Ya medio siglo atrás, con su campechana y genial lucidez, el filósofo popular que fue Arturo Jauretche, lo definía con meridiana claridad: “nos quieren ver tristes, para vernos derrotados”. Y remataba el razonamiento expresando que un pueblo derrotado es fácilmente manipulable, aceptando con sumisa resignación las peores afrentas y degradaciones, incluso morales.
De allí la enorme importancia del factor psicológico para la conformación de la grandeza nacional.
El conocimiento de la realidad juega en ello un papel crucial, por lo que la correcta divulgación del marco real de la situación, su concatenación histórica (para entender la evolución de los hechos que nos condujo a la actualidad), y las líneas de evolución previsibles –y sobre todo las deseables de acuerdo a los Intereses Nacionales-, son factores de suma importancia para configurar como parte de la idiosincrasia nacional. Un pueblo optimista, bien preparado, conciente de sus potencialidades y de sus limitaciones (estas últimas para ser superadas), será capaz de grandes realizaciones.
Por supuesto que se trata de sana autoestima, de ningún modo de esos falsos triunfalismos que pretendieron inculcarnos (por ejemplo en el nefasto “proceso”) ni de la denigración de otros pueblos, de otras culturas, de otras realidades socio – políticas; ni menos aún de inculcar odios internos, divisionismos prearmados bajo falaces pretextos “raciales”, religiosos, etc. (incluyo en esto al muy nefasto “racismo al revés” que es el ultraindigenismo, activamente fomentado y financiado por Gran Bretaña y otras potencias del G 7, como parte de la vieja estrategia del “divide y reinarás”).
Como parte de las acciones de la constante guerra psicológica que se libra todos los días –con diversos grados de sutileza, y a veces con brutal claridad-, algunos grupos de poder transnacional (con sus ramificaciones en Argentina), intentan instalar no solo sentimientos de derrotismo, de inferioridad, de negativismo, sino incluso el perverso “razonamiento” de la supuesta “necesidad” de oponerse frontal –e irracionalmente- al desarrollo socio – económico; nefasto pensamiento difundido por las transnacionales de la ecología fundamentalista.
Basan eso en la supuesta “necesidad” de preservar nuestros recursos naturales…para que estén a disposición de los países colonialistas (esta última parte por supuesto no la dicen quienes llevan de las narices a los incautos que se dejan encandilar con los “mensajes rosados e idílicos” difusamente divulgados –y seguramente bien pagados- por esas transnacionales del terrorismo ecolátrico y sus variantes).
En síntesis, la guerra psicológica trata nada menos que del dominio de las mentes, pues del pensamiento derivan las acciones, y de las acciones (o de las omisiones) surgen los hechos concretos.
En los terribles años ’90, cuando íbamos a marcha rápida rumbo a la disolución nacional (existen numerosos hechos aislados pero contundentes que prueban que ese era el objetivo último del establishment que regía las acciones en Argentina en el destructivamente corrosivo cuarto de siglo de imposición forzosa del neoliberalismo, entre 1976 y 2001), era constante el machacar acerca de la “pequeñez” e “insignificancia” de Argentina; de la supuesta “inferioridad” de los argentinos; además de los mensajes del tipo “no se puede”, “no se debe”, para sostener el nefasto “pensamiento único” neoliberal.
Para impedir o dificultar todo intento de reacción, ante la sumatoria de ataques –sucesivos, constantes e impiadosos- a los Intereses Nacionales; se inculcaban sistemáticamente en la población ideas de pasiva resignación, de degradación de la autoestima nacional, y de la supuesta “imposibilidad” de cambiar ese caótico y nefasto estado de cosas. Una de las piezas basales de esa campaña, es la supuesta “ley” según la cual “todo lo privado es siempre mejor que lo estatal”; dogma desmentido por la realidad, pero que se repitió para justificar los atroces latrocinios de las “privatizaciones” (extranjerizaciones a precios y en condiciones viles para Argentina).
Uno de los ejes puntuales de esa campaña (profusamente orquestado a través de diversos medios de comunicación, en los que el “liberalismo” -acorde a sus constantes dobles mensajes- estableció la cerrada tiranía del “pensamiento único”), era imponer la errónea y negativa idea que “Argentina es un país ‘chico’ “. ¡Toda una síntesis de la inculcación de sentimiento de inferioridad nacional! Tan fuerte fue esa campaña, que incluso mucha buena gente llegó a asumir como real semejante aberración.
Por su parte, los marxistas, cargados de su dogmatismo que pretende tener preescritos los acontecimientos futuros, al apostar al previo caos total, para luego poder –supuestamente- fundar el “paraíso comunista”, son usualmente dóciles a los destructivos dictados del establishment liberal, jugando de aliados tácticos de los intereses “capitalistas” que dicen aborrecer.
Tan solo al efecto de entender la realidad, y ser concientes de nuestras potencialidades y nuestros legítimos y muy lógicos derechos de asumir plenamente el rol pacíficamente preponderante al cual debemos aspirar los argentinos para Nuestra Patria; es importante conocer como estábamos (bajo la asfixiante ortodoxia económica liberal), donde nos ubicamos ahora (luego de varios años de heterodoxia económica), y cual debería ser nuestra realidad y nuestro rol, en el mediano y largo plazo (con proyecciones estimadas por lo menos a medio siglo vista).
El desarrollo socio económico y el objetivo de ser una potencia con relevancia mundial, deben pasar a ser Políticas de Estado, perdurables más allá de los gobiernos, tal como se hizo en Brasil, donde no se perdieron en falacias políticas de “izquierdas y derechas”, priorizándose el Interés Nacional, con la industrialización y el desarrollo tecnológico como pilares del desarrollo. Claro está que en Brasil los “fazendeiros” (hacendados), ni los poderes mediáticos “importantes” ultra conservadores, no tienen la relevancia ni la contumacia ultra conservadora y retrógrada, que en Argentina mantienen como constante la SRA y los sectores pro británicos (o confusos en ideas) y antinacionales, enquistados en la política, los medios de comunicación, las cátedras, las propias Fuerzas Armadas, en sectores “progres” fuera de foco (como los ultra ecologistas) y otros sitios influyentes.
En otros artículos se analizarán brevemente la evolución económica argentina, las causas y efectos de las políticas económicas aplicadas, la situación actual –con la comparación con el descalabro “noventista”-, y las proyecciones al futuro.


