Cuando el afectado es alguien público el interés se potencia y el paisaje modifica su textura. El caso de Baby Etchecopar es el ejemplo de repetitivas situaciones que indican la gravedad del crecimiento marginal, y nb caben comparaciones con otros países donde la violencia delictiva llega a niveles indescriptibles, como Colombia, México y Brasil. La única comparación válida es con la propia historia, con los niveles de marginalidad del pasado y su contraparte, el celo estatal por la seguridad pública. Tambien, en paralelo, cabe historiar causas y efectos, contra causas y contra efectos.
Hoy, la marginalidad delictiva tuvo “aportes” que se afianzaron con el paso del tiempo y los desaciertos estratégicos del estado. Se radicaron mafias colombianas, peruanas y chinas de la droga y la extorsión; mafias del proxenetismo propias y de otros orígenes, con códigos y contraculturas propias y penetración en estamentos creados para neutralizarlas, Mueven exorbitantes sumas de dinero, y sin embargo, obran como si pudieran gozar de sospechosa indemnidad,
El empujón de la economía erosionó a sectores necesitados donde el contagio hacia el delito se convirtió en trasvasamiento de la exclusión a la marginalidad. Inevitablemente, con secuelas de resentimiento, odio, hostilidad respecto a la “sociedad normal”, pudiente o no, que funciona dentro de los márgenes legales.
Cuando se hace referencia a la penetración, es vox populi y hubo comprobaciones sobre la existencia de policías asaltantes y “protectores” de dilers de la droga y de proxenetas, de penitenciarios que facilitan el tráfico de estupefacientes dentro de las cárceles y “salidas” de delincuentes para robar, barrabravismo contratado para romper protestas gremiales y otros “negocios” son santidad alguna.
Prescindiendo de especulaciones que podrían resultar inagotables, los defectos estructurales de la represión del delito están expuestas. Poeque si hay servidores asesinados, también hay otros corruptos que ayudan a asesinarlos directa o indirectamente por su connivencia con el delito.
Respecto a la falsa dicotomía entre “galantismo” y “mano dura” en los estrados judiciales, los criterios, en referencia a sentencias, liberaciones, informes de “buena conducta” y otros item del Derecho Penal, es posible que con alarmante frecuencia se confunda el objeto del “bien protegido” entre víctimas y victimarios, bajo la sombrilla del sentido de “rehabilitación” tan caro al diccionario jurídico argentino. Aparte, es de considerar en todo el ámbito el relajamiento en materia deontológica distorsionando el deber de hacer justicia a cambio de interpretaciones sin rigor conceptual y técnico, aunque es frecuente que la técnica muchas veces se dé de patadas con la racionalidad.
La seguridad no es un cabo suelto del quehacer del Eattado porque está relacionado co todas las acciones sociales de recuperación de gruposos o sujetos que se lleven a cabo. No solo es estar feliz por los avances sino estar preocupado por los retrocesos, que a veces vienen con ritmo mayor. La “rehabilitación” como idea fuerza pasa a ser un abstracto frente a asesinatos, violencia, violaciones, robos, drogadicción si no se juzga con base científica, separando lo rehabilitable de lo que no lo es, y no solo en los sectores bajos, sino en todos, los altos inclusive.
La exigencia de la época es reconvertir sistemas tapando agujeros negros en materia migratoria –sin xenofobias ni discriminaciones-, jurídica, represiva, preservativa y otras que hacen al flagelo marginal, ya que los avances tecnológicos, que los hubo muchos e importantes, no alcanzan.
Existen preceptos absurdos que deprimen la actuación policial preventiva, que ponen gratuitamente al servidor en situación de riesgo de muerte y que se hicieron como extremo para neutralizar el llamado “gatillo facil”, cuando lo imprescindible es profundizar la depuración de las fuerzas de seguridad para dar cabida a gentes aptas, formadas, apabiles para garantes incorruptibles y sensatos de la seguridad pública.
El “garantismo” y la “mano dura” son dañosos cuando no prevalece una estrategia de defensa a una invasión que se parece a la de un ejército de ocupación. Siguiendo la premisa de que la mejor defensa es un puen ataque, el pensamiento público aguarda la postergada y fuerte ofensiva del Estado, la “blitzkrieg” institucional que avance con premura hacia el acorralamiento y la destrucción del delito “sindicalizado” que enturbia la Nación y hace del temor una habitualidad. No se trata de número de funcionarios judiciales y policiales, sino de calidad y rigor metodológico, El bien protegido debe ser el Pueblo y el bien rehabilitable el delincuente, pero cuando se puede y cuando se debe.
Y la mayor contribución es que el hambre y la pobreza desaparezcan por completo.



