Opinión

Escribe Pedro Godoy

Educación, el programa estudiantil

El movimiento estudiantil del 2006 -rebelión pingüina- hizo tambalear a La Moneda. No obstante, el proceso es manipulado -desde adentro- por los líderes comprometidos con la partidocracia.

Desde fuera Bachelet  inventa una comisión de un centenar de supuestos expertos. Se alcanza un armisticio que festejan con los brazos en alto representantes del Poder Ejecutivo y de la Oposición. Tal comisión -oh. parto de los montes- concluye estucando la LOCE y -al mejor estilo gatopardesco- presentándola como algo nuevo conocido como LEGE. Los estudiantes se desmovilizan quedándose con el «pase libre» y la PSU gratuita. Bachelet ahora expresa «me fue imposible modificar la estructura escolar por carecer de apoyo parlamentario». Pocos le creen.

 

Hoy  la ACES y la CONFECH se mantienen firmes. Es cierto, eso de la «calidad» permenece indefinida y el gremio magisterial se niega a  evaluarse. Sin embargo, restaurar la gratuidad y suprimir el lucro son postulados nobles. No obstante, el programa estudiantil tiende a expandirse a lo ancho incorporando demandas como derechos de los pueblos originarios,  renacionalización del cobre,  plebiscitos vinculantes y nueva Carta. Pareciera lo conveniente profundizar lo académico. Por ejemplo,  no se denuncia la multiplicación enfermiza de liceos humanistico-científicos que implica multitud de clientes de UU. Estas brotan como callampas con carreras sin empleabilidad. Tampoco se observa inquietud por la desvalida educación tecnológica.