Opinión

Por Ronald Janssen. Traducción de Ana Vallorani

Cuando los neoliberales se sacaron la máscara

Hay momentos en que las cosas se vuelven muy claras. Uno de ellos llegó la semana pasada cuando el Presidente de la Comisión Europea presentó la declaración para el Día de Schuman,(Día de Europa). Esta declaración contiene comentarios esclarecedores, que revela el pensamiento real dentro de la Comisión.

 

En primer lugar, está el significado exacto de la estrategia de consolidación fiscal de la Comisión. Formalmente, la Comisión aboga por el saneamiento fiscal continuo de los estados miembros en dificultades, mientras que a aquellos con finanzas públicas saneadas se les permite dejar que los estabilizadores automáticos funcionen. De esta manera, hay un atisbo de esperanza de que el aumento de los déficits en una parte de Europa amortiguen los efectos de la austeridad en la otra parte. Sin embargo, esta esperanza es inmediatamente aplastada por la declaración de Día de Europa cuando se dice explícitamente que para «la mayoría de los estados miembros, la corrección de los déficit excesivos sigue siendo la prioridad». En otras palabras, la Comisión hace un llamado a la mayoría de los Estados miembros a seguir colaborando en la reducción de los déficits y esto en medio de una recesión. El resultado es predecible: demasiada austeridad y muy poco acuerdo en la política fiscal producen una profunda y larga recesión.

 

‘Reformas estructurales’, como todos las conocemos, son el segundo pilar de la Comisión para acelerar el crecimiento. En este caso, la declaración del Día de Europa condena `la regulación de los precios en los sectores de la electricidad y del gas, añadiendo los costos a los usuarios finales´. Esto pasa por alto la experiencia de los estados miembros como el Reino Unido, Bélgica y España, donde la liberalización y la desregulación de los sectores de servicios públicos como el de la energía llevó a desmantelar los llamados monopolios estatales y a la instalación de los privados en su lugar. Al no tener los reguladores públicos ningún control sobre los precios que se cobran, los salarios y los ingresos de los hogares eran, y siguen siendo, presionados por los altos precios energéticos, mientras que estas empresas de energía privatizadas obtuvieron ganancias colosales. En lugar de aprender de estas lecciones, la Comisión y/o su presidente parecen seguir creyendo que los mercados sin restricciones ofrecen grandes ventajas, aunque en realidad se trata de mercados monopólicos en esencia.

 

«Flexiguridad» es otro ejemplo: desde hace años la Comisión ha estado presionando por la «flexiguridad», presentándola como un ‘quid pro quo’. Los trabajadores tienen que renunciar a la seguridad en el empleo, pero a cambio recibirían una mayor seguridad en forma de las prestaciones por desempleo. La declaración de Día de Europa sin embargo, es brutalmente clara en esto. Simplemente se refiere a la ‘flexibilidad estimulante’ en el mercado de trabajo sin siquiera hacer la habitual referencia simbólica a la seguridad de ‘empleo’. El traje del emperador es así revelado: la agenda real es simplemente promover la flexibilidad del mercado laboral como tal.

 

Para aquellos que piensan que el eterno anclaje de la austeridad fiscal en un nuevo Tratado Europeo (el «Pacto Fiscal») y en las constituciones nacionales es el precio a pagar para obtener la soberanía de la deuda de la crisis bajo control mediante la emisión conjunta de la deuda europea, la declaración del Día de Europa proporciona una nueva experiencia aleccionadora. Afirma que «una vez que el nivel suficiente de consolidación fiscal se haya logrado y el riesgo de la deuda soberana haya sido evitado, la UE debería considerar seriamente la posibilidad de algún tipo de emisión conjunta de deuda de la zona euro». Esto demuestra que la Comisión realmente no apoya ni cree en un eurobono, al menos no en este momento, cuando Europa más lo necesita. Se busca aplazar cualquier consideración seria sobre los eurobonos hasta mucho más tarde, cuando la crisis de la deuda soberana esté en realidad finalizada. Por supuesto, en ese momento (y se está empezando a ver cada vez mas probable el caso de que este momento nunca llegue), la crisis habría terminado y entonces la Comisión, o los demás, sin duda argumentarían que una emisión conjunta de deuda no sería necesaria después de todo. En el pensamiento real de la Comisión no existe un «quid pro quo»: los estados miembros sólo tienen que atar el destino de sus políticas fiscales a las normas disciplinarias del Pacto Fiscal sin obtener a cambio una perspectiva de corto plazo sobre la emisión de la deuda europea, una perspectiva que muchos de los estados miembros necesitan con urgencia para evitar los ataques de los mercados financieros que se están intensificando en estos momentos.

 

Por último, y quizás lo más preocupante, es el mensaje que está implícito en el comunicado de prensa que acompaña a la declaración del Día de Europa en el que el Presidente de la Comisión reacciona con claridad a las esperanzas de muchas personas y trabajadores de toda Europa que han sido provocadas por los resultados de las recientes elecciones en Francia y Grecia. En lugar de tomar este voto democrático contra la austeridad en serio, el Presidente Barroso comienza agitando el dedo de advertencia diciendo que «después de las medidas de estabilidad, después de las reformas estructurales, es necesario aumentar la inversión». En otras palabras, no esperamos un marcado aumento en la iniciativa de las inversiones a menos que el modelo ortodoxo de la política liberal, la desregulación social y el retroceso del papel del Estado se sigan implementando.

 

Con la conducción de la Comisión de austeridad (apoyada por bastantes estados miembros) empujando a la economía nuevamente hacia la recesión, se podría al menos haber esperado un poco de modestia de su Presidente. Una vana esperanza es lo que parece.

 

Fuente: Social Europe Journal