un largo etcétera…nada inocente por cierto. Este es un tema ya tratado, que no obstante amerita más análisis, los que se harán en otros artículos.
En lo específicamente energético, se parte de una proyección patológicamente decreciente del Producto Bruto Interno, presuponiendo un violento freno al crecimiento ya en 2011 (lo que contrasta con la realidad), llegándose al año 2030 con una escuálida (anémica podríamos decir) proyección del 2,7 %, lo cual casi equivale a un estancamiento del PBI per cápita.
Para mayor precisión, las estimaciones incluyen variaciones decrecientes en forma quinquenal, tal como se detalla seguidamente.
Entre 2006 y 2010 6,1 % anual acumulativo
Entre 2011 y 2015 3,6 % a. a.
Entre 2016 y 2020 3,2 % a. a.
Entre 2021 y 2025 2,8 % a. a.
Entre 2026 y 2030 2,7 % a. a.
De hecho esas ajustadisimas previsiones de crecimiento –que no condicen con la realidad actual ni con las razonables y esperables proyecciones para el corto plazo, ni tampoco con las expectativas de desarrollo posibles y totalmente necesarias para el mediano y largo plazo-, son las utilizadas para evaluar el crecimiento de la demanda eléctrica.
En ese aspecto, se parte de otros errores conceptuales muy serios, todo lo cual llevará irremisiblemente, a proyecciones fuertemente en defecto, las cuales casi con seguridad provocarán correcciones a destiempo, las que en el Sector Energético son muy costosas, dado que las buenas inversiones tienen un tiempo de maduración que se mide como mínimo en una década.
Por una parte, es usual considerar que el crecimiento de la demanda eléctrica es casi simétrico al crecimiento del PBI. Algunos analistas “respaldan” esa afirmación, basándose en los datos disponibles del crecimiento de la generación eléctrica del SADI (Sistema Argentino De Interconexión). Pero el caso es que las estadísticas que se utilizan al efecto son las de CAMMESA (Compañía Argentina del Mercado Mayorista Eléctrico S. A.). Pero sucede que esas estadísticas son claramente incompletas, pues solo incluyen la energía que es vendida por intermedio de CAMMESA, la cual si bien es buena parte del mercado, excluye varias fuentes de generación, por caso en Misiones la producida por la Hidroeléctrica Urugua-Í y la importada desde Paraguay. En muchas provincias existen múltiples pequeñas usinas de distintos tipos, las que se inyectan en los sistemas eléctricos provinciales, sin intermediación de CAMMESA, es decir que quedan excluidas de las estadísticas.
Por otra parte, ante la crisis aflorada en 2006, acertadamente se trabajó en un vasto abanico de medidas, las que incluyeron el fomento de la autogeneración por parte de muchas industrias y grandes usuarios, entre otras medidas. Todo ello contribuyó a aplanar la curva de demanda, y tampoco se reflejó en las estadísticas.
Analizando las estadísticas históricas del mercado eléctrico argentino, es muy fácil constatar que las curvas de crecimiento de la generación eléctrica (que sigue al consumo) y la de potencia instalada, han crecido muy por encima de la evolución del PBI, llegando incluso a aumentar el consumo eléctrico en la llamada “década perdida” (la del 80), en la cual el PBI tuvo una fuerte disminución.
Avalando esa realidad, pero con una mirada mundial, el economista Lester Thurow afirma que en todo el mundo, la demanda eléctrica crece muy por encima de la tasa de crecimiento económico, y ese fenómeno es mucho más acentuado en las naciones en franco proceso de desarrollo, tal como sucede en Argentina.
Es de recordar que hasta 2003, los “gurúes energéticos de Argentina”, insistían en afirmar –de acuerdo al pensamiento “energéticamente correcto”- que no existían indicios de crisis energética en Argentina, mientras que desde fines de los ’90 quien escribe esto había alertado ante el claro escenario de crisis que se nos presentaba inexorablemente, y desde 2002 había definido que en 2006 se produciría una crisis del sistema eléctrico argentino, por déficit en los sistemas de generación (o sea, por falta de inversiones en nuevas usinas), tal como lamentablemente ocurrió en el año previsto.
Hoy esos mismos “gurúes energéticos” (varios de ellos críticos del caos que ellos mismos provocaron, como Lapeña, Montamat, Guadagni y otros), insisten en sostener como “correcta” la postura de un muy bajo crecimiento de la demanda eléctrica. Esos erróneos cantos de sirena, solo nos pueden llevar a un nuevo colapso energético. De los problemas exteriorizados en 2006 se está saliendo exitosamente, con muy fuertes inversiones. Y sin frenar el crecimiento del PBI. Pero…¿para que volver a jugar con fuego?
¡Necesitamos y podemos seguir desarrollándonos, y para eso debemos prever con holgura las necesidades energéticas, sobre bases reales, y no sobre meras entelequias, a las que son tan afectos los técnicos “eficientistas” del neoliberalismo; ni tampoco sobre las teorizaciones en el aire de muchos ortodoxos del marxismo y similares!


