Opinión

Por Carlos Andrés Ortiz

El Banco Central y la soberanía monetaria

La comprensión de lo esencial del tan ajetreado tema del manejo del Banco Central, es en esencia una cuestión sumamente sencilla, como también lo es lo referente al pago de deuda externa con parte de las reservas.

 

Se trata básicamente una cuestión de sentido común, el que suele ser paradójicamente el menos común de los sentidos.

 

Lo referente al pago de la deuda con reservas, más allá de tecnicismos que solo aportan confusiones, es muy simple. ¿Qué haría Don Pepe o Doña Rosa, al vencimiento de una deuda contraída tiempo atrás; usar parte de los pesitos guardados en el colchón o en la lata de la alacena (o mejor aún en un plazo fijo bancario), o tomar un nuevo crédito –con todos sus gastos vinculados-, y que no solo mantendría sino incrementaría su endeudamiento?

 

¿O es que acaso los ahorros del plazo fijo o de los pesitos en el colchón son “sagrados” y no se pueden tocar, ni siquiera para usarlos bien?

 

¡Claro está que Doña Rosa o Don Pepe pueden llegar a estar confundidos, si algún “inocente” pariente político comienza a susurrarle al oído la “conveniencia” de tomar un nuevo crédito…siendo que casualmente ese pariente político trabajara de comisionista para el Banco prestamista!

 

Es bien sabido que la deuda externa es usada como método de extorsión política para anular la soberanía de los Estados sobre endeudados. ¡Con solo ver hoy a Grecia convertida en un protectorado bajo la tutela de la Banca transnacional, se prueba eso! Y tal vez los desmemoriados hayan olvidado las brutales presiones sobre cada uno de los Estados Latinoamericanos, acosados por las “recetas” venenosamente recesivas del FMI, bendecidas previamente por el Consenso de Washington; y sus desastrosas consecuencias socio – económicas.

 

Con relación a la pretendida “independencia” del Banco Central, en los hechos eso significa dependencia lisa y llana del órgano rector de toda la actividad financiera, que en el marco de esa pretendida y falsa “independencia” en rigor pasa a ser una marioneta de la Banca transnacional. Es de recordar que cuando se aferraba a su cargo como si fuese el virrey financiero, Hernán Martín Pérez Redrado, alegó “los apoyos” recibidos por parte de otros presidentes de Bancos Centrales. ¿Qué tenían que opinar los extranjeros en una cuestión interna de Argentina? ¿Qué muestra más clara del pretendido coloniaje financiero?

 

Una breve síntesis histórica del Banco Central de la República Argentina, muestra el tema con meridiana claridad.

 

En plena “década infame” del voto fraudulento y de la sumisión explícita a Gran Bretaña, siendo presidente Agustín P. Justo, su vicepresidente, “Julito” Roca (hijo del General dos veces presidente), firmó en Londres el Pacto Roca – Runciman, el mismo que fuera llamado por Jauretche “el estatuto legal del coloniaje”. A la firma de dicho pacto, “Julito” pronunció un encendido discurso, en el cual se mostró orgulloso…de que Argentina fuese (por esos aciagos años) “la diadema más preciosa de la corona de su majestad”. ¡Peor forma de explícita renuncia a la dignidad nacional imposible!

 

Una de las consecuencias de dicho pacto, fue la creación del Banco Central de la República Argentina, cuyos estatutos fueron íntegramente redactados en Londres, y traídos a Argentina por sir Otto Niemeyer, quien era Director del Banco Central de Inglaterra. Esos estatutos fueron aprobados por el Congreso Argentino de entonces, a libro cerrado…es decir muy “obediente” al “pensamiento políticamente correcto” dictado desde Londres.

 

Por algo se le atribuye al banquero británico Mayer Rothschild la frase: “dadme el control de la moneda de un país, y no me importará quien haga las leyes”.

 

Aquel Banco Central original era “independiente” del Estado Argentino, y totalmente subordinado a la Banca británica. Solo debía velar “por mantener el valor de la moneda”, desentendiéndose por completo del desarrollo socio económico nacional, y ni siquiera mencionándose una vez el concepto de “industria” ni el de “desarrollo tecnológico”. ¡Todo muy acorde al país – granja pergeñado por la oligarquía vacuna, gobernante en esos años, dócil a los mandatos británicos y soberbios para los argentinos “comunes” (los no integrados a esa cerrada oligarquía), supuestas familias “patricias” detentadoras de grandes latifundios en la Pampa Húmeda, y otras prolongaciones del poder en algunos puntos focales del interior!

 

En 1947, en el marco de la nacionalización del sistema bancario, el Banco Central fue subordinado al Poder Ejecutivo, como herramienta de la economía nacional.

 

Con la autodenominada “revolución libertadora”, entre 1956 y 1957, se volvió a modificar el sistema bancario argentino, reinstaurándose la “independencia” del BCRA. No puede sorprender, dado que el golpe de 1955 fue instigado, financiado, prohijado y armado por Gran Bretaña, y festejado por el mismísimo Winston Churchill. Por estas tierras, sus marionetas de civil y de uniforme, se llenaban las bocas hablando de “libertad” mientras coartaban todas las voces opositoras a punta de fusil. La oligarquía vacuna, sus socios y voceros, muy a gusto.

 

Con los sucesivos cambios políticos, y en función de la orientación político – económica de cada gobierno, el Banco Central fue objeto de cambios en sus estatutos y su correspondiente accionar. Desde “el proceso”, con la dupla Videla – Martínez de Hoz, se impuso la perversa doctrina económica neoliberal, acentuándose la “prescindencia” del BCRA, el cual se desentendió de todo lo atinente al desarrollo nacional. ¡Claro está que el objetivo expreso del “proceso” y sus continuadores hasta 2001, fue la involución al país – granja, atrasado y primarizado en su economía, excluyente en lo social y económico, irrelevante en lo geopolítico, por lo que por lógica, resultaba innecesario que el BCRA hiciera otra cosa que la neutra función de “defensa del valor de la moneda”…lo cual evidentemente tampoco hizo, dadas las hiperinflaciones soportadas en aquellos “liberales” años.

 

Más allá del tiempo transcurrido para concretar tan trascendente medida, es importante que estatutariamente el Banco Central vuelva a ser una herramienta al servicio del desarrollo, subordinado a las políticas económicas nacionales, en lugar de operar como avanzada intocable, un verdadero Caballo de Troya, puesto por y manejado en función de los intereses de la Banca transnacional.

 

Por supuesto que el manejo de los tiempos, para concretar medidas económicas que implican cambios significativos, tiene que ver con múltiples factores políticos, muy difíciles de evaluar desde la única perspectiva económica.

 

El correcto desempeño de las ampliadas funciones del BCRA, que en rigor son una ratificación de lo ya desarrollado desde que asumió Mercedes Marcó del Pont, se podrá corroborar o no, en función de los resultados concretos de la política económica de ahora en más.