Muchas alianzas estratégicas que unen –por tener intereses en común- a sectores aparentemente desvinculados e incluso apuestos entre si, responden a diversos intereses en común entre ellos, que por sus aparentes incompatibilidades totales, pasan a ser “alianzas estratégicas impresentables”, por estar en contra de toda ética, y por poner al descubierto sórdidos y muy oscuros intereses, muchas veces defendidos por esos factores de poder, sin escatimar derramar mucha sangre inocente. Y si se habla de oscuros intereses, surgen inmediatamente los de las grandes petroleras transnacionales, dentro de las cuales las de políticas más agresivas para con terceras naciones poseedoras de importantes yacimientos, o de ubicaciones estratégicas para tendidos de poliductos y emplazamientos de puertos y refinerías, han sido históricamente las megas empresas petrolíferas anglosajonas (de EEUU y Gran Bretaña). En su momento fueron llamadas “las Siete Hermanas”, en virtud del pacto de no agresión y de perdurables alianzas estratégicas, todo lo cual se tramitó y acordó en reuniones realizadas en una señorial y muy discreta mansión ubicada en la campiña británica, en la primera mitad del siglo XX, más concretamente en cercanías de la localidad de Achnacarry, Escocia, en 1928. El tenaz y patriótico luchador que fue Enrico Mattei, alma mater del ENI (Ente Nazionale de Idrocarburi), fue quien con un concepto cargado de ironías llamó al cartel petrolero “las Siete Hermanas”. Después de resistir las presiones de las petroleras anglosajonas, y de firmar beneficiosos acuerdos (para ambas partes en cada caso), con Irán y Rusia, para intercambiar petróleo por insumos industriales críticos producidos en Italia, en un muy sospechoso accidente aeronáutico, murió Mattei. Es conocido que muchas guerras y golpes de Estado, tuvieron la muy clara impronta de las “Siete Hermanas” y sus tentáculos de poder. Así ocurrió con el golpe de Estado de 1930 en Argentina, del cual uno de sus principales objetivos era desmantelar a YPF y volver a hacernos pagar a los argentinos precios internacionales por nuestro propio petróleo, mucho más barato para extraer que el importado, en esos años. La absurda y muy cruel Guerra del Chaco, enfrentó sin sentido a Paraguay y Bolivia, con el fogoneo de petroleras anglosajonas tras bambalinas. La destitución de Mossadegh en Irán, en 1953; diversos golpes de Estado en muchas naciones petroleras; la brutales intervenciones armadas en Iraq, en Afganistán, en Libia (mal enmascaradas como “luchas contra el terrorismo” y “por los derechos humanos”, y las serias amenazas actuales contra Irán; además de los fallidos golpes de Estado en Venezuela y Ecuador; han tenido todos las claras improntas de las petroleras anglosajonas transnacionales; con las activas intervenciones del Departamento de Estado (EEUU) y del Foreign Office (Gran Bretaña). Por supuesto que el listado no se agota allí, y la tozuda usurpación de Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur, tienen al saqueo petrolero como fuerte motivación. En el mismo conjunto de acciones cabe mencionar al “proceso” acaecido en Argentina en 1976, uno de cuyos objetivos era el endeudamiento irracional de los entes y empresas estatales, para posteriormente justificar y fogonear sus privatizaciones, tal como en forma alevosamente perjudicial para los intereses argentinos se consumó años después, en la nefasta década del ’90. Lo dicho precedentemente es bastante conocido, pero en cambio las alianzas estratégicas implícitas (o explícitas tras bambalinas, en sórdidos acuerdos), entre políticos y economistas liberales (partidarios a ultranza del eufemismo del “libre mercado”) y los sórdidos y oscuros intereses vinculados con “el reinado del petróleo” y sus negocios derivados, son usualmente desconocidos para el común de la gente. Durante “el régimen” mitrista –liberal en lo económico y ultra conservador en lo político- estaba aún vigente la supremacía del carbón como motor principal de la economía. Dependíamos de la hulla británica que condicionaba nuestro desarrollo, mientras se afirmaba como “verdad revelada” que en Argentina “no hay carbón ni hay petróleo” (siendo que ya se sabía de la existencia de ambos combustibles fósiles). Esa