Opinión

Reflexiones acerca de los neocolonizadores

Por Carlos Ortíz. Investigador de temas económicos y geopolíticos

Estos son los españoles privatizadores. Los mismos a los que adoran los liberales de “este lado del charco”. Socios o cómplices de otros “privatizadores” anglosajones. Y pensar que unos cuantos “bienpensantes” aún se oponen, con motivos pueriles o terriblemente rebuscados, a la reestatización de YPF, aún claman por las “privadas” y depravadas AFJP, y se “escandalizan” porque el Banco Central dejó de ser manejado por la Banca extranjera solo para sus maniobras especulativas, en lugar de estar al servicio del desarrollo nacional. Por supuesto, no faltan los “bienpensantes” que se “escandalizan” porque Argentina no “hace buena letra”, obedeciendo al sector financiero transnacional, y en base a esa “obediencia debida” a los poderes financieros foráneos, adoptar políticas económicas recesivas y a la vez volviendo a endeudarse en el exterior en forma irracional. En cambio ponen el grito en el cielo, esos mismos “bienpensantes” si el Tesoro Nacional implementa financiaciones a programas de desarrollo genuino (venta de camiones de industria argentina a tasas subsidiadas; financiaciones para que se construyan en Argentina nuevos modelos de automotores; facilidades para aumentar las producciones de maquinaria rural, incluyendo tractores que se habían dejado de fabricar bajo la “eficiencia” liberal; comienzo, prosecución o terminación -según el caso- de obras públicas, incluyendo varias emblemáticas, como Yacyretá, Atucha 2, el proyecto del reactor nuclear argentino CArEM, las dos grandes hidroeléctricas en el río Santa Cruz, las extensiones de las Redes de Alta Tensión, el GasNEA, etc.). Los “bienpensantes” preferirían que en vez de decidir acá esas obras y medidas de desarrollo, se volviera a “pedir permiso” al FMI, al BM y a la Banca privada transnacional. Ojalá esa siempre quejosa clase media, y aún la clase alta simplemente confundida pero con algo de sentido de lo nacional, se termine de percatar que la cosa básica pasa por ser heterodoxos en economía, priorizando el desarrollo nacional sin importar “las obediencias” a las falsas “leyes del mercado”; o alternativamente volver a los esquemas ortodoxos, de aquella medicina amarga y letal que nos suministraron por la fuerza en el nefasto cuarto de siglo neoliberal, entre 1976 a 2001, de Martínez de Hoz a Cavallo y López Murphy. Lo precedente no significa que todo sea un lecho de rosas, incluso que no se tengan grandes discrepancias o se considere que varios temas deben ser corregidos o cambiados profundamente. Como ejemplo, que en algunos ámbitos se tienda a victimizar a delincuentes, o a querer imponer el aborto, o determinados ataques sistemáticos de algunos “intelectuales” en contra específicamente de la Iglesia Católica, “casualmente” la mayoritaria y de mayor tradición histórica en Argentina, o que un marxista distorsionador como algún filósofo esté casi más allá de las críticas muy fundamentadas que se le pueden señalar (hasta intentó cambiar la bandera). Pero en todo proceso, es la suma algebraica del total la que cuenta, así como entender de que pelaje real son las alternativas, las cuales hoy por hoy son abierta o embozadamente “noventistas” neoliberales. Políticas de Estado Nacionales (y por ende heterodoxas, con fuertes rasgos keynesianos, con raíces en el viejo pero vigente pensamiento de F. List), en lugar de la conocida y muy nociva ortodoxia económica, cargada de “frases lindas” del siempre apartida liberalismo económico, curiosamente (o no tanto) apoyado por “izquierdas” oportunistas y apátridas, como tantas veces ocurrió. No es cuestión de “derechas” o “izquierdas” (simples clichés europeístas), la clave pasa por el Pensamiento Nacional, en lugar del cipayismo apátrida, extranjerizante y neocolonizante. Esos constantes ataques a los Intereses Nacionales son una hidra de mil cabezas. Están los “técnicos asépticos” y los “intelectuales independientes” con “comunicadores sociales exitosos” (muchas veces simples mercenarios, cuando no cipayos asumidos) que esconden malamente sus sumisiones a intereses antiargentinos; o los “ultra izquierdistas” violentos y perseguidores de falsas utopías que en verdad son funcionales a las mismas corporaciones financieras a las que dicen odiar; están los “académicos neutros” que con tal de defender sus egoístas privilegios de sus torres de marfil se abstraen de la realidad; también esas tantas ONGs “ecologistas”, “indigenistas”, “derecho humanistas”, etc., no por casualidad financiadas (las principales) o fogoneadas o con “la letra” dictada por y para los intereses de las potencias anglosajonas y del G 7. Queda en claro que el Pensamiento Nacional tiene esa fuerte connotación jauretcheana, herencia a su vez de José Luis Torres y otros grandes argentinos; abarcativos e integradores de todo el Ser Nacional, sin sectarismo, racismos y segregaciones de ningún tipo.   C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ Investigador de temas económicos y geopolíticos