Opinión

Por Pablo Tonelli, economista

La columna económica semanal

En el artículo de hoy, Pablo Tonelli escribe sobre la situación económica mundial y las incógnitas que plantea el nuevo escenario.

OTRA VUELTA DE TUERCA SOBRE LA GRAN RECESIÓN MUNDIALLa grave crisis internacional iniciada en 2007 cuando se pinchó la burbuja de las hipotecas sub-prime entró en un nuevo año.  La economía de los EEUU se encuentra en una fase de débil recuperación con mejores indicadores de producto y menor desempleo. La situación europea, en cambio, conlleva muchas más incógnitas. El PBI mundial que había crecido un 5,2% en 2010 disminuyó su ritmo de crecimiento a un 3,8 % anual en el 2011. En enero de este año el FMI ajustó a la baja sus previsiones de crecimiento mundial para 2012 llevándolas al 3,1 %. En ese análisis del FMI los EEUU repiten su performance de 2011 con un 1,8 % de crecimiento, pero la zona euro decrece en su conjunto un 0,50 %, con magros resultados de 0,3 % y 0,2% positivos respectivamente para Alemania y Francia y caídas de mayor importancia en la periferia mediterránea de Europa. El crecimiento del PIB mundial sigue sosteniéndose, como en el último lustro, en China, India y los países periféricos, entre ellos la Argentina.La crisis económica internacional por muchos llamada la Gran Recesión o La Primera Gran Depresión del siglo XXI no parece, por el momento, llegar a su fin. Los continuos paquetes financieros, el recurrente salvataje de los bancos, las inyecciones de liquidez han intentado justificarse a sí mismos como el remedio que finalmente reencausaría la economía capitalista en los países centrales, lo cual no ha ocurrido hasta el momento.Esta falta de respuestas acerca de cuando concluirá efectivamente la crisis económica se comprende mejor si observamos que tampoco existen respuestas aceptadas  sobre su origen,  duración, magnitud e intensidad. En primer lugar el pensamiento económico ortodoxo, (llamamos genéricamente así a las diferentes corrientes neoliberales y neoclásicas)  se ha convertido desde aproximadamente mediados de los años 70 del siglo XX en la voz oficial de una nueva disciplina, la Economía, economía a secas, (nada de economía política, lejos de las ciencias sociales) de supuesta “neutralidad”, que constituye el eje de lo que es actualmente comunicado en los medios, enseñado en las universidades de prestigio (con pocas excepciones), formalizado y estilizado en modelos matemáticos y predicado como verdad absoluta del pensamiento sobre los hechos económicos.El pensamiento neoliberal tiene implícita  una idea del capitalismo como un sistema que se regula a sí mismo a través del laissez-faire, o sea del funcionamiento irrestricto de los mercados guiados por “una mano invisible” como afirmaba Adam Smith y con Estados produciendo mercancías de acuerdo a la ley de las ventajas comparativas de David Ricardo.  Si pudiéramos imaginar que existe en el inconsciente económico de los neoclásicos,  diríamos que es la convicción de que los mercados no se equivocan y que siempre, librados a su propia dinámica encuentran el equilibrio. La irrupción de una crisis grave, que afecta los supuestos de un equilibrio de mercado de largo plazo, es tratada de una sola forma en la concepción neoclásica, como un hecho anormal, como una patología.La patología que provoca la ocurrencia de crisis se debe a factores externos al funcionamiento normal  de la reproducción capitalista. En el caso de la  crisis iniciada en 2007, estos serían el incremento de las reservas de China, India y otros países periféricos y el descenso de la tasa de interés ligado a crecientes desequilibrios en los intercambios internacionales. En términos de Ben Bernanke, titular de la Reserva Federal de EEUU este “exceso de ahorro” provocado por la  “anormal” acumulación de reservas en la periferia provocó una masa de liquidez que al ser colocada en el mercado inmobiliario americano provocó una burbuja que se multiplicó en los mercados financieros y de materias primas. Las culpas vienen de fuera del centro del sistema, con claridad, para esta concepción.La solución propuesta? Auxiliar a los bancos, afectados en su solvencia por tener activos incobrables y bajar la tasa de interés casi a cero con grandes inyecciones de liquidez esperando el restablecimiento del ciclo económico y el equilibrio de los mercados. En Europa también se optó por rescatar a los Bancos, aunque sin la inyección de liquidez americana. Porque no?  Porque el euro, moneda común de Europa es una divisa supranacional, que poseen países con costos y productividades muy diferentes, cuya paridad es altamente conveniente para Alemania y en menor medida para el núcleo duro que conforman Francia y Holanda pero que obligó a endeudarse al resto del continente en ausencia de una acumulación de capital propio adecuada. Esto, como ya se ha dicho muchas veces, guarda un fuerte simil con la convertibilidad argentina, es decir, endeudamiento externo para sostener procesos de crecimiento. Ese fue el derrotero de la periferia europea. Los activos tóxicos o de dudosa cobrabilidad de la banca en Europa no son ya de hipotecas y vehículos financieros altamente especulativos multiplicados hasta el infinito sino las deudas de Grecia, Italia, Portugal, España, Irlanda, por caso. La solución propuesta? Obviamente también auxiliar a los bancos pero sin grandes inyecciones de liquidez, como por ejemplo hubiera implicado rescatar centralmente la totalidad de la deuda en euros, lo que implicaba organizar un salvataje. Alemania, cómoda en su paridad cambiaria conduce un proceso de reducción brutal de la demanda interna de los países endeudados, bajando el gasto público, el empleo y el salario para “achicar” las economías al tamaño en que puedan funcionar con la paridad actual del euro. No existen experiencias internacionales en las cuales un ajuste deflacionario restaure el ciclo económico, la penuria agobiante de las sociedades de estos países no encuentra justificación satisfactoria, no sólo en lo social sino en lo estrictamente económico. De ahí las dudas que presenta Europa. La crisis ha reflotado las escuelas económicas heterodoxas que abrevan en la tradición de Keynes, Kaleki y Marx para los cuales la crisis es inherente al desarrollo del capitalismo. Sea que se piensa que el capitalismo es un sistema limitado por la propia lógica del capital o que llega a estancarse sin estímulos externos. No es el propósito de esta nota el análisis del pensamiento heterodoxo y sus variantes pero valga una reflexión de Paul Krugman en el sentido que casi todas las contribuciones de la investigación macroeconómica en las últimas décadas han sido en el mejor de los casos inútiles y en el peor, dañinas.Krugman se refería fundamentalmente a la ortodoxia, del coro polifónico de voces heterodoxas y de nuestro país nos ocuparemos en una próxima entrega.