fue una excusa más que se sumó al dogmatismo liberal, para impedir y abortar de cuajo nuestra industrialización, de lo cual fue cómplice la “generación del ‘80” (de 1880), que operó como avanzada de la subordinación mental al europeísmo racista y antinacional de esos años. A partir de 1930, en cuanto golpe de Estado hubo, instigado por los ultra conservadores (al estilo de la Sociedad Rural), cargados de soberbia clasista y llenos de falsos “dogmas económicos” liberales, fueron patentes los amplios acuerdos (o directas subordinaciones) de los políticos y economistas liberales de Argentina, respecto a las petroleras anglosajonas, y al modelo de economía primarizada y artificialmente enanizada, sujeta a los sucesivos encorsetamientos de ajustes sin fin, siempre presentados como “la única alternativa” y “el necesario reordenamiento económico”. El caso más vergonzoso fue el del vicepresidente “Julito” Roca (hijo del General, este a su modo fue un patriota). “Julito” en cambio se declaró públicamente súbdito de “su graciosa majestad” en un acto protocolar en 1935…y actuó como cipayo asumido. Claramente los gobiernos que surgieron y sucedieron como continuación de los golpes de Estado de 1930, 1955, 1962 y 1976; enfatizaron la dependencia argentina respecto al petróleo, y pusieron todo tipo de trabas a las centrales eléctricas que podían sustituir eficientemente a las usinas movidas a petróleo y gas. El largo período de “democracia proscriptiva” (1955 – 1973) fue mayoritariamente continuador de esas políticas económicas y energéticas retrogradas. Lo mismo pasó con las continuaciones civiles del “proceso”, conformando el largo cuarto de siglo de enseñoramiento neoliberal (1976-2001), con la consecuente destrucción socio – económica, y las medidas energéticas antihidroeléctricas y antinucleares, con pocas excepciones. De esa forma fueron interminables las trabas y excusas, para impedir construir usinas hidroeléctricas y en la segunda mitad del siglo pasado, nucleares. Eso favoreció las instalaciones –muchas veces de apuro, sinónimo de muy caras- de usinas termoeléctricas, y todos los negocios con ellas vinculadas (provisión constante de repuestos, fletes de combustibles, honorarios de consultores y agentes varios, etc.). En Misiones padecimos las “tenazas de la termoelectricidad”, hasta que un gobernador tuvo el coraje cívico de comenzar la Central Hidroeléctrica de Urugua-Í. Desde la década del ’90, el ultraecologismo fue promocionado ampliamente desde la Secretaría de Medio Ambiente –gestión de “Marijú” Alsogaray y sus adláteres- para promover el subdesarrollo crónico, bajo la excusa de la “sustentabilidad”. El curioso concepto del “subdesarrollo ‘sustentable’ “ fue desde entonces incesantemente fogoneado por las transnacionales del ecologismo cavernario y fundamentalista, en particular por Greenpeace y WWF – Fund. Vida Silvestre, instituciones que fueron creadas por Gran Bretaña, que operan a su servicio, y que “casualmente” jamás atacan ni critican a…las grandes petroleras anglosajonas. Y no por casualidad atacan con acciones de terrorismo psicológico, a las centrales hidroeléctricas y nucleares (competidoras de las térmicas, que consumen petróleo y gas ¡oh casualidad!), y de paso atacan a todo proyecto de desarrollo socio económico. Quedan al descubierto las alianzas estratégicas entre ultra liberales, petroleras transnacionales anglosajonas, y entes transnacionales del ecologismo fundamentalista, estos últimos con la ayuda de los crédulos y adoctrinados locales, algunos de estos operando como mercenarios de la verdadera guerra psicológica que libran día a día, en contra de los Intereses Nacionales, para mantenernos sumidos en el subdesarrollo, bajo las excusas del ecologismo cavernario. C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZInvestigador de temas económicos y geopolíticosEx Investigador y Docente = Facultad de Ciencias Económicas = UNaMEspecialista en Gestión de la Producción y Ambiente – Fac. de Ing. = UNaMTesista de la Maestría en Gestión de la Energía = UNLa – CNEADocente de Economía – Esc. Normal 10 – Nivel TerciarioDocente de la Diplomatura en Geopolítica – Inst. Combate de Mbororé
Las impresentables alianzas estratégicas
Por Carlos Andrés Ortiz.


